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domingo, 28 de diciembre de 2025

UNA INCOMPLETA LISTA MINIMALISTA DEL MÁS O MENOS RECÓNDITO CINE EN ESPAÑOL DE 2025 POR ESTRICTO ORDEN ALFABÉTICO


De modesto presupuesto, con una excepción, y demostración de que una crítica entusiasta ya no lleva a casi nadie a las salas, con dos excepciones. Casi todas disponibles en alguna de las plataformas habituales.

1.  Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo. El amanecismo vive, la lucha sigue.

2.  El jockey, de Luis Ortega. El cine argentino sobreviviendo a la motosierra.

3. El talento, de Polo Menárguez. La música no amansa a las fieras.

4. La furia, de Gemma Blasco. El teatro como búsqueda infructuosa de la sanación.

5. La niña de la cabra, de Ana Asensio. Por parentesco, la favorita de este blog.

6. Madrid, ext, de Juan Cavestany. La meca de la libertad es ya solo carcasa.

7. Miocardio, de José Manuel Carrasco. Las segundas oportunidades se pueden ensayar.

8. Muy lejos (Molt lluny), de Gèrard Oms. Qué frío hace en Holanda.

9. Polvo serán, de Carlos Marques-Marcet. Que ni la muerte nos separe.

10. Sirat, de Oliver Laxe. De cuando Almodóvar nos regaló al Pensador Cineasta Definitivo.

11 Subsuelo, de Fernando Franco. Las relaciones fraternas son turbias desde la Biblia.

12. Una ballena, de Pablo Hernando. Todos tenemos una en nuestro interior.

13. Una quinta portuguesa, de Avelina Prat.  Medicina para la vista y para el alma.

14. Votemos, de Santiago Requejo. Qué modernos nos autopercibimos hasta que. 


domingo, 26 de mayo de 2024

CINE DE 2022 EN 2024: LA MESITA DEL COMEDOR


Lejos de focos deslumbrantes y alfombras rojas, el cine español esconde cada temporada un número no desdeñable de obras que logran el milagro de su rodaje pero no el de la distribución en salas. O, si los astros se conjuran, obtienen una pírrica semana, como el flagrante caso de La espera, sin plataforma que la quiera aún. Así, pasan al almacén de lo ignoto, como esas pinturas languidecientes en los fondos de los museos, o peor aún, en un puerto franco de alguna ciudad noreuropea. Allí pueden permanecer para toda la eternidad si las redes, oráculo de nuestro tiempo, no avisan de su existencia en forma de mensaje admirado y estupefacto por el tesoro descubierto. 
El 22 de noviembre de 2022, según Filmaffinity, se estrenó en salas la segunda película del director catalán Caye Casas, La mesita del comedor., una comedia de horror. Otras fuentes afirman que ni siquiera eso. En la web de referencia Taquilla España no figura entre las 492 películas españolas según recaudación proyectadas en alguna sala en algún momento de dicho año.  La paradoja de Antares, igual de estimable y desconocida, ocupa el puesto 411.  El mismo Casas, una vez resucitada su obra, no se ha privado de airear rechazos como el del Festival de Sitges, el ecosistema natural del género en nuestro país. 
Y de repente, un tuit de Stephen King, nada menos, y nadie se atreve a presumir de que ya conocía."The Coffee Table".  Y después del tuit, días de ansiedad e incertitumbre por tener acceso, en su país de origen a "la película más negra que jamás habrás visto", y "el sueño más oscuro de los hermanos Coen".  Y después, Filmin, que aparentemente ya la tenía apalabrada, adelanta su estreno en lo que va a ser una de sus adquisiciones más rentables. Sí, los prescriptores siguen existiendo.
La pregunta, ya respondida en múltiples foros, evidentemente: ¿Es para tanto? La respuesta, bastante compartida, es que no. Cualquier espectador que haya asistido a un taller de escritura. y también los aficionados al corto sabrá que no todas las historias dan para un largo o una novela.. Esta es una de ellas. Contiene además, todos los elementos iniciales  de los grandes relatos de misterio, incluidos los del mismo Stephen King: una certera presentación de personajes y una premisa imbatible, de dejar la mandíbula colgando. Pero como los grandes relatistas saben, cuanto más alto se pone el punto de partida, es más difícil mantener el tono. Lean a Horacio Quiroga. Así que, tras los segundos acongojantes con los que se cierra la primera media hora, la curiosidad es máxima por el devenir de la peripecia vital en la que ha mutado la  existencia estándar de David, padre recién estrenado. El horror que desencadena el mueble del título no desentonaría en un cuento modernista de Felisberto Hernández. Siendo tan solo el detonante que opaca una galería de personajes hoscos y turbios, en los que se lleva la palma la vecinita adolescente, comparada por algunos con alguno de los vástagos del diablo que han campado por el celuloide. Su trauma será su karma. 
En una producción que rebosa modestia y unas dosis de autorreferencialidad simpática solo permitidas en las obras autogestionadas (ese Cayetanín) , la labor de dirección es fundamental. Ha de cristalizar, además  en un reparto que rellene todas las carencias. La sucesión de primerísimos planos de rostros cariacontecidos que miran una tortilla de patatas es una forma barata y eficaz de mantener la tensión hasta que llega el segundo y definitivo punto de giro. No defrauda la secuencia. 
David Pareja y Estefanía de los Santos recrean con precisión todo el arco de emociones por las que puede pasar un matrimonio antes, durante y después de esa tesitura, deseamos inédita para el 99,9 por ciento de los individuos. La aparición de Itziar Castro como amiga de la madre también estremece, aunque por motivos que King no entendería. Josep María y Claudia Riera como el hermano de David y su novia veinteañera no desentonan. La tremenda situación les libra de ser el saco de boxeo de unos padres cabreados, aunque los pobres no lo valorarán nunca. El vendedor  (Eduardo Antuña) que escoge el peor momento para querer ser amigo del cliente que se ha gastado mil euros en una mesita de diseño sueco y fabricación china pone el toque, más que de humor, de pena.

