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lunes, 18 de mayo de 2026

SERIES: EMPATÍA (2025)



 Título original: Empathie

Año: 2025

País: Canadá

Dirección: Guillaume Lonergan

Guion: Florence Longpré

Reparto: Florence Longpré, Thomas Ngijoj, Adrien Bletton, Benoît Briére, Joseé Deschenes.

El endiablado dialecto québécois que pone a prueba a todo estudiante de francés parisino siempre ha tenido sitio en nuestra cartelera. Nombres como Xavier Dolan, dondequiera que esté, Jean Luces Vallée, el primerizo Denis Villeneuve, entre otros, fueron los puntales del desembarco, cristalizado ahora en iniciativas como el Cinequebec de La Rioja. Una región fascinante en pasado y presente, y en la que muchos se miran por su manera de afrontar las divergencias con el Canadá anglófono. 

Al siempre excelente catálogo de series de Movistar y precedida de diversos premios en festivales del gremio, llegó en marzo Empatía, una historia en diez episodios creada y protagonizada por Florence Longpré, conocida por el drama Audrey is revenue

Longpré ha reconocido en entrevistas que no buscaba otro drama sino más bien un procedimental del tan en tendencia true crime, pero que su atención se desvió hacia las tragedias íntimas de las personas con las que se documentaba. 

El título, rotundo, rescata un pilar básico de supervivencia en una sociedad cooperativa, arrumbado en estos tiempos por otros más relucientes como "resiliencia". Arg. Pero no estamos ante un relato ni buenista ni complaciente. La protagonista, criminóloga y psiquiatra, deudora sí del arquetipo de investigador torturado, afronta la vuelta al trabajo tras una tragedia incomprensible que termina de desvelarse en el quinto capítulo. Se incorpora a un nuevo puesto en un tan atrayente como hostil, un hospital psiquiátrico. Recordemos el título, esto no es el nido del cuco. La doctora Suzanne Bien-Aimé, apellido que ella no termina de creerse, acarrea una mochila tan pesada como la de cada paciente que deambula por los pasillos de la institución de Montréal. Su primer día, escatológicamente inolvidable, nos presenta a un personaje que sabe o cree saber compartimentar. Otra constante en las ficciones contemporáneas. Su propósito de reconstruir el trato con los pacientes (menos medicación, más escucha), es recibido evidentemente con un recelo que se va diluyendo. 

La estructura narrativa no busca impactar sino reforzar el relato. Sí que es llamativa la manera de comenzar cada capítulo. En cada uno de ellos, al título le falta una letra, que es sustituida por uno de los personajes, y surge una figura humana. Y en cada uno, es uno de los trabajadores o pacientes que rodean a Suzanne el protagonista, siempre con un doble plano: el de su presente en la institución y el del pasado que le ha llevado allí. La intención de ofrecer una panorámica de toda la tipología de enfermos funciona especialmente con dos pacientes antagónicos, el entrañable pirómano y el sociópata seductor. 

Sin embargo, la principal virtud de la historia es la relación compleja y ambigua que nace entre Suzanne y su agente de seguridad Mortimer, encarnado por el monologuista parisino Thomas Ngijoj (los oídos entrenados notarán el contraste) cuya mera presencia sombra de la doctora impide que olvidemos el contexto humano en el que cualquiera puede entrar en ebullición de un segundo a otro.

Mortimer es el reverso de Suzanne. Parece haber logrado lo que ella no ha podido conseguir, el sobreponerse a los palos de la vida. En varias ocasiones reconocen ser los únicos amigos que tiene cada uno, y es realmente interesante contemplar el desarrollo de una amistad profunda hombre-  mujer, aun con sus dudas en la segunda mitad de la serie. 

Que en algunos momentos peque de inocencia no debiera ser obstáculo para que no reservemos un tiempo de calma para adentrarnos en el Mount-Royal, y recuperar una manera de contar pausada pero fluida, sin artificios ni giros sorprendentes de guion cada dos secuencias para ganar la competición al teléfono móvil.