cabra

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domingo, 1 de marzo de 2026

PREMIOS GOYA 26. Sí pero.

  El cuadragésimo cumpleaños de los primeros premios del cine español dejaron la mayor cuota de pantalla desde el 2020 a pesar de todas las ausencias, de los minutos rellenos de conversaciones improvisadas, conatos de encuentros que pudieron haber sido chispeantes, y encuentros que no soltaron chispa alguna. 

- Ausencia de Sergi López. Hubiera recibido más indicaciones para deambular por la alfombra roja que con la dirección de actores en el desierto de Los Monegros.

- Ausencia de líneas potentes de guion. Muchos añoramos esos más o menos cáusticos monólogos introductorios, y en las redes otros se preguntaron por la vuelta de los presentadores cómicos.  En los últimos años se ha optado por la sutileza y el trampantojo entre los guionizado y lo improvisado, y el espectador medio, como un adolescente, necesita líneas claras para no perderse. El mejor chiste "empezamos en febrero y ya estamos en marzo"fue fruto del momento. 

-Ausencia de química entre la pareja presentadora. Debían de ser los únicos que no se conocían de antes de todos los que pisaron el escenario. Nadie esperaba que fueran los Robbie/Elordi del Fórum, pero al menos una complicidad mayor a la que se tiene con un señor o señora cualquiera con la que se va a coincidir en el mismo espacio durante tres horas y media. Luis dirige sus chanzas a Rigoberta, y Enric, sorprendido fuera de su butaca, le recuerda a Paula las fiestas en su piso compartido. 

- Ausencia de imágenes o declaraciones de Jafar Panahi, nominado por Un simple accidente, al que imaginamos esquivando cámaras mientras asumía que la geopolítica le había fastidiado su plácido paso por España.

- Ausencia de encuentro público o privado de Susan Sarandon con María Luisa Solá, su actriz de doblaje en castellano. Las invitaciones y menciones en este tipo de eventos no son nada casuales (ver la entrega al mejor actor de reparto), y la cara de la homenajeada actriz al enterarse de la presencia de María Luisa evidenció  alguna idea de guion que se quedó por el camino. Con el que sí le hubiera gustado quedar, sin duda, es con el presidente del Gobierno. Animamos desde aquí a nuestro maltrecho dirigente a hacerse un póster con las palabras que le dedicó Sarandon al inicio. 


- Ausencia de algún gag que obligara a compartir oxígeno a Oliver y a Albert, interesantísimos creadores de sus obras y de sus personajes que han sacado, por este año, al cines español del marasmo del cuánto nos queremos todos aquí. Nos queda ya poco para disfrutar de las reflexiones de Óliver, el 15 de marzo tendría que terminar su periplo por nuestras vidas, y Albert se merece, aunque no quiere, rellenar algo ese vacío. Las declaraciones de ambos dos son un soplo de vida. Oliver afirmó ayer que nunca había visto una gala de los Goya, aun habiendo asistido a la del año de O que arde. Albert escudándose en sus gafas de sol Oackley "normalitas" y arrebatando el premio al mejor documental a la muy contemporáneamente normativa Alba Flores. Qué pareja cómica hemos perdido, qué conversaciones entre el raciocinio y la espiritualidad moderadas por Karla Sofía Gascón. 

- Ausencia de coherencia y cohesión. La coherencia es esencial para la comprensión de un texto, como bien saben los estudiantes de segundo de bachillerato. La selección de fragmentos del pasado, justificada por la fecha redonda, no tenía hilo conductor alguno más allá del propio ejercicio de nostalgia. El momento más criticado, el de la escandalosa desigualdad de trato en los premios a actor y a actriz de reparto, era otra buena idea que tenía que haberse quedado fuera. Los cinco buenísimos actores catalanes el premio a Álvaro Cervantes, uno de los suyos. No solo colega, sino amigo, compañero de penurias actorales. Sonaba espectacular. Pero con la principal favorita al premio equivalente no pasaba eso. Así que quedó como quedó. Y tenían que saberlo. 

