cabra

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jueves, 27 de abril de 2023

EL CASTIGO

 

El castigo, premio a la mejor dirección en el Festival de Málaga 2023, comienza en el interior de un coche, conducido nerviosamente por una mujer de gesto severo. Interrumpe la marcha, da media vuelta bruscamente en una carretera solitaria y se detiene. De él salen la mujer y un hombre, y llaman a Lucas con insistencia. Padres que han perdido a su hijo. Una premisa sugerente y sencilla que encamina al espectador al subgénero de las desapariciones infantiles. Pero es solo una primera capa en el envoltorio de esta propuesta que se va cargando de angustia a la par que los silencios y las miradas llenan la pantalla. 

El realizador chileno Matías Bife filma con pulso y distancia un muy medido guion de Coral Cruz que opera como una olla a presión que inevitablemente estalla por la cantidad de combustible en forma de rencor y de cosas no dichas acumuladas en años. Una pareja bien situada va a visitar a la madre de ella, un hijo de ocho años que la lía en el coche y una madre que pierde la paciencia y decide darle un escarmiento, dejándole solo en la carretera boscosa tres minutos. Solo tres minutos. 

Con la aparición de los secundarios, la pareja de policías (pacos, en el argot chileno), los papeles se van repartiendo. Ana, la madre de gesto siempre adusto, reflejo de una carga enorme, interpretada con enorme profundidad y contención por Antonia Zegers, la que cede al impulso y asume la culpa. Mateo, el padre, Néstor Cantillana, que en la búsqueda se revela como el típico padre colega que sabe que algo no está bien en su hijo pero que es incapaz de poner límites porque es un niño y le ve poco. La teniente encargada de coordinar el rastreo intenta equilibrar la balanza. Sin juzgar en ningún momento, sus preguntas hacen progresar la historia hacia el drama humano. El fondo y la forma se coordinan en un plano secuencia de ochenta minutos en lo que todo pasa a tiempo real: la incredulidad primero, luego la incertidumbre, luego la angustia, luego el desahogo, la confesión y la asunción del fracaso. 

El elefante en la habitación, o en este caso, en el bosque, se hace tan grande que impide respirar. La noche amenaza con caer en un territorio que ellos creían más civilizado pero en el que habitan pumas, pero nunca llega, porque ya está dentro de las almas de esa pareja urbana con una vida como las nuestras. La cámara a centímetros de los rostros nos interpela, no nos deja apartarnos siquiera para mirar fugazmente el móvil. No hay tiempo para divagar, y el castigo del título se desvela poliédrico. Castigo, ¿para quién?

TÍTULO ORIGINAL: El castigo 

AÑO: 2022

DURACIÓN: 86m

PAÍS: Chile

MÚSICA: Gustavo Pomeranec

FOTOGRAFÍA: Gabriel Díaz

REPARTO: Antonia Zeglers, Néstor Cantillana, Catalina Saavedra, Yair Yuri. 

martes, 28 de marzo de 2023

EL MUNDO SEGÚN PHILOMENA CUNK (CUNK ON EARTH)



 La TDT llegó a España hace ya lejanas fechas y lo hizo acompañada de multitud de canales de contenido tan extravagante como adictivo. Entre ellos, los consagrados al documental digamos no excesivamente riguroso, con temas fetiche como el mundo extraterrestre y la Segunda Guerra Mundial. La estructura narrativa, nada nueva ya y posteriormente perfeccionada por las distintas plataformas, incluye siempre un careo entre el presentador/entretenedor/explorador y una miríada de expertos que se prestan a resolver las dudas más básicas con su didáctica natural alejada de la cátedra que ocupan en los ratos que les dejan las grabaciones y paseos. 

