cabra

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domingo, 24 de abril de 2022

COMPARTIMENTO Nº6: EXTRAÑOS EN UN TREN

Sin hacer ruido en la cartelera pero sembrada de premios llegó hace unas semanas lo nuevo del finlandés Juho Kousmanen, director de la celebrada El día más feliz en la vida de Olli Mäki (2016), según guion propio basado en la novela de Rosa Liksom.

La premisa de juntar a desconocidos en un espacio cerrado con una sustancial cantidad de horas muertas por delante nunca falla, sea en pantallas grandes o pequeñas. A esto se le añade el renovado interés por las nacionalidades de los forzosos convivientes:una finlandesa y un ruso,vecinos desconfiados siempre y ahora un poco más. El imaginario viajero en territorio ruso casi siempre ha tenido al tren como elemento vertebrador de las inmensas distancias y catalizados de experiencias, especialmente el mítico y aún poderoso Transiberiano. Inevitable recordar el irregular thriller del mismo nombre (Trassiberian, 2008), con Eduardo Noriega internacionalizando su rictus de maldad. En este caso vemos a una estudiante de arqueología finlandesa enamorada del país vecino y más concretamente de su casera en Moscú, por un lado, y de unos celebrados petroglifos enclavados en una remota localidad del ártico ruso que planea visitar en pleno invierno. Pero su amada intelectual moscovita, muy certera y paródicamente retratada en las primeras secuencias, cancela su participación en el viaje de manera inopinada y quizá solo quizá como pista de que el entusiasmo por la relación no es muy recíproco. De modo que la estudiante se embarca a Múrmansk compartiendo compartimento con un joven ruso cuyas primeras y segundas palabras hacia ella dejan claro que no ha asistido a seminario alguno sobre nuevas masculinidades. Por delante quedan dos días de viaje, con sus noches.

Pero esto no es una de esas pelis de tarde,sino una medida composición acerca de las distintas maneras en las que puede aparecerse la soledad, y las maneras de gestionarla, o asumirla. El poco lucido vagón de segunda es un personaje no menor. Todo en su interior invita al decaimiento. Que haya agua hirviendo gratis para el té lo hace si cabe más deprimente. La severa revisora que ignora las quejas de la muchacha y que la habría condenado a una experiencia traumatica en una de esas pelis de tarde o en algún autobús nocturno de Greyhound, ya puestos. Los caracteres pronto se desvelan con más aristas de las esperadas.  El tópico de las falsas apariencias reivindica su atemporalidad,  y ello es mérito tanto de su construcción como de la interpretación compenetrada de Seidi Haarla y Yurij Borisov.

El escenario estático y dinámico a la vez, la visión permanente de un rostro desconocido, la necesidad de llenar el tiempo impelen a los personajes de estos trayectos a romper el silencio, sin ser conscientes de las consecuencias. En el invierno ruso no hay lugar para el filtreo como en Antes del amanecer o Con la muerte en los talones. Todo está  sucio,es  brusco, hiriente, frío y aislado. Una coraza para la vulnerabilidad del alma. Porque si se baja la guardia, llegan las decepciones. Un trayecto hacia la demolición del horizonte de expectativas y del andamiaje emocional que todos cargamos, patrocinado por la ausencia de teléfonos móviles. 

COMPARTIMENTO Nº6 (2021)

Título original: Hytty nro 6

País: Finlandia

Duración: 107 minutos.

Dirección: Juho Kusmanenn

Guion: Andris Feldmannis, Juho Kusmanenn, Livia Ulman. Basado en la novela de Rosa Liksom.

Fotografía: Jani-Petteri Passi

Reparto: Seedi Haarla, Yurij Borisov, Drinara Drukarova, Vladimir Lisenko, Galina Petrova, Tomi Alatalo.

