Todo se fastidió cuando los hijos pasaron a ser "proyectos de vida". Una genialidad tuitera que pasó injustamente desapercibida. Siguiendo el argot, la nueva y más accesible película de Víctor García León, coguionista junto a Borja Cobeaga, reabre varios melones y quiere hacer pupa en asuntos trascendentalmente contemporáneos como las nuevas paternidades y la lucha interior casi unamuniana entre el ansia de ascenso social y los valores supuestamente progresistas de buena parte de la población de bien.
El título mismo, en combinación con el tono de la historia, es de fácil inserción en los descarnados debates pedagógicos e identitarios que se libran en las redes y en los grupos de WhatsApp de madres. O pamadres. Sin embargo, el objeto de las chanzas no es tanto el mantra de mi hijo es especial/todos somos especiales, sino el que un autodiagnóstico de esos tan comunes y tan balsámicos sirve de catalizador para el medrar de los progenitores.
Los creadores han contado que todo parte de un luctuoso hecho real acaecido en uno de los colegios privados más exclusivos de Pozuelo de Alarcón, una de las tres poblaciones con mayor renta per cápita de España, y la localidad con menor presencia de la educación pública de todo el país, dentro de la comunidad autónoma que mejor practica la segregación educativa. El asesinato de un narcotraficante a la entrada del colegio de su hijo sirve como punto de partida a la peripecia de Alicia y Gonzalo, una anodina pareja interpretada impecablemente por Marian Álvarez e Israel Elejalde. Su único hijo es gamberrete y exhibicionista. Carece de las hipotéticas características que debería tener un niño así. ¿Seguro? Los espectadores de la EGB alucinarían leyendo sobre las variadas casuísticas que gozan ahora de tan excelsa etiqueta.
Ella, trabajadora en una revista de moda. Él, trabajador de banca. Epítome perfecta del obrero wannabe que se autopercibe de socioizquierda pero que se avergüenza en secreto de su sitio en esta sociedad neoestamental que se nos está quedando. El caramelo se lo acerca el jefe de Gonzalo, ese sí banquero. Un excelente Juan Diego Botto, últimamente ubicuo en cine, teatro y televisión, como encantador macho alfa hiperconsciente de la importancia de repartir migajas. Sirviendo a sus propios intereses de conservación de grupo, les entreabre literal y figuradamente la puerta a una vida nueva. Su rictus de conmiseración es idéntico al de la glacial directora del Pyros, una Pilar Castro que humilla con la mirada.
A partir de este momento, el tono cómico deviene en amargo y observamos la gincana en la que se embarcan Alicia y Gonzalo, que alternan su entusiasmo por el cambio y se van dejando la dignidad y el sistema ideológico por el camino.
El retrato del ecosistema en el que intentan chapotear, no por previsible es menos certero. El poder sobreestimado del lenguaje ("no nos gusta la palabra superdotado", "mi marido es banquero"), los códigos de vestimenta (a más poder más informalidad), el desprecio disfrazado de educación exquisita, las fachadas familiares, el supremacismo de clase, todo tiene una secuencia.
La sátira, si está bien hecha, duele. Al igual que las comedias costumbristas que han pululado por los teatros españoles durante un siglo y medio, la comicidad reside en un juego de espejos. El espectador se enfrenta con sus propias contradicciones y observa cómo de caricaturizable es su modo de vida. Las ansias aspiracionales de una población asaeteada por las dificultades ordinarias y extraordinarias no van a desaparecer. El mismo guionista reconoce que lleva a sus hijos a un colegio de esos, laico, eso sí.
En todo caso, siempre proponemos una sesión doble con Torrente, presidente para transitar por los variados vericuetos de la comedia y recuperar la sensación de superioridad moral. Y le ha gustado a Carlos Boyero.
Título: Altas capacidades
Año: 2026
País: España
Dirección: Víctor García León
Guion: Víctor García León y Borja Cobeaga
Música: Camila Suárez
Fotografía: Eva Díaz
Reparto: Marián Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Bea Segura.