Casi al mismo tiempo, allá por 2014, los espectadores generalistas españoles se toparon con un concepto nuevo, el "mockumentary". "Operación Palace", episodio de la primera etapa de Salvados, sigue siendo a día de hoy la emisión más vista de la cadena que lo emitió y promocionó profusamente durante semanas con el eslogan "este no es un documental más sobre el 23 F".  Desde luego que no, y aún hoy funciona como detector de cuñados en cenas familiares y recolector de ofendidos y timados bramando en las redes.  "Yo no me lo tragué", "Yo lo vi claro casi desde el principio". Ya. 

Cunk on Earth, documental paródico acerca de los momentos estelares de la Humanidad en cómodas cinco dosis de treinta minutos original de la BBC, merecería sin duda la portada de Netflix, sumergida como está en series que rezuman la misma parodia pero involuntaria, que es peor siempre. Sin que sirva de precedente, el título en castellano es particularmente acertado porque el nombre de la conductora retrotrae al espectador de ciertas regiones a días de su vida de todo menos rutinarios, y así ya uno se predispone a la humorada. Eso, y que el productor es nada menos que Charlie Brooker, que recupera uno de sus primeros personajes de ficción, la sagaz periodista Philomena Cunk, antes de Black Mirror.

Philomena, a la que da vida y sabiduría la cómica Diane Morgan (Derry Girls), es un ejemplo encomiable de superación. Sin miedo ni vergüenza ninguna, se sobrepone a su ignorancia de todo e interroga a los consabidos expertos regando las preguntas de malas pronunciaciones de nombres y equívocos de toda índole que dan lugar a dobles sentidos muy dignamente subtitulados.  Cuando un experto o experta le frunce el ceño y balbucea con incredulidad por su falta de atención y de instrucción, Philomena se pone muy digna y contraataca. En el primer episodio, afirma rotunda que las pirámides de Egipto tienen esa forma para evitar que durmieran sin techo en su interior. En el segundo, consigue que una profesora de la Universidad de Londres nombre a Jesucristo primera víctima de la cultura de la cancelación. En el tercero asistimos al único amago de pérdida de papeles por parte del académico participante. Filomena le pregunta a la compositora y profesora de música en Westminster qué significa la letra de la Quinta Sinfonía de Beethoven. "Dum, dum, dum, dum". Se pregunta si no es hiriente para la audiencia que se le llame tonto (dumb) todo el tiempo.  Los sentidos suspiros de la doctora nos llegan al alma y deseamos acabar con su sufrimiento. En el quinto desquicia a un pobre norteamericano que intenta explicarle que el derecho a portar armas consagrado en la Constitución, al que ella alude como "osar", no tiene que ver con cazar osos. Este capítulo concreto, el de América, es punzante a rabiar. Filomena no se cansa de exhibir la mítica superioridad moral británica  frente al antiguo colono, siempre desde su ingenuidad de fachada. En el sexto intenta horadar la paciencia del historiador a base de decir Lennon por Lenin. No lo consigue. Qué importante es la fonética. 

Los antagonistas, o posibilitadores del show hacen gala de una profesionalidad más propia de los que deben repetir lo mismo varias veces al día a jaurías adolescentes. En el primer episodio, Filomena espeta a una doctora en Filosofía su certeza de que el cerebro humano se compone de tuberías, y los pensamientos van por ellas pero no sabe cómo los filósofos consiguen transportarlos y expelerlos. La contendiente, muy a favor del refuerzo positivo, le concede que es una forma interesante de verlo, lo que provoca su derrota dialéctica por verborrea del contrario. 

Es inevitable recordar los encontronazos de Borat, el repelente personaje de Sacha Baron Cohen, aunque Filomena exhibe mejor las muecas de desagrado cuando el experto le contradice, por más suavidad que emplee. 