 


jueves, 24 de marzo de 2022

MUNDO HORMIGA (2021)


Poco aliciente se ve a priori en el debut novelesco de Charlie Kaufman. Un mamotreto de más de 900 páginas. Una portada arisca. Un título que puede inducir a confusión con los documentales de la 2. Minucias. Lo que realmente debiera hacer desistir al lector de fin de semana en busca de obsequios epatantes o libros al peso es el concepto "de autor". Esa idea que ha prosperado en las cabezas del consumidor medio como sinónimo de exquisitez y exclusividad suavizadas lo justo para combinar con la idea antitética de "para todos los públicos". Esta no es una novela de autor. El autor es la novela. No saber quién es Charlie Kaufman, no haber visto El ladrón de orquídeas, Olvídate de mí, Cómo ser John Malkovich, Anomalisa, Synecdoche. Nueva York o la más reciente Estoy pensando en dejarlo le excluye fulminantemente como lector y muchísimo más como regalador. Vaya a por algún thriller que no ponga en duda su comprensión lectora. No se apene. Charlie no se hará rico con esta novela, fruto precisamente de la ociosidad obligada por el parón pandémico y el vuelco de las grandes productoras hacia las sagas de superhéroes. 
En el caso contrario, tampoco ha de cantar victoria. Aunque las cosas irán más fluidas, a medida que se vaya haciendo un organigrama mental, o de pared para no perder la conexión entre las decenas de tramas y subtramas que  nacen, crecen, se reproducen y mueren como las protagonistas de aquel anuncio  a lo largo de noventa capítulos afortunadamente cortos y profusamente dialogados. 
En el comienzo de todo esto, un desconocido e hiperculturizado crítico cinematográfico, autor de al menos 75 monografías y graduado de otros tantos estudios en las más prestigiosas universidades. Un hombre blanco heterosexual que sabe perfectamente muy consciente de sus privilegios y de la pérdida de hegemonía de los suyos. Un aspirante a aliado que se obsesiona con el lenguaje inclusivo. Un hombre de gran nariz que no es judío. Un padre ausente con una hija directora de éxito que le ataca a través de su blog megafeminista. Una hiperhiperbólica caricatura del autor, que vuelca todos y cada uno de sus intereses y referentes en la construcción babélica de una peripecia fuera de los límites del espacio y del tiempo. Este crítico constreñido por su trabajo en una escuela técnica acepta un encargo periodístico y se traslada a Florida, donde tiene como vecino a Ingo Cutbirh, un huraño afroamericano que se destapa como el creador silenciado de la mayor obra maestra del cine de todos los tiempos, y la más larga también. El vecino muere inesperadamente durante la proyección, y el crítico encuentra en la película ignota la oportunidad de salir ambos dos del anonimato, pero algo falla. Toda la película se pierde y tan solo queda un fotograma. A partir de ahí, un hipnotista le ayudará, o no, a recordar los tres meses de película, que evidentemente ya no será la de su creador primigenio sino la hilvanada por el destartalado palacio mental de B. ¿Y las hormigas? Al final del cuento.
La catarata de referencias heroicamente enumeradas por el traductor de todo esto dejan ver sin pudor ni medida las filias y las fobias de B. a.k.a Kaufman, utilizando de manera indistinta los nombres reales de los aludidos o meros sucedáneos. Desde una progresivamente agotadora insistencia en la autocrítica socarrona de cada uno de sus trabajos como guionista y director hasta su mal rollo con el mismísimo Christopher Nolan, que se cree muy listo. Sorprende quizá su admiración por Judd Appatow,destacado representante de la nueva comedia americana, con parecido sentido del humor pero con  la cabeza en su sitio. Wes Anderson le gusta a trozos, no como el desafortunado Turrantino, del que deplora su apropiación de la cultura afroamericana y su afición por la violencia adolescente. De entre toda la maleza, sin duda destacan todos aquellos fragmentos en los que B. desparrama su conocimiento enciclopédico  acerca del hecho cinematográfico en todas sus facetas y sobre  su propio proceso de visionado y de creación, ciertamente esperpéntico.
El exceso es sin duda la marca de esta sátira postcontemporánea. Más allá de la neurosis privativa del autor y que el proceso creativo se parezca más a abrir un grifo y dejar el agua correr, asoman ecos de la mejor narrativa del siglo XX. Esas enumeraciones caóticas tan presentes en Borges, y ese humor entre abstruso y enloquecido de las obras maestras de John Barth y William Gaddis, a las que parece homenajear incluso en el tamaño. Tomando como modelo la muy merecidamente reivindicada en estas páginas Más extraño que la ficción (Marc Foster, 2006), el recién iniciado periplo literario del bueno de Charlie incluye su negativa a facilitar una imagen para la contraportada, y su aparente desconocimiento, según su editorial española, de que esta edición existe. Nada sorprendente. Se afirma también que el heroico traductor de todo esto acabó cortocircuitado y hubo de retirarse a una cabaña en Asturias. Desde aquí le pedimos un "cómo sobreviví a la traducción de Mundo hormiga".

