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lunes, 6 de abril de 2026

ALTAS CAPACIDADES

 


Todo se fastidió cuando los hijos pasaron a ser "proyectos de vida". Una genialidad tuitera que pasó injustamente desapercibida. Siguiendo el argot, la nueva y más accesible película de Víctor García León, coguionista junto a Borja Cobeaga, reabre varios melones y quiere hacer pupa en asuntos trascendentalmente contemporáneos como las nuevas paternidades y la lucha interior casi unamuniana entre el ansia de ascenso social y los valores supuestamente progresistas de buena parte de la población de bien. 

El título mismo, en combinación con el tono de la historia, es de fácil inserción en los descarnados debates pedagógicos e identitarios que se libran en las redes y en los grupos de WhatsApp de madres. O pamadres. Sin embargo, el objeto de las chanzas no es tanto el mantra de mi hijo es especial/todos somos especiales, sino el que un autodiagnóstico de esos tan comunes y tan balsámicos sirve de catalizador para el medrar de los progenitores. 

Los creadores han contado que todo parte de un luctuoso hecho real acaecido en uno de los colegios privados más exclusivos de Pozuelo de Alarcón, una de las tres poblaciones con mayor renta per cápita de España, y la localidad con menor presencia de la educación pública de todo el país, dentro de la comunidad autónoma que mejor practica la segregación educativa. El asesinato de un narcotraficante a la entrada del colegio de su hijo sirve como punto de partida a la peripecia de Alicia y Gonzalo,  una anodina pareja interpretada impecablemente por Marian Álvarez e Israel Elejalde. Su único hijo es gamberrete y exhibicionista. Carece de las hipotéticas características que debería tener un niño así. ¿Seguro? Los espectadores de la EGB alucinarían leyendo sobre las variadas casuísticas que gozan ahora de tan excelsa etiqueta. 

Ella, trabajadora en una revista de moda. Él, trabajador de banca. Epítome perfecta del obrero wannabe que se autopercibe de socioizquierda pero que se avergüenza en secreto de su sitio en esta sociedad neoestamental que se nos está quedando. El caramelo se lo acerca el jefe de Gonzalo, ese sí banquero. Un excelente Juan Diego Botto, últimamente ubicuo en cine, teatro y televisión, como encantador macho alfa hiperconsciente de la importancia de repartir migajas.  Sirviendo a sus propios intereses de conservación de grupo, les entreabre literal y figuradamente la puerta a una vida nueva. Su rictus de conmiseración es idéntico al de la glacial directora del Pyros, una Pilar Castro que humilla con la mirada. 

A partir de este momento, el tono cómico deviene en amargo y observamos la gincana en la que se embarcan Alicia y Gonzalo, que alternan su entusiasmo por el cambio y se van dejando la dignidad y el sistema ideológico por el camino. 

El retrato del ecosistema en el que intentan chapotear, no por previsible es menos certero. El poder sobreestimado del lenguaje ("no nos gusta la palabra superdotado", "mi marido es banquero"), los códigos de vestimenta (a más poder más informalidad), el desprecio disfrazado de educación exquisita, las fachadas familiares, el supremacismo de clase, todo tiene una secuencia.

La sátira, si está bien hecha, duele. Al igual que las comedias costumbristas que han pululado por los teatros españoles durante un siglo y medio, la comicidad reside en un juego de espejos. El espectador se enfrenta con sus propias contradicciones y observa cómo de caricaturizable es su modo de vida. Las ansias aspiracionales de una población asaeteada por las dificultades ordinarias y extraordinarias no van a desaparecer. El mismo guionista reconoce que lleva a sus hijos a un colegio de esos, laico, eso sí. 

En todo caso, siempre proponemos una sesión doble con Torrente, presidente para transitar por los variados vericuetos de la comedia y recuperar la sensación de superioridad moral. Y le ha gustado a Carlos Boyero.