Filomena somos todos. Cuando pontificamos sin saber, cuando pretendemos que nuestra opinión sea ley y respondemos con una risilla a los datos que nos descabalan la teoría. Somos todos menos yo. 

domingo, 5 de marzo de 2023

CINE: ELLAS HABLAN (2022)


Un homenaje a la imaginación de las mujeres. Este es el leiv motiv con el que se presentó hace un par de años Women Talking, la segunda novela de la canadiense Miriam Toews, que se ha hecho un hueco entre la narrativa contemporánea de prestigio, publicada para el mundo hispanohablante por la siempre atractiva editorial mexicana Sexto Piso. Con este lema comienza también el largometraje homónimo dirigido por la otrora musa del cine independiente norteamericano con el que tantos universitarios gafapastas debutaron en la cinefilia de los noventa. 

Un punto de partida para no olvidar durante el transcurso de la historia, pues, aunque basada en tremendos hechos reales, solo toma de ellos la acotación inicial acerca del qué y el quién. El cómo ya difiere, y el dónde y el cuándo son directamente eliminados en favor de una indeterminación nebulosa que nos remite a  la universalidad y la atemporalidad, y elimina la idea balsámica de "eso ahora no pasaría", o "eso, en mi entorno, no pasaría". Sin olvidar la inclusividad del título original, desgraciadamente perdida en la traducción "Ellas hablan". 

La relación entre mujeres y habla ha sido construida desde el prejuicio milenario. El estereotipo de mujer que no calla o que solo abre la boca para criticar persiste en nuestras generaciones más jóvenes. No de otra manera se ha hecho necesaria la promoción del concepto de "sororidad", frente a la no menos estereotipada sana camaradería masculina. La adaptación de Polley es un canto muy consciente pero anacrónico a esa alianza que amaga por brotar entre esas mujeres que hablan, de manera harto elocuente a pesar de que se les ha negado el derecho a la formación más básica. Para los prejuiciosos, la película es eso, hora y cuarenta minutos de mujeres que hablan, bajo la inmortal regla de las tres unidades. Es de imaginar por tanto, una versión dramatúrgica que complete la tríada de éxito.

Una conversación apasionada en el piso de arriba de un granero, acerca de un solo dilema, quedarse y luchar, o irse, que debe terminar al anochecer de ese día. El único hombre en la habitación, y en la pantalla es August, el maestro y, como le esputan en algún momento, granjero fracasado, hijo de exiliados de la colonia, que vuelve para cambiar las cosas y porque está enamorado de Ona, una de las mujeres violadas y la que peor parte se lleva, al quedarse embarazada siendo soltera, y a la que Rooney Mara aporta firmeza y ternura. Además de un impactante plano inicial. Ben Wisham, en un rol muchísimo más contenido y compungido que en la fenomenal serie británica Esto te va a doler, cristaliza otro de los puntales ideológicos de la discusión, ese "no todos los hombres" hace ya tiempo convertido en meme pero no por sobado menos cierto. Hay que reconocer aquí la inteligencia del guion, al igual que en momentos de suma duda, como si dejar o no que los adolescentes las acompañen. La defensa razonada que hace de ellos el maestro será sin duda compartida por todos los que desempeñan este sufrido oficio.

La imaginación femenina marca no solo la ética sino también la estética. Los hermosos planos aéreos y a ras de hierba, las secuencias de niños y niñas jugando juntos, el improbable personaje trans, son solo una fantasía. El choque con la sangre, los golpes, las palabras de los ministros, la escuela vetada, es la realidad. La decisión de situar el culmen narrativo cuando el sol se ha ido, en un lugar que ha renunciado a la electricidad, hace que confluya la oscuridad en la que sobreviven esas mujeres después de los ataques, y la de la noche última que promete un nuevo día. Una negrura quizá excesiva para una sala de cine, amplificada por la partitura hipnótica de la islandesa Hildur Guðnadóttir.