Mundo hormiga (Antkind), de Charlie Kaufman. Editorial Barrett, 2021. 944 páginas. Ilustrador: Isidro Ferrer. Traducción de Ce Santiago.

domingo, 20 de febrero de 2022

CINE: DRIVE MY CAR (2021)


 Mucho hablamos de William Shakespeare como el gran intérprete de las pulsiones humanas pero, a un nivel más usuario de cotidianeidad, está claro que el que se lleva el título es el dramaturgo y cuentista ruso Anton Chéjov, santo patrón de los talleres de escritura, y un must en todas las temporadas teatrales. Son legión las adaptaciones en todos los formatos de sus textos más celebrados. La gaviota, Tres hermanas, El jardín de los cerezos y, sobre todo, Tío Vania, han calado excepcionalmente en un público burgués  que brega con el tedio y con la familia, ya sea en casas de campo o en pisos de ciudad. La historia de este hombre frustrado por todos sus poros ha servido también de catalizadora para la reflexión metaartística (véase Vania en la calle 42 de Louis Malle), pero siempre circunscrita a la interpretación occidental.

Por ello, esta magna obra de Ryûsuke Hamaguchi, que está arrasando en la cosecha de galardones 2021-22, incita a la curiosidad y al descubrimiento. La siempre de moda idiosincrasia japonesa también puede ser decodificada a través de los parlamentos chejovianos. O es que el ser humano proceda de donde proceda acaba sufriendo por las mismas cosas. De lo que no hay duda, es que tres horas de metraje son una ventaja a la hora de sumar capas a la reflexión. Tres horas que no se pasan en un suspiro, como publicitariamente han alegado todos los críticos menos uno , aun siendo una distribución temporal que se asemeja a la clásica en tres actos, al término de cada cual hay un punto de giro que insufla nuevo aliento a la trama. El primer acto se antoja excesivamente introductorio, algo que las sinopsis de la trama han entendido perfectamente, por más que los sucesivos descubrimientos hagan necesario volver a él.

Uno de los muchos méritos del director y guionista es el haber conseguido solapar con asombrosa sincronía el texto de Chéjov, más el de Murakami mismo con los eventos vitales del protagonista, un director e intérprete teatral que gusta de repasar sus textos mientras conduce, atendiendo a un ritual que le ayuda a sobrellevar su tragedia. Los personajes y sus cuitas cobran vida en un doble plano simbólico y material, desgranándose en el fraseo monótono de la cinta de cassette y en los ensayos de la obra misma en el marco de un festival teatral en Hiroshima, el verdadero germen de la historia. La vida imita al arte, una vez más, y el arte lo intenta con la vida, aunque quede algo artificial ese plurilingüismo en el que se sustenta la versión de la obra, que un espectador occidental será incapaz de captar.

El coche del título, un viejo Saab con el que el Yusuke mantiene un vínculo casi sanguíneo, es el espacio idóneo para desarrollar la relación  entre dos personas que irá evolucionando de lo laboral a lo personal, evidentemente. La imposición de una choferesa que le traslade desde su lejano alojamiento escogido adrede y la sala de ensayos supone un shock para él, y experimentamos su mismo sentimiento de intromisión en su intimidad. Sin embargo, el proceder casi robótico de la muchacha, que irá desgranando sus pizcas de humanidad escondida por el trauma, le convence de no renunciar a la escucha balsámica. Afortunadamente, la trabajadora no es una actriz frustrada ni hay conspiraciones cósmicas como en una hipotética versión estadounidense. El discurso chejoviano se destina más a hilvanar el nexo entre asuntos como la creación literaria, las relaciones de pareja, la traición, el duelo, la culpa, y en último término, la redención. Todo ello a través de una quietud, una serenidad y una evanescencia incompatibles con una conducción impetuosa con cambios bruscos o frenazos que hubieran descabalado esa delicada construcción discursiva. Y sirve además para aclarar la relación del protagonista con las del resto de caracteres, en especial el del joven actor al que escoge para hacer de Vania no por sus cualidades artísticas precisamente. Ahí radica la complejidad humana que tan fértil ha sido en la literatura contemporánea. Lo que lleva a querer trabajar con la persona que quebró su felicidad doméstica puede ser simple curiosidad,  deseo de cerrar etapas o la certeza de estar conectados. Sea como fuere, la larga conversación en el trayecto nocturno con la presencia casi invisible de Misaki es de lo mejor de la película, de una emotividad contenida apenas soportable. 