- Ausencia de traducción en los discursos en lenguas periféricas. Qué mejor momento para despojarse del rancio centralismo mesetario a la ves que se demuestra que la narrativa del agradecimiento es totalmente intercambiable. 



domingo, 1 de febrero de 2026

CINE DE PREMIOS: SI PUDIERA, TE DARÍA UNA PATADA(2025)

 En 2024, unos pocos elegidos nos estremecimos en las salas con Salve María, de Mar Coll. Una terrorífica historia de maternidad que le valió a su protagonista Laura Weissmahr el Goya a la mejor actriz revelación al año siguiente.

Los paralelismos con la propuesta de Mary Bronstein, también recolectora de premios, son inevitables. El implacable descenso a los infiernos de una mujer asfixiada por su identidad de madre acongoja y puede enervar por igual a escépticos y a convencidos. Lástima que, como aquella, va a pasar desapercibida por las salas. Igual si Rose Byrne, que lo da absolutamente todo en su interpretación, se lleva el Oscar como ya hizo con el Globo de Oro y el Oso de Plata en Berlín, y acompañada por un reparto bien curioso en papeles cortos pero sustanciosos. En ese caso, quizá obtendría buena publicidad gratuita gracias a algún post indignado de algún padre indignado clamando por compartir tesitura y no quejarse tanto. 

El título, traducción literal de If I Had Legs, I´d Kick You, no es clickbait. Sí llamativo y clarificador y muy incorrecto. Aunque el tema de las madres arrepentidas ya no es nuevo, y aunque aún hay portadas luminosas de revista y más luminosas instantáneas en redes sociales, el discurso actual es más realista. 

Linda brega a diario con la discapacidad sobrevenida de su hija, deducible gracias a progresivas pistas. Su peripecia vital está salpicada de trazos de humor, llamémosle así, negrísimo, de esas experiencias devastadoras en el momento pero divertidas de escuchar y de recrear después.  Con un marido ausente que dilapida las conversaciones telefónicas en autocompadecimiento y reproches ante lo que cree poca funcionalidad de su esposa. Sobrellevando el chiste fácil de ser la terapeuta que va a terapia. Aguantando las broncas de la doctora de su hija, que desconoce el concepto de sororidad. Y como en la vida todo puede empeorar, una tarde se le cae el techo encima y comienza el más costumbrista vía crucis de seguros, caseros renuentes y obreros escapistas. 

La hipérbole trágica suele causar el efecto contrario en dramas lacrimógenos y telenovelas antes latinas, ahora turcas. Aquí no ocurre, ya está medido. El alivio cómico sumado a la inclusión del toque onírico o sobrenatural rebaja la presión en los momentos que más se necesita. El tremendo agujero del techo es una metáfora evidente de la demolición estructural que soporta Linda. Los espacios cerrados o nocturnos en los que transcurre la mayor parte del metraje nos traen soledad y angustia. El tono gritón y estupefacto en el que Linda habla puede ponernos en su contra, como están casi todos los personajes que pululan por su drama. Una tribu dispar de secundarios  ayudan a mostrar a Linda en diversas facetas, todas ellas bajo la alteración verbal y mental. Su propio terapeuta y colega de clínica (Conan O´Brian), una de sus pacientes, cuyo padecimiento simétrico al de Linda funciona como caja de resonancia de todas las actitudes condescendientes y paternalistas que la película denuncia. El vecino enrollado del motel cutre en el que vive con su hija mientras arreglan su casa.  El deterioro físico y emocional de Linda, espoleado por un sentimiento de culpa que lo colapsa todo. El verdadero asunto a tratar. 

Los seres humanos masculinos que la rodean, para sorpresa de nadie, no ayudan demasiado. Puede que sea uno de los puntos débiles de la película (ese policía). #NotAllMen, ya saben. 

Título original: If I Had Legs I'd Kick You

Año: 2025

Duración: 113 m

País: EEUU

Dirección y guion: Mary Bronstein

Reparto: Rose Byrne, Delaney Quinn, ASAP Rocky, Conan O´Brien, Danielle MacDonald, Christian Slater.