Pero, al fin y al cabo, esta es una película de tesis. Y como tal, cae en la tentación de reiterar sus líneas maestras al espectador, que, no olvidemos, ya acude convencido. Se advierte, por tanto, cierta ansiedad y mucho esfuerzo en no dejar resquicio al cuestionamiento. Los caracteres que ejercen la contraparte, la de quedarse y luchar o quedarse y perdonar, están condicionados por la narrativa hegemónica de la colonia. Es el caso de Mariche (Jesse Buckley), una esposa maltratada que aguarda el regreso fatídico de su marido con una resignación digna de Solo ante el peligro y que vomita su rabia ante las que osan mostrarse vulnerables. Y, sobre todo, la casi silente y por ello demoledora aparición de Frances McDormand, a la sazón productora, junto con Brad Pitt. Aquí, con apenas unos minutos esparcidos por el metraje, llena la pantalla de una sentenciosidad contundente, implacable, emparentada con la Bernarda Alba lorquiana. 

Las exaltadas intervenciones de las veinteañeras y treintañeras encuentran su equilibrio en los parlamentos de las dos mujeres mayores, no ancianas aún, pero que se intuyen omitidas por los atacantes. Son ellas las que dan el punto de sensatez a la decisión que están a punto de tomar. El elefante en la habitación, o granero, que tensa desde el inicio el principio de verosimilitud (a dónde van a ir/las van a dejar irse), se va desvaneciendo en favor de la emoción y la épica.

TÍTULO ORIGINAL: Women Talking

AÑO DE PRODUCCIÓN: 2022

PAÍS:EEUU

DIRECCIÓN: Sarah Polley

GUION: Sara Polley, Miriam Toews, basado en la novela Women Talking, de esta última.

MÚSICA: Hildur Guðnadóttir

FOTOGRAFÍA: Luc Montpellier

REPARTO: Rooney Mara, Claire Foy, Jesse Buckley, Ben Whisham, Frances McDormand,  Judith Ivey, Sheila McCarthy, Michelle McLeod.


domingo, 29 de enero de 2023

TESTOSTERONA, de Carole Hoover

 

Arpa es actualmente la cabeza de cartel editorial junto con Capitán Swing en este tipo de ensayo ligero pero riguroso que responde a las necesidades informativas del público internauta hastiado de diálogos de besugos en Twitter. Dentro de su catálogo destaca, por su repercusión, La España de las piscinas, de Jorge Dioni y, con el título que aquí nos incumbe, es de agradecer que no esquive las polémicas más agrias. Título rotundo, sin el subtítulo en exceso explicativo del original (T: The Story of Testosterone, the Hormone that Dominates and Divided Us), y primeras páginas que subrayan el carácter de investigación científica que vertebra la obra. Reiteradamente se nos recuerda que no estamos ante un reportaje de entretenimiento con barniz de saber, sino  investigación de años por parte de una doctora por Harvard en biología evolutiva, que, evidentemente, va a escorarse hacia su propio terreno. Aun así se pliega a los deberes de la moderna divulgación en asuntos como tener que explicar lo evidente y confeccionar el relato con puntadas autobiográficas y una primera persona bastante más narrativa que científica. 
El enfrentamiento dialéctico que define la sociedad de nuestros días es sin duda el de biología vs. educación, o "nature vs. nurture", con mejor sonoridad. Carole Hoover se aplica a pinchar el globo del género como construcción únicamente social y por tanto maleable y modificable, y nos recuerda que los genes importan y que el cóctel hormonal rige nuestros comportamientos, aunque la mezcla vaya variando y podamos interferir en su composición. Se dirige a los que ella llama "escépticos de la testosterona desmontando sus tres  premisas principales: La escasa diferencia entre la T en hombres y mujeres, la escasa influencia de T en el desempeño deportivo, y la escasa repercusion de T en el pensar y obrar masculino. Con profusión de ejemplos del mundo animal, incluyendo una impactante introduccion con chimpancés, nos recuerda que el ser humano viene de donde viene a pesar de haber pasado la Ilustración. Eso sí, conservamos la capacidad de corregir los comportamientos reptilianos, y ahí asoma el poder del conocimiento y de la educación. Que a nadie se le ocurra deducir de mis palabras, viene a decir la investigadora, que el ser humano masculino no puede evitar pensar y actuar con dominación y abuso, porque ya sabemos que eso no está bien. 
La testosterona es la responsable de la mayor agresividad e impulsividad que hace de los hombres, añado,  los mayores infractores de tráfico, el mayor número de bajas por balconing,  o las candidaturas más estrambóticas a los premios Darwin, sí, pero no es el catalizador de un destino irremisible a la manera de las tragedias clásicas. Otra muestra más de la necesidad de erradicar una de las falacias más dañinas de nuestros días, la del "por el mero hecho de ser..." en sus múltiples variantes. 
Hoover ahonda en el concepto biológico del intergenerismo, precursor del enfrentamiento actual acerca de lo trans. Recuerda el emblemático caso de Caster Semenya, que desconocerán casi todos los vocingleros actuales, que nos recuerda la diferencia que existe entre lo que se nos da y lo que podemos elegir. Inevitable recordar la estupenda y visionaria Middlesex, de Jeffrey Eugenides. 
Aun la "red flag" que supone para algunos un elogio de Steven Pinker, son estas páginas muy recomendables y, si se prefiere la versión audiovisual, ahí está la cantidad de podcast y youtubers que han requerido a la autora para explicar su versión de los hechos, indiscutible ayer y tan a la contra hoy,