Título original: Doraibu mai kâ

Año: 2021

Duración: 179 min.

País: Japón

Dirección: Ryûsuke Hamaguchi

Guion: Ryûsuke Hamaguchi, Takamasa Oe. Historia: Haruki Murakami

Música: Eiko Ishibashi

Fotografía: Hidetoshi Shinomiya

Reparto: Hidetoshi Shinomiya, Tôko Miura, Reika Kirishima, Sonia Yuan, Satoko Abe, Masaki Okada, Perry Dizon, Ahn Hwitae.

Productora: Bitters End, C&I Entertainment, Culture Entertainment, Asahi Shimbun. Distribuidora: Bitters End, The Match Factory

Género: Drama

domingo, 23 de enero de 2022

HAMNET, de Maggie O´Farrell: vidas pequeñas insospechadamente grandes.

 HAMNET, de Maggie O´Farrell



Cuando uno indaga acerca de la considerada como segunda mejor novela de 2021 por el suplemento literario más leído (si es que eso existe), la búsqueda más recurrente es si lo que se cuenta en ella es verdad. Y parece ser que sí, pero la curiosidad solo nace a medida que sus páginas avanzan. Extremadamente difícil en estos tiempos es renunciar a toda información previa, a leer la sinopsis de la contracubierta, a los títulos de las reseñas, dejarse sorprender, en definitiva.  En este caso, diría que es casi obligatoria la renuncia. Diría, incluso, que la novela será más disfrutable cuanto menor sea el conocimiento enciclopédico del asunto. Algo raro de ver, sin duda. Solo así la inteligente decisión de la autora irlandesa de reviste de pleno sentido. De esta manera, lo que se nos cuenta en un ejercicio magistral de equilibrio entre el mundo real y los cuentos de hadas es el proceso de un duelo, una historia de renuncias y un retrato delicado, emocionante y documentadísimo de la vida doméstica en la Inglaterra rural del siglo XVII. 

El protagonista no es ese famoso dramaturgo de cuyo nombre todos se han acordado. Considerarlo de otra manera es omitir la intencionalidad del punto de vista. La figura paterna que entra y sale de las vidas de los personajes no es nombrada nunca. La maestría en su construcción radica en que,a través de sus acciones, de sus palabras, de sus pensamientos, va brotando en el ilustrado lector la evidente similitud. Y, en este sentido desemboca el relato, claro está. Sin embargo, que  luego el lector haga sus comprobaciones o no, debiera influir bien poco en el regusto final. 

El pequeño Hamnet es ejemplo evidente de lo que Don Miguel de Unamuno llamó la "intrahistoria". Su peripecia vital no deja de ser extraordinaria a pesar de que las vicisitudes del siglo la hicieran desgraciadamente común. El juego entre lo que pasó, lo que sabemos, lo que el narrador cuenta y lo que la autora imagina está trenzado con enorme maestría.  A través de la alternancia de planos temporales, se exploran los dificultosos contextos vitales que perfilan el carácter de los personajes. En una campiña onírica, alejada del bullicio y del peligro de las nacientes ciudades, crece Agnes, la madre de Hamnet, que siempre fue diferente. Es ella, y en ella muchas mujeres, la verdadera depositaria del relato. Un espíritu libre que se resiste a ser amoldado por los que le rodean. 

No hay asomo de  sentimentalismo y cursilería, que parecen ser cosustanciales a las historias con raíz rural. Ahí está, por ejemplo, el hit Yo canto y la montaña baila, de Irene Solá. Hamnet no es ningún ejercicio de nostalgia de laboratorio para urbanitas, ni necesita dar voz impostada a animalillos para transmitir el aura de una naturaleza que mantiene con el ser humano una relación de beneficio mutuo.Siendo esta una historia de interioridades, cada vez que el narrador sale a tomar el aire, la sencillez  y el rigor, y un cierto y necesario toque de humor impregna sus palabras. Ahí están de muestra la relación de Agnes y las plantas y la clarividente explicación de la llegada de la peste a las islas. Demoledora relación entre causa y efecto en personas normales que hacen su vida ajenas a lo que se les viene encima. Que cada cual haga su propia lectura más o menos contemporánea. 