 

Título: Altas capacidades

Año: 2026

País: España

Dirección: Víctor García León

Guion: Víctor García León y Borja Cobeaga

Música: Camila Suárez

Fotografía: Eva Díaz

Reparto: Marián Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Bea Segura.

domingo, 22 de marzo de 2026

SE ACABÓ EL RECREO (para todo el mundo, además)

 




La novela de campus en sus variantes seria y satírica en un género transversal en la narrativa contemporánea. Stoner, El guardián entre el centeno, Todas las almas, Indignación, El secreto, La trama nupcial, Nunca me abandones, Queridos miembros de la junta, son títulos imprescindibles para todos los que han tenido contacto más o menos coyuntural con las generalmente frías aulas universitarias. En el audiovisual, la reciente Caza de Brujas, y la recién estrenada Vladimir, siguen la estela. En los peores tiempos posibles para que los componentes de la academia compartan sus cuitas, esperamos hincarle el diente a La chica más lista que conozco, tercera novela de Sara Barquinero, que opta por la gravedad en un retrato oscuro de las desiguales relaciones que se establecen en tan endogámico macrocosmos. 

En esta ocasión, Darío Ferrari nos sumerge en una telenovelesca panorámica de los tejemanejes cotidianos de la antiquísima Universidad de Pisa, tan querida en el recuerdo de tantos estudiantes Erasmus. Pero no sería merecedora del titulo de fenómeno editorial si en eso se hubiera quedado. Dos son los principales alicientes de esta historia. Muchos son los alicientes de esta historia, construida a base de capas de complejidad humana y aderezada con un ritmo agilísimo y un insuperable sardonismo. Mérito en parte de la extraordinaria traducción de Carlos Gumpert, al que el autor regala un cameo en las páginas finales, en un curioso ejercicio metanovelesco. 

En primer lugar, conocemos a Marcello, un estudiante digamos talludito que se lanza al doctorado como medio de seguir trampeando a la vida. Los conocedores o sufridores del proceso en esta nuestra querida patria se sorprenderán o carcajearán, pero es que en Italia, todos los doctorandos cobran un salario. El camino de Marcello desde que toma la decisión hasta que consigue unirse a la tropa de promesas de la filología italiana está lleno de eventos de esos que llevan a la estupefacción desde fuera y a la destrucción de la salud mental si uno está dentro.

En segundo lugar, el retrato del entorno de Marcello, fruto de la universalmente conocida familia italiana. La novela de campus rota aquí hacia la novela de formación de un grupo de amigos de la generación de los dos mil, que ejemplifican a la perfección aquello de que a mi edad, mis padres tenían casa, trabajo indefinido, coche y dos criaturas. 

El tercer nivel es el más interesante. El director de tesis de Marcello (todo doctorando sabe perfectamente todo lo que conlleva ese título cuasi nobiliario), le propone/impone la investigación sobre un hermético autor de los setenta, encarcelado por terrorismo y autor de una única obra desaparecida, La estantigua. El paralelismo de ambas trayectorias vitales es evidente. La tercera parte de la novela, llamada como la obra objeto de la tesis, que Marcello va a buscar a los altos fondos bibliográficos de París, deja casi de lado la sorna y aborda temas de gran calado en cuanto a sistemas ideológicos individuales y su proyección en la Historia nacional. Pero no hay peligro de trascendencia excesiva. Los vaivenes amorosos y desventuras parisinas varias de Marcello rebajan la progresiva seriedad de los acontecimientos que propician el nacimiento, desarrollo y caída de la figura de Tito Sella. 

La desesperación existencial de Marcello es gemela de la de Tito, pero cada cual es hijo de su tiempo, y el nuestro no es el de las revoluciones juveniles. 

Se acabó el recreo (La ricreazione è finita),  de Darío Ferrari y Carlos Gumpert(traducción). 2025. Ediciones del Asteroide, n.337. 400págs.

domingo, 1 de marzo de 2026

PREMIOS GOYA 26. Sí pero.

  El cuadragésimo cumpleaños de los primeros premios del cine español dejaron la mayor cuota de pantalla desde el 2020 a pesar de todas las ausencias, de los minutos rellenos de conversaciones improvisadas, conatos de encuentros que pudieron haber sido chispeantes, y encuentros que no soltaron chispa alguna. 

- Ausencia de Sergi López. Hubiera recibido más indicaciones para deambular por la alfombra roja que con la dirección de actores en el desierto de Los Monegros.