domingo, 6 de agosto de 2023

SERIES: LA NOCHE QUE LOGAN DESPERTÓ


 Xavier Dolan lo deja. El más prominente ejemplo de joven hombre orquesta en la cinematografía contemporánea, afirma estar harto de la escasa repercusión de sus obras. Un ejercicio de reflexión muy poco común dentro del colectivo del arte y ensayo, que podría ser contrarrestado por una buena conversación con nuestro Albert Serra. Desde aquí emplazamos a Xavier a ese encuentro. Seguro que encuentra una motivación renovada, no solo para rodar la producción "en estado embrionario" según sus palabras, que tiene acordada con HBO. 

Esta mala noticia es un punto para Filmin, una de las dos o tres plataformas que, lamenta el creador, han comprado la serie. Hay que decir, obra casi postrera que puede ser un enganche interesante para abordar sus restantes trabajos aun en sentido inverso. Porque aquí se muestran bien lustrosos todos los intereses y todas las obsesiones que han acompañado a Dolan desde su debut casi adolescente con He matado a mi madre (2009).  Su querencia por el melodrama familiar envuelto en esa estética feísta y decadente que quizá ahuyente más a un público potencial que el endiablado francés quebecois en el que rueda habitualmente, aunque opine lo contrario. 

En esta ocasión, Dolan vuelve a versionar una obra teatral de Michel Marc Bouchard, como ya hizo en Tom en la granja (2013). La pieza, estrenada en 2019, es la materia prima perfecta para que el de nuevo productor/director/guionista/montador/actor elabore un menú de alta cocina, con múltiples preparaciones y adaptado con precisión a las posibilidades que da el formato miniserie. Cinco episodios de apenas una hora de duraciòn, cada uno encabezado por el nombre de uno de los personajes principales. El esfuerzo por otorgar al espectador un punto de partida asequible cristaliza desde las primeras escenas. Madeleine,"Mado", la matriarca de la familia Larouche, agoniza en su cama y todo se prepara para el inminente final. Hay una caja de latón con recuerdos y una última llamada. A su alrededor van reunièndose sus hijos. Julien, el mayor, preso en un matrimonio anodino con Chantal, su novia de toda la vida, Denis, que parece funcionar de pegamento familiar a la par que mantiene su vida y su casa en una mugre absoluta, y Elliot, el pequeño, que sale de un centro de rehabilitación para despedirse de su madre. Este es el personaje que Dolan se reserva, y sus razones tiene. Todos ellos acarrean dificultosamente cicatrices del pasado de una herida compartida, recibida con perplejidad y asumida con resignación. Es en el segundo capítulo cuando aparece el personaje catalizador de la tragedia. Mireille, la hermana mediana, que ha estado veinte años haciendo su vida en Montrèal. A partir de ese momento, la información se va dosificando sabiamente y el espectador no familiarizado con los códigos del joven cineasta se va dando cuenta de que un dramón de sobremesa no es. Hay un secreto terrible que ha destrozado una familia, sí, pero la narrativa y el envoltorio es tan poco ortodoxo como cabía esperar. La sórdida historia se desvela pizca a pizca, tamizada de imágenes alucinatorias y recuerdos borrosos que se enredan entre sí hasta casi perder el equilibrio entre el suceso acaecido, lo soñado y lo que cada uno desearía que hubiese pasado. No solo Elliot o Julien, más proclives al onirismo por sus adicciones mal resueltas. Esta ceremonia de la confusión va a más a cuenta de la fenomenal banda sonora a cargo de nada menos que Hans Zimmer y David Fleming, amén de composiciones de Rufus Wainright y un momento cumbre de karaoke Céline Dion. Imposible ser más de la tierra. La factura estilística tan del gusto del autor, rebosa oscuridad y propuestas visuales incómodas que retratan a unos seres que, treinta años después de que sus vidas se fueran a la basura, tienen la oportunidad de aventurar una redención.