HAMNET, de Maggie O´Farrell. Traducción de Concha Cardeñoso. Libros del Asterioide, 2021. 350 p.


domingo, 26 de diciembre de 2021

LA ÚLTIMA DEL AÑO. SILENT NIGHT (2021)

 



Para los que gusten de una buena sincronía de fin de ciclo, Silent Night, de la debutante Camile Griffin, es su película, doblemente adecuada, como ya se verá.  Debutante en dirección y guion de largometraje, no así en la industria, lo que ha posibilitado un reparto de campanillas con Keira Knightley, Matthew Goode, y el primogénito de la directora, Roman Griffin Davis (JoJo Rabbit) de estandartes. 

En consonancia con los más de veinte meses de caos en los que vivimos, la historia apuesta por una mezcla irregular entre diversos tonos. El inicio de comedia romántica británica, género muy afín a estos días, recupera los mejores momentos de cintas como Los amigos de Peter o Reencuentro, con idéntica premisa y presumible desenlace catártico. Cuatro amigos de internado elitista, perfectos hasta en su multirracialidad,  se reúnen para pasar el día de Navidad, porque la verdadera familia es la que se escoge. Escenas típicas de postres olvidados a última hora y de amigas obviadas porque total, si estos rituales les ponen de mal humor. Pero extrañas alusiones a avisos del gobierno y una extravagante discusión infantil acerca de si el gas venenoso es de origen ruso o si por el contrario es otra conspiración de los poderosos van salpimentando el almuerzo. Con este progresivo oscurecimiento de la trama, las confesiones maceradas en alcohol adquieren muecas de despedida, y el espectador comienza a atar cabos y a elaborar insospechadas sinergias con cierto acontecimiento planetario que nos acongoja ya seis veces. Los mohínes encantadores del personaje de Knightley, tan seña de identidad como la carcajada de Julia Roberts, no pueden ya omitir la tragedia que aguarda al finalizar el día. 

Art, el hijo mayor del matrimonio anfitrión, es de largo el personaje más maduro y más implicado con los hechos funestos que se aproximan. Mientras los adultos se entretienen en reproches marchitos acerca de quién se acostó con quién en la adolescencia, Art no puede evitar la consulta insistente de la app gubernamental donde se exhorta a todos los ciudadanos a hacer uso de la pastilla Exit, facilitada a todos ellos. ¿A todos? No. Como se queja Art a su "posh" padre, los inmigrantes ilegales y los sin techo no tienen derecho a ella, de lo cual se infiere que su destino es aún más tenebroso que el de los contribuyentes británicos.

Así las cosas y asumido el desenlace, los puntos de interés de la historia radican en las diferentes fases que cada personaje está atravesando en relación al evento. El empeño por mantener la vieja normalidad se va tornando más patético con cada réplica. Desde el negacionismo tibio hasta las prisas por el examen de conciencia, o la prioridad de un ser no nacido. Este último dilema es defendido con energía por la novia veinteañera de uno de los comensales, encarnada por Lily-Rose Depp, objeto de desprecios de edad y de clase pero que, al igual que Art y en menor medida sus hermanos mellizos, carga con la mayor dosis de raciocinio dentro de esa casa de campo prestada para la ocasión por la madre de la anfitriona. Personaje también curioso este último, interpretado por Trudie Styler, también productora de la cinta. Decimos curioso desde una perspectiva mediterránea en la que dejar sola a la abuela en la encrucijada definitiva de su vida, de todas las vidas, se antoja casi contra natura. 

Aun con todos sus defectos, Sitges galardonó merecidamente su guion osado y con destellos de oscuro humor y agraciado a posteriori con un nuevo subtexto con el que poder calificar a la creadora con cualquiera de esos adjetivos que son tendencia y terminan en -ista. Se agradece bien este aporte a la disolución del mito navideño. Y el plano final. 