Testosterona, de Carole Hoover. Traducción de Álex Guardia Berdiell. Arpa Editores,2022. 335 páginas. 

sábado, 31 de diciembre de 2022

2022 en El Niño Cabra. Los básicos vistos y leídos en estricto orden alfabético

 EN CINE

- Blonde, de Andrew Dominik. Netflix.

- Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa.

- El hombre del norte, de Robert Eggers.

- El prodigio, de Sebastian Lelio. Netflix.  

- La consagración de la primavera, de Fernando Franco.

- La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal. Netflix. 2021

- La tragedia de Macbeth, de Joel Coen. Apple TV. 2021

- Mantícora, de Carlos Vermut.

- Mass, de Fran Kanz. 2021

- Memoria, de Apichatpong Weerasethakul

- Ninjababy, de Yvngild Sve Flikke 2021

- Sundown, de  Michel Franco.

- Suro, de Mikel Gurrea.

- Un día, una noche, de Isaky Lacuesta. 

EN LIBROS

- Basilisco, de Jon Bilbao. Impedimenta, 2020.

- Cómo guardar ceniza en el pecho, de Miren Agur Meabe.  Bartleby, 2021.

- Decir el mal: la destrucción del nosotros,  de Ana Carrasco-Conde. Galaxia Gutenberg. 2021.

- El hijo del chofer, de Jordi Amat. Planeta, 2020.

- Hamnet, de Maggie O´Farrell. Libros del Asteroide, 2020.

- Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena. Lumen, 2022.

- Los galgos, los galgos, de Sara Gallardo. Malas tierras, 2021.

- Mundo hormiga, de Charlie Kaufman. Barrett, 2021.

- Nadie nace en un cuerpo equivocado, de José Errasti y Marino Pèrez Álvarez. Debate, 2022.

SERIES

- Esto te va a doler, de Adam Kay. Movistar+

- La asistenta, de Molly Smith Metzler. Netflix.

- La unidad, de Dani de la Torre y Alberto Marini.

- Nasdrovia, de Marc Vigil. Movistar+ 

- No me gusta conducir, de Borja Cobeaga. TNT.

- 800 metros, de Elías León Simiani. Netflix.

