SUBSUELO
Título original: Subsuelo
Año: 2025
Dirección: Fernando Franco
Guion: Begoña Arostegui, Fernando Franco, basado en la novela de Marcelo Luján.
Reparto: Julia Martínez, Diego Garisa, Sonia Almarcha, Itzan Escamilla, Nacho Sánchez, Gerardo de Pablos.
Música: Maite Arroitajauregui
Fotografía: Santiago Racaj
Para los cinéfilos patrios que navegan la cartelera buscando algo más que la nueva comedia española y el cine de género, las propuestas de Fernando Franco son siempre un desafío moral solo apto para estómagos fuertes. Sus historias (La herida, de 2013-, Morir, de 2017) transitan la oscuridad del ser humano, por más que La consagración de la primavera (2022), aportara algún de luz, amén de salpimentar brevemente las redes con un espinosísimo debate. En esta su última obra adapta junto con Begoña Arostegui la novela homónima del argentino Marcelo Luján, que dan ganas de leer inmediatamente después de salir de la sala, a ver si alcanza el mismo nivel de turbiedad.
La ambigua naturaleza en las relaciones entre gemelos y mellizos está bien presente en la literatura y en las mitologías. Imposible no recordar con nostalgia a los Lannister, por ejemplo, aun cuando en ellos todo es bastante explícito desde los primeros compases. Eva y Fabián, encarnados por los debutantes tampoco gozan de una relación de más o menos iguales. El juego de poder a tres que ya se intuye desde la primera secuencia encuentra ganador merced a un accidente en el que desaparece la pieza sobrante. Transcurre soterrado socavando la cotidianeidad burguesa y muta en completa asimetría con una pieza cada vez más débil que ve cercenado cualquier intento de tomar aire. La evolución física de Eva, su expresión facial que navega todos los estadios del sufrimiento, es pura congoja para el espectador. A su lado, sin dejar un milímetro libre, su hermano y dueño y señor, que saca oro de su propia tragedia. La antítesis más absoluta del personaje que le valió a Telmo Irureta el Goya a actor revelación, y un ejemplo más de podredumbre escondida bajo un rostro angelical. Estructurada en tres actos con ánimo de ofrecer distintas perspectivas, lo perverso está en la necesidad de ocultar cierta información trascendental al resto para seguir manteniendo la pantomima, y a la vez ignorar que esa información ya se conoce, o eso se sugiere en el último segmento, dedicado a Mabel, la madre. Esta progenitora estándar de clase media alta tambièn representa su propia comedia. Otro análisis merecería la comparación entre esta pareja que asume con tanta asepsia la consecuencia del accidente, y la siniestra figura paterna de la película que se va a llevar todos los premios de la temporada. Los domingos, claro está.
La honda disección de emociones cristaliza a base de primeros planos de rostros y conversaciones de mensajería instantánea de contemplación progresivamente incómoda. Incluso un artefacto tan positivamente connotado en el modo de vida occidental como es una piscina se transforma en un catalizador de situaciones sórdidas. El duelo fraterno se vuelve más violento y más sordo con la aparición de otro tercero en discordia, que tampoco es un desconocido. En el conjunto de secundarios que apenas aportan briznas a la trama, Nacho Sánchez llena la pantalla con sus ojos, como es habitual, aunque hubiera merecido más vuelo. Igual que el desenlace.
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