Título original: Silent Night

Año: 2021

Duración: 90 m

Dirección y guion: Camille Griffin

Reparto: Keira Knigtly, Matthew Goode, Roman Griffin Davis, Anabelle Wallis, Lucy Punch, Lily Rose Depp, Rufus Jones,Gilby y Hardy Griffin Davis.


martes, 23 de noviembre de 2021

PIRATAS, DE PETER LEHR

  Piratas

 

En la sección de ensayística ligera que de unos años para acá se ha hecho hueco en editoriales y estanterías pueden distinguirse claramente tres tendencias: la ligera con ínfulas, la que tiende puentes con los sesudos tratados y que suele premiar Espasa, y la ligera sin complejos, no sistemáticamente rechazable, y que aborda temas clavados en la imaginería popular con soltura y sin renunciar a dosis de medida erudición. En este último bloque de clasificación tan casera encaja estupendamente el último libro del alemán Peter Lehr, con título tan conciso como atrayente y subtítulo con vocación panorámica. Piratas, una historia de los vikingos hasta hoy, publicada en Crítica, (Planeta, al fin y al cabo), es una lectura asequible, entretenida y con la fórmula justa entre anecdotario y dato histórico, pasado y presente que puede leerse de una sentada durante un trayecto en tren, pongamos de Madrid a Barcelona. O para desengrasar después de algún filósofo alemán/coreano/esloveno superventas. 

El subtítulo original da dos buenas pistas acerca de la demarcación cronológica y geográfica de la propuesta. A New History, From Vikings to Somali Raiders. La nutrida bibliografía, en una sola lengua, que ocupa las páginas finales da cuenta de los anteriores estudios acerca del fenómeno, que se remotan casi a sus mismos orígenes. Faltaba la actualización respecto al resurgir de la piratería más mediática entre los años 2004 y 2012. En este sentido, el autor acierta al escoger los tiempos más cercanos para abrir y cerrar la investigación, en una suerte de desenlace circular.  En la rememoración de esos tiempos más cercanos va apareciendo uno de los rasgos mejorables del texto: la reiteración. La aventura con final feliz del Capitán Phillips del Maersk Alabama ya es patrimonio cultural de la humanidad desde que Tom Hanks le hizo su enésimo héroe, y es un ejemplo  ya manido. Al igual que la insistencia en la ecuación "Puerto seguro (para los piratas) igual a puerto donde no hacen preguntas".  La intención divulgativa queda patente en la introducción y en el primer segmento de la obra, donde recordamos la necesaria distinción entre pirata y corsario que va a marcar el devenir del colectivo a lo largo de los siglos. Los vaivenes de la geopolítica se destacan como cruciales más allá de las ambiciones sociales y económicas que han ido empujando a la mar a individuos desesperados. Las tres divisiones cronológicas (700dc-1500, 1500-1914 y 1914 actualidad) poseen la misma estructura y llegan a las mismas conclusiones.

Este repaso entre lo erudito y lo popular del universo filibusteril no podía obviar ni el Caribe,  ni la isla Tortuga y ni a  las estrellas del negocio como Sir Francis Drake o Sir Henry Morgan, encarnaciones nítidas de la relación bipolar que los grandes imperios han tenido con estos personajes ni tan libres ni tan autosuficientes como los poetas románticos y ese famoso de Disney encarnado por ese actor cancelado del que usted no puede hablarme (personaje por cierto no mencionado en el libro pero sí en las entrevistas promocionales) nos han hecho creer.  

En el haber de la obra está sin duda su apertura a Oriente, donde nunca han faltado las figuras destacadas, los puertos francos y las rutas peligrosas. En el debe, la ausencia de referencias literarias. José de Espronceda hubiera sido el nexo idóneo entre el anglocentrismo de la obra y las tres referencias explícitas a lo hispano, que resultarán curiosas al lector de aquí. La primera es la aparición estelar de Don Pero Niño y de Alonso de Contreras, dos corsarios al servicio de distintas coronas que parecen haber sido silenciados en la lista de compatriotas ilustres. La segunda son las líneas dedicadas a  Roger de Flor, personaje rescatado en estos tiempos de renacer nacionalista, responsable de la Gran Compañía Catalana  formada por caballeros desempleados tras la paz de 1302 y reconvertidos en esforzados mercenarios al servicio no precisamente de la difusión de la lengua y la cultura de su patria,  como se ha pretendido hacer creer desde ciertas instancias al mencionar con orgullo la huella dejada en Córcega y otros parajes mediterráneos. Poco consciente quizá de las sensibilidades, Lehr le recuerda como pirata, o como corsario, dependiendo de si luchaba para un señor o para ellos mismos.El tercero es la mención con sorna a la Operación Atalanta, promovida por la Unión Europea para atajar a los sonoros piratas somalíes. En esas líneas, que omiten extrañamente el secuestro del pesquero vasco Alakrana, se describe la utópica intención del gobierno español de tener vigilado cada kilómetro de costa susceptible de proporcionar apoyo logístico a los piratas, y la respuesta más realista de las instituciones europeas.