- Ausencia de líneas potentes de guion. Muchos añoramos esos más o menos cáusticos monólogos introductorios, y en las redes otros se preguntaron por la vuelta de los presentadores cómicos.  En los últimos años se ha optado por la sutileza y el trampantojo entre los guionizado y lo improvisado, y el espectador medio, como un adolescente, necesita líneas claras para no perderse. El mejor chiste "empezamos en febrero y ya estamos en marzo"fue fruto del momento. 

-Ausencia de química entre la pareja presentadora. Debían de ser los únicos que no se conocían de antes de todos los que pisaron el escenario. Nadie esperaba que fueran los Robbie/Elordi del Fórum, pero al menos una complicidad mayor a la que se tiene con un señor o señora cualquiera con la que se va a coincidir en el mismo espacio durante tres horas y media. Luis dirige sus chanzas a Rigoberta, y Enric, sorprendido fuera de su butaca, le recuerda a Paula las fiestas en su piso compartido. 

- Ausencia de imágenes o declaraciones de Jafar Panahi, nominado por Un simple accidente, al que imaginamos esquivando cámaras mientras asumía que la geopolítica le había fastidiado su plácido paso por España.

- Ausencia de encuentro público o privado de Susan Sarandon con María Luisa Solá, su actriz de doblaje en castellano. Las invitaciones y menciones en este tipo de eventos no son nada casuales (ver la entrega al mejor actor de reparto), y la cara de la homenajeada actriz al enterarse de la presencia de María Luisa evidenció  alguna idea de guion que se quedó por el camino. Con el que sí le hubiera gustado quedar, sin duda, es con el presidente del Gobierno. Animamos desde aquí a nuestro maltrecho dirigente a hacerse un póster con las palabras que le dedicó Sarandon al inicio. 


- Ausencia de algún gag que obligara a compartir oxígeno a Oliver y a Albert, interesantísimos creadores de sus obras y de sus personajes que han sacado, por este año, al cines español del marasmo del cuánto nos queremos todos aquí. Nos queda ya poco para disfrutar de las reflexiones de Óliver, el 15 de marzo tendría que terminar su periplo por nuestras vidas, y Albert se merece, aunque no quiere, rellenar algo ese vacío. Las declaraciones de ambos dos son un soplo de vida. Oliver afirmó ayer que nunca había visto una gala de los Goya, aun habiendo asistido a la del año de O que arde. Albert escudándose en sus gafas de sol Oackley "normalitas" y arrebatando el premio al mejor documental a la muy contemporáneamente normativa Alba Flores. Qué pareja cómica hemos perdido, qué conversaciones entre el raciocinio y la espiritualidad moderadas por Karla Sofía Gascón. 

- Ausencia de coherencia y cohesión. La coherencia es esencial para la comprensión de un texto, como bien saben los estudiantes de segundo de bachillerato. La selección de fragmentos del pasado, justificada por la fecha redonda, no tenía hilo conductor alguno más allá del propio ejercicio de nostalgia. El momento más criticado, el de la escandalosa desigualdad de trato en los premios a actor y a actriz de reparto, era otra buena idea que tenía que haberse quedado fuera. Los cinco buenísimos actores catalanes el premio a Álvaro Cervantes, uno de los suyos. No solo colega, sino amigo, compañero de penurias actorales. Sonaba espectacular. Pero con la principal favorita al premio equivalente no pasaba eso. Así que quedó como quedó. Y tenían que saberlo. 

- Ausencia de traducción en los discursos en lenguas periféricas. Qué mejor momento para despojarse del rancio centralismo mesetario a la ves que se demuestra que la narrativa del agradecimiento es totalmente intercambiable. 



domingo, 1 de febrero de 2026

CINE DE PREMIOS: SI PUDIERA, TE DARÍA UNA PATADA(2025)

 En 2024, unos pocos elegidos nos estremecimos en las salas con Salve María, de Mar Coll. Una terrorífica historia de maternidad que le valió a su protagonista Laura Weissmahr el Goya a la mejor actriz revelación al año siguiente.