-  The Good Fight, de Michelle y Robert King. Movistar+





 

 

sábado, 10 de diciembre de 2022

CERBANTES PARK (2022)


 Provocador título el de la primera novela del barcelonés Carlos Robles Lucena (Terrassa, 1977).Provocador para los guardianes ortográficos de marca blanca que siguen pululando por la red y por algunas aulas también. La be larga con la que Don Miguel firmó todo es la misma que aparece en el retrato de Francisco de Quevedo reproducido en serie por los manuales escolares.  La grafía vintage anticipa una historia de fracaso y derroición individual y colectiva desde un punto ciertamente original, que no es poco. El interés inicial de un comisario de exposiciones acerca de los parques de atracciones como catalizadores de la identidad urbana contemporánea, deviene en objeto de tesis doctoral y se materializa en empresa quijotesca con generosa financiación de nobles con inquietudes. El camino desde la intuición hasta el abandono es largo y se nos ofrece implacablemente a modo de via crucis por un narrador testigo clásico, amigo de intensidad intermitente del idealista burgués que da vida a la criatura y la va modificando a medida de sus ideales cambiantes hasta provocar su fin por tedio y edibta negativo. Desde un presente inhóspito, convertido en okupa  de unas instalaciones que se van desmoronando con estruendo, igual que Occidente, anhela dejar su  testimonio para las generaciones futuras. El lector va percibiendo su deterioro cognitivo mientras visualiza los tiempos dorados del parque. Este Robinson Crusoe náufrago por la literatura recuerda su pasado compartido con el Comisario por el barrio obrero que los sueños de grandeza de un intelectual no han conseguido subir de categoría. A la vez, se deleita en describir con detalle el mapa del parque, con sus atracciones y experiencias que ahora llamamos inmersivas para lectores, no visitantes, para los que la palabra escrita ya no es suficiente.  Un superviviente que se aferra a un proyecto abandonado por otros como la razón de su existencia.


Nos tenemos que conformar con esta voz rencorosa para comprender los anhelos del sumo hacedor del asunto, un hijo de la clase media del que no llegamos a conocer su verdadero nombre. La remembranza de tiempos mejores se va alterando con pasajes de la juventud expatriada de El comisario, fragmentos más convencionales de desventuras estudiantiles y cuitas existenciales que todo becario sabrá reconocer.

Sin duda, lo más atrayente de la propuesta es la interacción entre contextos dispares y sus decepcionantes consecuencias. El Comisario, producto del ahora casi fenecido ascensor social, y de honda raíz catalana,  logra materializar su proyecto merced al patrocinio de unos nobles de barrio noble de Madrid que buscan un cierto barniz filantrópico a la par que beneficios pecuniarios y de imagen. El plan megalómano disfrazado de hito de la industria cultural que no revitaliza el barrio pobre en el que se asienta y del que ha detraído ingentes terrenos de usos recreativos, sanitarios, educacionales, dotaciones básicas, más necesarias pero menos vistosas. Esa concepción del urbanismo acaparador de recursos, tan familiar para el español. Ponga un parque de atracciones dentro de su deprimida área residencial, o un recinto deportivo para eventos de élite, o un auditorio sin orquesta, o una ciudad del arte o de la justicia.

Esta propuesta de animación a la lectura radical encantará a los perpetradores de las nuevas leyes educativas, obsesionados con la diversión y el autodescubrimiento. No descartemos nada, que los fondos europeos hay que gastarlos.

Cerbantes Park, de Carlos Robles Lucena. Navona, 2022. 280 págs.

sábado, 19 de noviembre de 2022

COLAPSO O APAGÓN: LATAS Y PILAS

 


¿Por qué no podemos volver simplemente al siglo XVIII? 

Los millones de espectadores que han ido alternando estos meses anillos y dragones saben bien que las civilizaciones han ido naciendo, creciendo y languideciendo mucho antes de que a Edison y a Tesla se les apareciera su momento Eureka. ¿Por qué ese denuedo de los creadores por asociar el final de nuestra decadencia eterna a la caída de la red eléctrica?