Nada impostada e históricamente justificada es la presencia de tres mujeres ilustres. Mary Read y Anne Bonny, coetáneas e incluso compañeras de barco, se labraron fértiles carreras al mando de tripulaciones masculinas, y la gran reina pirata china Zheng Shi. A partir de su figura, nos enteramos, los occidentales, que China también fue una potencia en estas lides, y que Macao, por ejemplo, mucho antes de los casinos, fue la isla Tortuga del sudeste asiático. Lamentablemente, estas pioneras no han tenido seguidoras. 

La piratería como fenómeno global gozó casi siempre de una respetabilidad social, desde las razzias vikingas hasta las incursiones de pequeños pesqueros simulados.  Ha prosperado, ya sea por penuria económica, codicia, caos diplomático, evanescencia política, connivencias o roces entre potencias coloniales, falta de voluntad e intereses comunes o falta de presupuesto de las metrópolis, o la perenne tibieza de la UE hoy en día. como en todo. Incluso por aburrimiento.Las reticencias al castigo contundente surgen bien por derechos humanos (los piratas juzgados en el país ofendido podrían pedir asilo, o acabar de taxistas en NY al acabar la condena, como afirmaba medio en broma medio en serio un diplomático). No han tenido mucho éxito los contratistas privados ni mucho menos la idea, estadounidense por supuesto, de armar a las tripulaciones. La tripulación, al menos ahora ya no ve sellado su pasaporte a alguno de los mercados de esclavos que tan importantes fueron para las economías de todo el mundo. Y parece que seguiremos esperando a los barcos robot que circulen sin miedo por el estrecho de Malaca. 

 

PIRATAS, Peter Lehr

Una historia de los vikingos hasta hoy. Ed. Crítica. Traducción de Yolanda Fontal.

Título original: Pirates. A New History, From Vikings to Somali Raiders.

© Peter Lehr, 2019

Originalmente publicado por Yale University Press


domingo, 24 de octubre de 2021

QUIÉN LO IMPIDE (2021): LOS ADOLESCENTES SON SERES HUMANOS Y TIENEN ALMA

 Esta reseña podría titularse también "No hay arrestos para hacer crónicas ficcionalizadas con treceañeros". Se confirma una vez más que los dieciséis y los quince y medio son dulces para el cine. 

La apuesta de Jonás Trueba es radical solo en su duración, convenientemente segmentada en tres actos con dos intermedios de cinco minutos cada uno igualmente adecuados para una visita al baño que para el comentario y la reflexión que propone el autor director al inicio de la cinta. Los más previsibles apriorismos con los que comparar se desmoronan casi entonces. Quién lo impide no es Boyhood ni quiere serlo. Tampoco se ajusta al molde del documental, por más que las escasas críticas tengan necesidad de encuadrarla en algún lado. Una obra tan ambiciosa llamada a ser la "película-río" de la generación Centenniall o "blandita", como dicen algunos con mala baba por fuerza ha de ofrecer un discurso variado en técnicas y recovecos. El comienzo y el final con sendas videoconferencias como signo de los tiempos amarran la propuesta en un verismo inapelable, pero la escena inicial en la que el director demiurgo da indicaciones acerca de cómo recrear un grupo de mediación con situaciones ficticias es una buena pista. En este sentido, cabe recordar La clase (Dans les murs) de Laurent Cantet como ejemplo. O la obra teatral Future Lovers de la compañía La Tristura, en una visión más de realismo poetizado de las cuitas de estudiantes del primer mundo.

Trueba proporciona momentos de gran calidad narrativa (tiempo tiene para ello), y los combina con gran acierto con secuencias en las que los actores/participantes comentan las imágenes de sí mismo como si estuvieran en un visionado preestreno o incluso leyendo el guion con acotaciones incluidas. En otros momentos es el mismo director el que describe lo que el espectador está viendo. La sensación de azoramiento que transmiten los jóvenes protagonistas al verse a  sí mismos es realmente auténtica.