Los paralelismos con la propuesta de Mary Bronstein, también recolectora de premios, son inevitables. El implacable descenso a los infiernos de una mujer asfixiada por su identidad de madre acongoja y puede enervar por igual a escépticos y a convencidos. Lástima que, como aquella, va a pasar desapercibida por las salas. Igual si Rose Byrne, que lo da absolutamente todo en su interpretación, se lleva el Oscar como ya hizo con el Globo de Oro y el Oso de Plata en Berlín, y acompañada por un reparto bien curioso en papeles cortos pero sustanciosos. En ese caso, quizá obtendría buena publicidad gratuita gracias a algún post indignado de algún padre indignado clamando por compartir tesitura y no quejarse tanto. 

El título, traducción literal de If I Had Legs, I´d Kick You, no es clickbait. Sí llamativo y clarificador y muy incorrecto. Aunque el tema de las madres arrepentidas ya no es nuevo, y aunque aún hay portadas luminosas de revista y más luminosas instantáneas en redes sociales, el discurso actual es más realista. 

Linda brega a diario con la discapacidad sobrevenida de su hija, deducible gracias a progresivas pistas. Su peripecia vital está salpicada de trazos de humor, llamémosle así, negrísimo, de esas experiencias devastadoras en el momento pero divertidas de escuchar y de recrear después.  Con un marido ausente que dilapida las conversaciones telefónicas en autocompadecimiento y reproches ante lo que cree poca funcionalidad de su esposa. Sobrellevando el chiste fácil de ser la terapeuta que va a terapia. Aguantando las broncas de la doctora de su hija, que desconoce el concepto de sororidad. Y como en la vida todo puede empeorar, una tarde se le cae el techo encima y comienza el más costumbrista vía crucis de seguros, caseros renuentes y obreros escapistas. 

La hipérbole trágica suele causar el efecto contrario en dramas lacrimógenos y telenovelas antes latinas, ahora turcas. Aquí no ocurre, ya está medido. El alivio cómico sumado a la inclusión del toque onírico o sobrenatural rebaja la presión en los momentos que más se necesita. El tremendo agujero del techo es una metáfora evidente de la demolición estructural que soporta Linda. Los espacios cerrados o nocturnos en los que transcurre la mayor parte del metraje nos traen soledad y angustia. El tono gritón y estupefacto en el que Linda habla puede ponernos en su contra, como están casi todos los personajes que pululan por su drama. Una tribu dispar de secundarios  ayudan a mostrar a Linda en diversas facetas, todas ellas bajo la alteración verbal y mental. Su propio terapeuta y colega de clínica (Conan O´Brian), una de sus pacientes, cuyo padecimiento simétrico al de Linda funciona como caja de resonancia de todas las actitudes condescendientes y paternalistas que la película denuncia. El vecino enrollado del motel cutre en el que vive con su hija mientras arreglan su casa.  El deterioro físico y emocional de Linda, espoleado por un sentimiento de culpa que lo colapsa todo. El verdadero asunto a tratar. 

Los seres humanos masculinos que la rodean, para sorpresa de nadie, no ayudan demasiado. Puede que sea uno de los puntos débiles de la película (ese policía). #NotAllMen, ya saben. 

Título original: If I Had Legs I'd Kick You

Año: 2025

Duración: 113 m

País: EEUU

Dirección y guion: Mary Bronstein

Reparto: Rose Byrne, Delaney Quinn, ASAP Rocky, Conan O´Brien, Danielle MacDonald, Christian Slater.

domingo, 28 de diciembre de 2025

UNA INCOMPLETA LISTA MINIMALISTA DEL MÁS O MENOS RECÓNDITO CINE EN ESPAÑOL DE 2025 POR ESTRICTO ORDEN ALFABÉTICO


De modesto presupuesto, con una excepción, y demostración de que una crítica entusiasta ya no lleva a casi nadie a las salas, con dos excepciones. Casi todas disponibles en alguna de las plataformas habituales.

1.  Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo. El amanecismo vive, la lucha sigue.