Lo cierto es que la idea del Gran Apagón circula periódicamente entre los medios cuando están pobres de visitas, y más cierto es que volvemos a tener una guerra frente a nuestra cara en un país primermundista que, de verdad de la buena, está abocado a sobrevivir sin electricidad en un invierno del este. 

¿Y en materia de apocalipsis, preferiremos saber las causas, o ya tendremos bastante con las consecuencias? 



La producción francesa Le colapse, estrenada en Filmin y ahora disponible en Rtve Play, aunque solo en su versión doblada y hasta el 24 de diciembre, tiene su pilar en la más completa de las incertidumbres. No llegamos a saber nunca qué es lo que ha pasado exactamente. La falta de electricidad es solo una consecuencia, y en el capítulo final se alude al generalista concepto de “cambio climático”. El planeta se ha hartado de nosotros, y punto. 

En cambio, la versión no versión de Movistar+ exonera de culpa al ser humano. Es una fenomenal tormenta solar la que nos descabala el chiringuito.

En diez píldoras de entre 15 y 30 minutos, la producción francesa ofrece una panorámica de la desesperación en espacios y colectivos dispares. Unos cuantos cortes entre el antes, que se nos muestra calculadamente en el último capítulo, y el progresivo después: unas horas, unos días, unas semanas, unos meses. La concisión manda, y a un ritmo verdaderamente endiablado (La estación de servicio, el aeródromo), se demanda del espectador una entrega que parecía olvidada ya en estos tiempos de series vistas dormitando  a doble velocidad de reproduccion. No hay respiro ni hueco para la esperanza. Desde las primeras secuencias en un supermercado que se va a abarrotando y en el que ya solo se puede pagar en efectivo, pasando por la inutilidad de las profesiones de cuello blanco cuando de volver a vivir de la tierra se trata, hasta el postrer homenaje a No mires arriba (2021), la ética ilustrada es lo segundo que colapsa. Sin sorpresas. 

La propuesta española El apagón opta por la duración estándar de cincuenta minutos. Seis visiones del derrumbe por parte de seis prestigiosos cineastas patrios, cada cual con sus filias bien marcadas. Estructurada mediante una apertura y cierre que comparten trama pero no equipo creativo, es notablemente irregular en concepto y desarrollo, como era esperable. Cada cual verá qué peripecia y qué personajes le llegan más. En este caso, la apertura de Rodrigo Sorogoyen es atrayente por mostrar la perspectiva muy pocas veces abordada del conjunto humano que debe amortiguar las consecuencias de la inédita situación. Un reducido grupo de individuos altamente cualificados que forman ese núcleo al que el pueblo llano exige soluciones, dirigido por un concentrado Luis Callejo, en el que no faltan los expertos ignorados por los políticos. Original y excelsamente protagonizada por Jesús Carroza es la aportación del sevillano Alberto Rodríguez, que rescata a esa España vaciada de verdad que no nota la falta de electricidad porque nunca la ha tenido, en su choque con la voracidad del urbanita. 



El problema surge con el buenismo y la ingenuidad que impregnan los capìtulos dirigidos por Isa Campos e Isaki Lacuesta. La primera lanza imàgenes impactantes como la pista de pàdel de urbanización tipo devenida en gallinero y retrata de manera previsible y maniquea el terror de sus habitantes ante la invasiòn de sus pisitos por parte de menores no acompañados. En el cierre, las escenas ante el fuego de migrantes que cuentan a su blanca patrona sus terrible viajes a la Europa prometida para que ella y nosotros pensemos eso de que tan mal no estamos está muy cerca de caer en el sonrojo. El capítulo hospitalario de Raúl Arévalo nos recuerda inmisericorde que eso ya lo vivimos hace solo un par de años. 

En este sentido, la moraleja de franceses y españoles es cristalina. Ante una situación terminal, las ciudades son el infierno. Más vale retomar relaciones con los parientes del pueblo o tejer una red de contactos de gente con huerto.