Lo cierto es que Jonás Trueba apuesta con caballo ganador. La sociedad adulta siente que está en deuda con las últimas generaciones, y tiende a disculparse y a disculparles a la menor ocasion. La culpa es del sistema educativo siempre, del capitalismo o del neocapitalismo o del liberalismo o de la redes sociales que fagocitan sus mentes en formaciòn, o de  los endiablados horarios laborales que obstaculizan la fluida comunicación familiar. Por eso la recepción de esta propuesta ha de ser necesariamente dispar entre los que no tienen adolescentes en su entorno, los que los tienen pero de uno en uno o de dos en dos y los que trabajan con ellos en grupos de treinta. Los adultos de los dos primeros casos salen de la sala con la satisfacción del deber cumplido. Ya entienden a la chavalada. Han confirmado que en algunos sigue viva la chispa de la rebeldía, que aún quieren cambiar el mundo. Que pueden sentarse a hablar de política en una mesa camilla. Se enternecen al comprobar que hay cosas que no cambian, como las primeras sutilezas del amor o los clandestinos encuentros alcohólicos en los viajes de fin de curso. Los adultos pertenecientes al tercer colectivo quizá, solo quizá, concluyan algo diferente. 

Se darán cuenta de lo importante que es la selección de participantes. Los adolescentes seleccionados pertenecen a tres institutos de educación secundaria públicos (se agradece la confianza), y eso ya es una toma de postura. Como también lo es la variedad estética de algunos de los chicos y chicas, que sean músicos, lectores impenitentes, y que dos de esos institutos sean de lo mejorcito de la red pública, lo que permite esos veraces momentos de debate en los mismos recintos educativos o de reflexión en el dormitorio, ese castillo inexpugnable.

También apreciará qué ocurre cuando al adolescente se le da ese espacio tan exigido de libertad de expresión, espacio desde luego no extirpado en las aulas por más que desde fuera se haga ver lo contrario. Cuando el adolescente obtiene ese espacio, resulta que se se expresa con frases sin terminar, afirma que la Ilustración no ha llegado a España, que vivimos en una pseudodictadura, o confunde en una visita cultural sintoísmo con sionismo y nadie osa corregirles. Cómo osar.

Hoy por hoy, las opiniones adolescentes tienden a ser despreciadas por una parte, y a ser sacralizadas por otra. La contraargumentación razonada no cabe,  el argumento de autoridad se confunde con autoritarismo, como tantas otras cosas, Del mismo modo, al cabo de las horas de ver a juventud airada se termina extrapolando lo que se ve con el conjunto de ese segmento de edad en general, olvidando que, ya sea documental, falso documental, documental ficcionado o ficción sin más, ha habido un cásting. 

Quién lo impide es el himno que se entona durante el tercer acto, de explosiva catarsis en otro espacio pública de expresión de esos que dicen que no hay. Cantar y gritar que quién impide conseguir tus sueños es la única concesión al mr wonderfulismo en una obra con aristas. Pero llegó la pandemia y todo ha de ser reformulado. En medio de una parálisis inédita de los gigantescos engranajes del mundo, Zoom es la única vía de contacto, y es ahí donde emergen con mas intensidad las incertidumbres y las incredulidades. Esos momentos de por qué me está pasando esto a mí son de lo mejor de la película. Jonás Trueba aprovecha con maestría la coyuntura para mostrar de verdad la indefensión de sus protagonistas, que ahora sí tienen quien impida sus sueños.

TÍTULO: Quién lo impide

AÑO: 2021

DURACIÓN: 220 minutos

DIRECCIÓN: Jonás Trueba

GUION: Jonás Trueba

MÚSICA: Rafael Berrio, Alberto González, Andrei Mazga, Pablo Gavira.

FOTOGRAFÍA: Jonás Trueba

REPARTO: Candela Recio, Pablo Hoyos, Silvio Aguilar, Pablo Gavira, Claudia Navarro, Rony-Michelle Pinzaru.

PRODUCTORA: Los ilusos Films.

Premio a la Mejor interpretación de reparto y Premio Feroz Zinemaldía.