cabra

cabra
Mostrando entradas con la etiqueta "Oscar". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "Oscar". Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de septiembre de 2026

CINE: EL SER QUERIDO


Comencemos por lo evidente. La nueva película de Rodrigo Sorogoyen coincide lo justo justísimo con la muy celebrada Valor sentimental, de Joachim Trier. En caso de incredulidad, proponemos un programa doble, dado que la noruega hace tiempo que está disponible en plataformas. Principalmente, porque de sentimiento no va sobrada la propuesta española.

La trayectoria de Rodrigo Sorogoyen,uno de los cineastas patrios que más nos han de enorgullecer sin discusión, y la de Isabel Peña, su coguionista de cabecera, abarca un arco muy heterogéneo de intereses y de dimensiones artísticas, con la indagación en las relaciones humanas un tanto discordantes como punto en común. Podrían sorprender sus saltos, oscilando entre tesituras vitales extremas con más o menos fanfarria  (Antidisturbios, El reino, Madre, As bestas).o y los  dramas cotidianos de cenagosa hondura (Stockholm, Los años nuevos). 

Así pues, cabe preguntarse qué ha llevado al tándem Peña-Sorogoyen a desarrollar este capítulo arisco de la relación intermitente entre un padre, galardonado director, y su hija mayor, actriz en búsqueda de espacio. En pleno fragor promocional, ellos mismos están dando pistas al respecto y desmintiendo cualquier atisbo biográfico. y, sobre todo, el porqué de su llamativa apuesta por el estilo, no siempre con justificación en trama o lógica interna. Esto ocurre con los planos en blanco y negro, que, a priori pueden introducir segmentos de mayor subjetividad o incluso onirismo (precendentes hay de sobra), pero que terminan siendo de aparición más o menos aleatoria. No sucede igual con la enorme profusión de primeros planos y de movimientos de cámara, claves para presentar esas conversaciones de a dos que sustancian la historia. Llegamos aquí a reflexionar acerca de si se ha primado el ofrecer una clase magistral (en su sentido más amplio) de dirección cinematográfica sobre la creación de conexiones emocionales imprescindibles para compartir y entender qué lleva a los protagonistas a decir y a hacer. Merced a esta voluntad de estilo, entendemos que un mismo nimio suceso puede hacer reir o llorar, o incomodar hasta la molestia física. 

El que el reencuentro paternofilial se desarrolle en el entorno laboral de ambos, y que dicho entorno sea un plató cinematográfico dispara las expectativas, sobradamente colmadas, de asistir a intercambios dialécticos de jugosa enjundia.  Estamos avisados desde la primera secuencia, rodada en clave naturalista y fundamental para descifrar las claves de esa segunda oportunidad que el director consagrado busca para reconducir una primera paternidad presumiblemente temprana, y que coincide con su atrevido debut en la profesión. 

Instalada en la hipérbole la crítica en general, lo cierto es que son pocos todos los elogios al trabajo del dúo protagonista. En un drama de personajes, la elección de interpretes lo es casi todo.  Javier Bardem entrega un personaje algo previsible en lo antipático y en lo egocéntrico que debe ser todo artista,  ambiguo en sus intenciones, y que se va descubriendo en sus debilidades según interacciona con su equipo y, en escasas pero significativas escenas, con su familia, la segunda. Enfrente, Victoria Luengo defiende un rol muy muy complicado. Es la hija primogénita abandonada, que opta por una postura de enfrentamiento y cuestionamiento constante que termina siendo el pilar de la película. En una relación claramente asimétrica en cuanto a éxito vital y profesional, su actitud consciente o no de saldar cuentas en medio de la oportunidad de su vida no va a concitar mucho apoyo en el patio de butacas. Valiente el guion en este sentido. Lamentablemente, este duelo al sol del Sáhara opaca al resto de participantes, merecedores de más líneas y que, en la mayoría de las ocasiones, se limitan a reaccionar a las turbulencias de la espiral Esteban-Emilia.

La reflexión acerca de si la obra artística de creación colectiva necesita en su creación de la tiranía y del abuso ronda en cada movimiento de claqueta.  

 

 Título original: El ser querido.

Año: 2026

País: España

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Raúl Prieto, Melina Matthews, Marina Fois, Pablo Gómez-Pando,  Miguel Garcés, Mourad Ouani. 

Música: Olivier Arson

Fotografía: Álex de Pablo 


 

 Título original: El ser querido.

Año: 2026

País: España

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Raúl Prieto, Melina Matthews, Marina Fois, Pablo Gómez-Pando,  Miguel Garcés, Mourad Ouani. 