2.  El jockey, de Luis Ortega. El cine argentino sobreviviendo a la motosierra.

3. El talento, de Polo Menárguez. La música no amansa a las fieras.

4. La furia, de Gemma Blasco. El teatro como búsqueda infructuosa de la sanación.

5. La niña de la cabra, de Ana Asensio. Por parentesco, la favorita de este blog.

6. Madrid, ext, de Juan Cavestany. La meca de la libertad es ya solo carcasa.

7. Miocardio, de José Manuel Carrasco. Las segundas oportunidades se pueden ensayar.

8. Muy lejos (Molt lluny), de Gèrard Oms. Qué frío hace en Holanda.

9. Polvo serán, de Carlos Marques-Marcet. Que ni la muerte nos separe.

10. Sirat, de Oliver Laxe. De cuando Almodóvar nos regaló al Pensador Cineasta Definitivo.

11 Subsuelo, de Fernando Franco. Las relaciones fraternas son turbias desde la Biblia.

12. Una ballena, de Pablo Hernando. Todos tenemos una en nuestro interior.

13. Una quinta portuguesa, de Avelina Prat.  Medicina para la vista y para el alma.

14. Votemos, de Santiago Requejo. Qué modernos nos autopercibimos hasta que. 


domingo, 30 de noviembre de 2025

LA SUERTE: UNA SERIE DE CASUALIDADES

 Escondida en la pléyade de plataformas le espera la mejor serie española de comedia que no está viendo. Sí la ha visto, por lo que parece, el jurado de los Feroz, que la ha nominado en tres categorías.


La suerte: una serie de casualidades
, disponible en Disney+, es una apuesta atípica, arriesgada y formalmente escurridiza de Paco Plaza, Borja González Santaolalla, Pablo Guerrero y Diana Rojo. Atípica en su premisa, porque pocos pocos se han atrevido a ficcionar sobre uno de los pilares de esa España, la tauromaquia. Tan pocas muestras como una sola, que el protagonista mismo recomienda en uno de sus abundantes momentos conversacionales. Googleen si son demasiado jóvenes. Pero que nadie se asuste, ni salive. Escurridiza, porque nadie se va a hacer abonado de San Isidro después de verla, idéntico no fenómeno con Tardes de soledad, la polémica Concha de Oro de Albert Serra que cayó muy pronto en una inmerecida indiferencia.  En una dimensión paralela por intención y tono, comparte suspicacias con la película de la temporada. Por más que les pese a ciertos sectores, Los domingos no será el Espíritu Santo para ninguna adolescente que no esté viviendo ya en ese ecosistema.

La suerte se zambulle en el hermético código del toreo y lo utiliza para construir una de esas buddie movies de buen corazón que nos enseñan que el roce hace el cariño, sin caer en sentimentalismos ni lugares comunes. El título es polisémico. Por un lado, el encuentro casual entre el joven David, opositor a abogado del Estado y conductor nocturno del taxi paterno en la simpar Talavera de la Reina, y el Maestro, de nombre desconocido hasta el último capítulo. David se ve engullido por la cohorte del diestro, contratado como chófer para la temporada de ferias y remunerado en primera instancia con una magdalena. Por otro, el chorro de atávicas supersticiones que hacen del noble arte de Cossío un blanco fácil para la sátira y difícil para el análisis racional.

Muchas cosas resultarán curiosas para el neófito que se acerque a la serie, que esquiva exitosamente el enfoque costumbrista o incluso documental para adentrarse en el choque de antagónicos que terminan confluyendo. El retrato del Maestro, encarnado con milimétrica exactitud por Óscar Jaenada, al que se ha nombrado el intérprete con más cara de torero, concentra todos los trazos de uno de los dos arquetipos toreros reales que se pasean por los medios, el del torero ilustrado. El rictus perenne, la introspección, la filosofía de bar (carcajeante subtramas de las servilletas), el desdén por el saber enciclopédico (da lo mismo procurador que abogado del Estado), la reiteración de gestos, la autoconciencia de estar uno o dos escalones por encima del pueblo que le reverencia y le saca a hombros tras el triunfo sobre la bestia. La familia sanguínea con protagonismo de su mano derecha y hermano, encarnado por un torero de verdad, Óscar Higares y la fugaz aparición de Almudena Cid como la esposa, menos sufrida de lo que cabría esperar. lY la cuadrilla, galería de pintoresquismos que al principio caen gordos pero terminan cautivando por su llaneza y su resignación cristiana a los vaivenes de la suerte. 