Música: Olivier Arson

Fotografía: Álex de Pablo 

domingo, 25 de abril de 2021

UNA JOVEN PROMETEDORA (2020)


Tras el paréntesis pandémico, y toda vez que Occidente se ha acostumbrado al incómodo compañero vírico porque la idea del exterminio queda fea, los Oscar vuelven esta madrugada, con adaptaciones en el fondo y en la forma. En estos tiempos de paradojas que tragamos como si tal, algunos críticos han señalado el contraste entre la notable selección de competidoras y la falta de interés del público, que sigue sin poder acudir a las salas en la mayor parte del mundo (Madrid no cuenta). 

Esta desaparición, esperemos que temporal, de la proyección cinematográfica como acto compartido, debiera ser aprovechado por las plataformas multimedia que, hasta este año, han estado proscritas para el triunfo, que no para las nominaciones. Veremos. 

De momento, la ópera prima de la directora, guionista y actriz Emerald Fenell se ha colado en las categorías principales. Nunca sabremos si es por su vocación de "película necesaria", o porque es de las pocas que han podido estrenarse a tiempo  a la manera tradicional. Lo cierto es que, más allá de sus méritos y deméritos como obra artística, que ahora analizamos, lo tenía todo para salir más que airosa del trance. Una historia confeccionada y producida por mujeres con voz sobre mujeres sin ella, unos hechos traumáticos que pasan por rito iniciático en ciertos ambientes estudiantiles, achacables siempre a la víctima, que se ha de sacrificar doblemente durante la comisión del delito, y más tarde, para no interferir en las futuras siempre brillantes carreras de sus asaltantes. Basta con googlear unos minutos para encontrar los mimbres reales de la historia truncada de esa joven prometedora, que en realidad son dos: la protagonista, y su mejor amiga. En este sentido, es significativo que la historia transcurra en Estados Unidos siendo británico la mayor parte de los que aparecen en los títulos de crédito. En Europa no pasan estas cosas. 

Sin embargo, las potentes premisas y la ambición de abrir camino en la denuncia se diluyen en unas cuantas decisiones creativas bastante discutibles. Tanto como el prestigioso y bien conocido reparto enclaustrado en personajes excesivamente secundarios y reducidos a un solo rasgo. Si bien no hay discusión en que Carey Mulligan está fascinante y perturbadora, con su correcto acento del Medio Oeste, como  treinteañera recién estrenada que decide cargar con una cruz que no es suya y focalizar su existencia en un sucedáneo de venganza. Aunque algunos reclamaran a una actriz más atractiva para el personaje, como su misma productora Margot Robbie. 

Despojada de su chiclosa estética de instituto en peluquería y vestuario, noventera en la banda sonora y ochentera en la fotografía saturada de tonos pastel con trazos fosforito, asistimos a la típica historia de buenos y malos, presa de un vaivén errático entre tonos y géneros, salpicada de un autoproclamado humor negro que no escandaliza en absoluto. Con secundarios gruesamente trazados cuya misión principal es el alivio cómico, tenue, cuando sube la tensión dramática. Ahí están los padres de la protagonista, típicos padres estadounidenses que han visto frustrado sus derechos a presumir de hija médico en el club de golf y a montar un gimnasio en la habitación, aún inauditamente ocupada. Mucho que aprender tienen de las madres mediterráneas.

Merced a un encuentro casual con un ex compañero de facultad, Cassandra ve la luz y comienza a pergeñar la revancha definitiva, con mucha elaboración y pocos elementos dejados al azar.  El problema es  la verosimilitud, sacrificada en la mesa de dirección en pos del mensaje, bien subrayado con esos mismos tonos flúor. Sorprende constatar que todos los caracteres, ayudantes o antagonistas, se definen por el infantilismo, en diversas variantes. El pensamiento unidireccional de Cassandra, a la que la propia madre de la verdadera víctima le dice "no seas niña". La ex amiga superficial que tampoco ha culminado su carrera pero por la mejor de las causas, y, sobre todo y ante todo, los personajes masculinos. En alguna reseña benévola se ha dicho que "están llevados al extremo", Al extremo de la caricatura, añado. Evidentemente, esta no iba a ser una historia de equilibrado análisis de hechos, pero el ridículo de palabra y acción de todo el género masculino en pantalla estorba a la necesaria empatía que debiéramos sentir con las miserias que se narran. Solo uno se salva en su patetismo redentor, solo un aliado. 

Una vez más, la sororidad es un concepto con más espacio en el diccionario de la RAE que en la palpabilidad  de la vida. La inclinación aparentemente inevitable del varón hacia la depredación y la misoginia es transversal en cuanto a color de bien y nivel socioeconómico, como bien se trasluce en ciertos diálogos de la interesante Una noche en Miami, de Regina King, también nominada. 