El intruso David, o José Antonio,  un Ricardo Gómez que sigue labrándose una más que interesante trayectoria actoral en los tres medios, aporta la mirada inicial de incredulidad y rechazo que se espera de sus coetáneos, salvo los del sector económico-geográfico-social que todos conocemos, aunque en estos cachorros predomine más el postureo que la afición genuina. Que se lo digan a Los Verdaderos Aficionados del Tendido 7 de Las Ventas.  Los cómicos intentos de David por desasirse de su destino van mutando en un deseo de ser partícipe de juergas y preparativos. El onírico toro de Benidorm es el primer punto de inflexión. La merienda en el McDonalds con las amigas animalistas, el segundo. El tercero, en el último episodio, ese sí, un poco moñas. Un final abierto y menos incierto, por suerte, que el que esperaban los colegas de Rafael antes del descubrimiento, también casual, del doctor Fleming, hecho estatua, por cierto, en el mencionado coso madrileño.  

martes, 18 de noviembre de 2025

SUBSUELO: LOS LAZOS DEL AMOR FRATERNO AHOGAN.


 SUBSUELO

Título original: Subsuelo

Año: 2025

Dirección: Fernando Franco

Guion: Begoña Arostegui, Fernando Franco, basado en la novela de Marcelo Luján.

Reparto: Julia Martínez, Diego Garisa, Sonia Almarcha, Itzan Escamilla, Nacho Sánchez, Gerardo de Pablos.

Música: Maite Arroitajauregui

Fotografía: Santiago Racaj


Para los cinéfilos patrios que navegan la cartelera buscando algo más que la nueva comedia española y el cine de género, las propuestas de Fernando Franco son siempre un desafío moral  solo apto para estómagos fuertes. Sus historias (La herida, de 2013-, Morir, de 2017) transitan la oscuridad del ser humano, por más que La consagración de la primavera (2022), aportara algún de luz, amén de salpimentar  brevemente las redes con  un espinosísimo debate. En esta su última obra adapta junto con Begoña Arostegui la novela homónima del argentino Marcelo Luján, que dan ganas de leer inmediatamente después de salir de la sala, a ver si alcanza el mismo nivel de turbiedad. 

La ambigua naturaleza en las relaciones entre gemelos y mellizos está bien presente en la literatura y en las mitologías. Imposible no recordar con nostalgia a los Lannister, por ejemplo, aun cuando en ellos todo es bastante explícito desde los primeros compases. Eva y Fabián, encarnados por los debutantes tampoco gozan de una relación de más o menos iguales. El juego de poder a tres que ya se intuye desde la primera secuencia encuentra ganador merced a un accidente en el que desaparece la pieza sobrante. Transcurre soterrado socavando la cotidianeidad burguesa  y muta en completa asimetría con una pieza cada vez más débil que ve cercenado cualquier intento de tomar aire. La evolución física de Eva, su expresión facial que navega todos los estadios del sufrimiento, es pura congoja para el espectador. A su lado, sin dejar un milímetro libre, su hermano y dueño y señor, que saca oro de su propia tragedia.  La antítesis más absoluta del personaje que le valió a Telmo Irureta el Goya a actor revelación, y un ejemplo más de podredumbre  escondida bajo un rostro angelical. Estructurada en tres actos con ánimo de ofrecer distintas perspectivas, lo perverso está en la necesidad de ocultar cierta información trascendental al resto para seguir manteniendo la pantomima, y a la vez ignorar que esa información ya se conoce, o eso se sugiere en el último segmento, dedicado a Mabel, la madre. Esta progenitora estándar de clase media alta tambièn representa su propia comedia. Otro análisis merecería la comparación entre esta pareja que asume con tanta asepsia la consecuencia del accidente, y la siniestra figura paterna de la película que se va a llevar todos los premios de la temporada. Los domingos, claro está. 

La honda disección de emociones cristaliza a base de primeros planos de rostros y conversaciones de mensajería instantánea de contemplación progresivamente incómoda. Incluso un artefacto tan positivamente connotado en el modo de vida occidental como es una piscina se transforma en un catalizador de situaciones sórdidas. El duelo fraterno se vuelve más violento y más sordo con la aparición de otro tercero en discordia, que tampoco es un desconocido. En el conjunto de secundarios que apenas aportan briznas a la trama, Nacho Sánchez llena la pantalla con sus ojos, como es habitual, aunque hubiera merecido más vuelo. Igual que el desenlace.