Para los aficionados al comparativismo, es muy sugerente, y factible ahora mismo en salas, el programa doble con la estupenda Otra Ronda, de Thomas Vinterberg, con los efectos del alcohol como piedra de toque. Las conclusiones, se sienta uno o no identificado con los #MeToo que en el mundo han sido, son transparentes. El experimento pseudocientífico que llevan a cabo los profesores de la película danesa descarrilaría si fueran profesoras. "Solas y borrachas queremos volver a casa" es uno de los lemas del nuevo feminismo, el  de Twitter. Básico y tristón para las que se partieron la cara en los sesenta y ochenta, pero Mads Mikkelsen se puede permitir pasar la noche tirado en la calle durmiendo la mona y ser despertado intacto por sus amables vecinos. 

A PROMISING YOUNG WOMAN (2020)

DIRECCIÓN Y GUION: Emerald Fenell

PAIS: Reino Unido

DURACIÓN: 113 minutos

MÚSICA: Anthony B. Willis

FOTOGRAFÍA: Benjamin Krakun

REPARTO: Carey Mulligan, Allison Brie, Bo Burnham, Connie Briton, Jennifer Coolidge, Adam Brody, Laverne Cox, Alfred Molina. 

sábado, 17 de marzo de 2018

MADRE HAY MÁS QUE UNA (II): YO, TONYA (2017)



Una semana después de que el tío Óscar premiara la diversidad concentrada en una sola película , sigue siendo llamativa la amplia gama de madres que hemos conocido en esta temporada de cine.
La señora Harding y su derecho inalienable al sueño americano vía filial nos recuerda de inmediato a otro gran villano y padre de deportista: el señor Agassi, en la estupenda biografía de su hijo André (Open, Duomo ediciones).
No deja de ser admirable la perseverancia de algunos súbditos del imperio por desmontar su propia mitografía. Si hace unas semanas se estrenaba con sigilo The Florida Proyect, días después nos llegó esta biografía semidocumental, con algo más de resonancia debido a la candidatura, cristalizada, de Allison Janney como mejor actriz de reparto y a la injustamente relegada Margot Robbie.
La truculenta historia marcó el inicio de los años noventa y era cuestión de tiempo su llegada a las pantallas. El director Craig Gillespie opta muy inteligentemente por cargar las tintas en el tono de farsa surrealista que destilan las entrevistas reales de los intervinientes en la maléfica trama. (En este sentido, el cartel promocional del filme no deja lugar a dudas). Es la crónica de una mentira, la de que cualquier estadounidense puede llegar a lo más arriba desde lo más bajo, y sobre todo, la radiografía de una sociedad que envuelve sus prejuicios en brillante papel de regalo.
La otrora reina malvada introduce los retazos más destacados de sus comienzos, su auge y su caída, sin lamentaciones y con la distancia típica de los que ya no se lamen las heridas ni observan cada día sus cicatrices. Aunque llega tarde para reparar su imagen, el espectador de este siglo no puede evitar eximirla de toda culpa, más aún tras la aparición en escena de su archienemiga archiperfecta Nancy Kerrigan, la víctima de un descacharrado plan digno de cualquier de las versiones de Fargo.
En este punto se impone la crítica sociológica. Tonya, que asume ser parte de la “basura blanca”, y Nancy, criada en la muy elitista, intelectual, demócrata y europea Costa Este. Tonya se da cuenta por las malas de que el hacerse a sí mismo tiene límites en cuanto a la mercadotecnia se refiere. Su pública crucifixión era la consecuencia lógica de ser una chica mala. Todo lo contrario a otros casos ejemplares de superación de la adversidad a través del deporte más exigente. La gimnasta Simone Biles, merecedora de todos los honores como deportista y como persona sería la fotografía en color, y nuestra poco afortunada patinadora, el blanco y negro.
Desde el punto de vista técnico, queda claro desde el inicio de que no estamos ante un documental, sino ante un trabajo de ficción excelentemente rodado. Las secuencias de patinaje se suceden a un ritmo adictivo. La narración, perfectamente medida, no decae jamás. Sin momento para el tedio, se van sucediendo las apariciones de unos personajes tan de tebeo que sólo pueden existir de verdad. La sonrisa se torna en mueca más de una vez (el reencuentro de madre e hija tras el hecho), y, como contraste a las diversas odas al periodismo que han jalonado el último cine, la sutil pero ácida crítica a la noticia como alimento para las masas. El plano último del televisor nutrido con el nuevo escándalo, la rueda que nunca se detiene.