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domingo, 5 de marzo de 2023

CINE: ELLAS HABLAN (2022)


Un homenaje a la imaginación de las mujeres. Este es el leiv motiv con el que se presentó hace un par de años Women Talking, la segunda novela de la canadiense Miriam Toews, que se ha hecho un hueco entre la narrativa contemporánea de prestigio, publicada para el mundo hispanohablante por la siempre atractiva editorial mexicana Sexto Piso. Con este lema comienza también el largometraje homónimo dirigido por la otrora musa del cine independiente norteamericano con el que tantos universitarios gafapastas debutaron en la cinefilia de los noventa. 

Un punto de partida para no olvidar durante el transcurso de la historia, pues, aunque basada en tremendos hechos reales, solo toma de ellos la acotación inicial acerca del qué y el quién. El cómo ya difiere, y el dónde y el cuándo son directamente eliminados en favor de una indeterminación nebulosa que nos remite a  la universalidad y la atemporalidad, y elimina la idea balsámica de "eso ahora no pasaría", o "eso, en mi entorno, no pasaría". Sin olvidar la inclusividad del título original, desgraciadamente perdida en la traducción "Ellas hablan". 

La relación entre mujeres y habla ha sido construida desde el prejuicio milenario. El estereotipo de mujer que no calla o que solo abre la boca para criticar persiste en nuestras generaciones más jóvenes. No de otra manera se ha hecho necesaria la promoción del concepto de "sororidad", frente a la no menos estereotipada sana camaradería masculina. La adaptación de Polley es un canto muy consciente pero anacrónico a esa alianza que amaga por brotar entre esas mujeres que hablan, de manera harto elocuente a pesar de que se les ha negado el derecho a la formación más básica. Para los prejuiciosos, la película es eso, hora y cuarenta minutos de mujeres que hablan, bajo la inmortal regla de las tres unidades. Es de imaginar por tanto, una versión dramatúrgica que complete la tríada de éxito.

Una conversación apasionada en el piso de arriba de un granero, acerca de un solo dilema, quedarse y luchar, o irse, que debe terminar al anochecer de ese día. El único hombre en la habitación, y en la pantalla es August, el maestro y, como le esputan en algún momento, granjero fracasado, hijo de exiliados de la colonia, que vuelve para cambiar las cosas y porque está enamorado de Ona, una de las mujeres violadas y la que peor parte se lleva, al quedarse embarazada siendo soltera, y a la que Rooney Mara aporta firmeza y ternura. Además de un impactante plano inicial. Ben Wisham, en un rol muchísimo más contenido y compungido que en la fenomenal serie británica Esto te va a doler, cristaliza otro de los puntales ideológicos de la discusión, ese "no todos los hombres" hace ya tiempo convertido en meme pero no por sobado menos cierto. Hay que reconocer aquí la inteligencia del guion, al igual que en momentos de suma duda, como si dejar o no que los adolescentes las acompañen. La defensa razonada que hace de ellos el maestro será sin duda compartida por todos los que desempeñan este sufrido oficio.

La imaginación femenina marca no solo la ética sino también la estética. Los hermosos planos aéreos y a ras de hierba, las secuencias de niños y niñas jugando juntos, el improbable personaje trans, son solo una fantasía. El choque con la sangre, los golpes, las palabras de los ministros, la escuela vetada, es la realidad. La decisión de situar el culmen narrativo cuando el sol se ha ido, en un lugar que ha renunciado a la electricidad, hace que confluya la oscuridad en la que sobreviven esas mujeres después de los ataques, y la de la noche última que promete un nuevo día. Una negrura quizá excesiva para una sala de cine, amplificada por la partitura hipnótica de la islandesa Hildur Guðnadóttir.

Pero, al fin y al cabo, esta es una película de tesis. Y como tal, cae en la tentación de reiterar sus líneas maestras al espectador, que, no olvidemos, ya acude convencido. Se advierte, por tanto, cierta ansiedad y mucho esfuerzo en no dejar resquicio al cuestionamiento. Los caracteres que ejercen la contraparte, la de quedarse y luchar o quedarse y perdonar, están condicionados por la narrativa hegemónica de la colonia. Es el caso de Mariche (Jesse Buckley), una esposa maltratada que aguarda el regreso fatídico de su marido con una resignación digna de Solo ante el peligro y que vomita su rabia ante las que osan mostrarse vulnerables. Y, sobre todo, la casi silente y por ello demoledora aparición de Frances McDormand, a la sazón productora, junto con Brad Pitt. Aquí, con apenas unos minutos esparcidos por el metraje, llena la pantalla de una sentenciosidad contundente, implacable, emparentada con la Bernarda Alba lorquiana. 

Las exaltadas intervenciones de las veinteañeras y treintañeras encuentran su equilibrio en los parlamentos de las dos mujeres mayores, no ancianas aún, pero que se intuyen omitidas por los atacantes. Son ellas las que dan el punto de sensatez a la decisión que están a punto de tomar. El elefante en la habitación, o granero, que tensa desde el inicio el principio de verosimilitud (a dónde van a ir/las van a dejar irse), se va desvaneciendo en favor de la emoción y la épica.

TÍTULO ORIGINAL: Women Talking

AÑO DE PRODUCCIÓN: 2022

PAÍS:EEUU

DIRECCIÓN: Sarah Polley

GUION: Sara Polley, Miriam Toews, basado en la novela Women Talking, de esta última.

MÚSICA: Hildur Guðnadóttir

FOTOGRAFÍA: Luc Montpellier

REPARTO: Rooney Mara, Claire Foy, Jesse Buckley, Ben Whisham, Frances McDormand,  Judith Ivey, Sheila McCarthy, Michelle McLeod.


domingo, 29 de enero de 2023

TESTOSTERONA, de Carole Hoover

 

Arpa es actualmente la cabeza de cartel editorial junto con Capitán Swing en este tipo de ensayo ligero pero riguroso que responde a las necesidades informativas del público internauta hastiado de diálogos de besugos en Twitter. Dentro de su catálogo destaca, por su repercusión, La España de las piscinas, de Jorge Dioni y, con el título que aquí nos incumbe, es de agradecer que no esquive las polémicas más agrias. Título rotundo, sin el subtítulo en exceso explicativo del original (T: The Story of Testosterone, the Hormone that Dominates and Divided Us), y primeras páginas que subrayan el carácter de investigación científica que vertebra la obra. Reiteradamente se nos recuerda que no estamos ante un reportaje de entretenimiento con barniz de saber, sino  investigación de años por parte de una doctora por Harvard en biología evolutiva, que, evidentemente, va a escorarse hacia su propio terreno. Aun así se pliega a los deberes de la moderna divulgación en asuntos como tener que explicar lo evidente y confeccionar el relato con puntadas autobiográficas y una primera persona bastante más narrativa que científica. 
El enfrentamiento dialéctico que define la sociedad de nuestros días es sin duda el de biología vs. educación, o "nature vs. nurture", con mejor sonoridad. Carole Hoover se aplica a pinchar el globo del género como construcción únicamente social y por tanto maleable y modificable, y nos recuerda que los genes importan y que el cóctel hormonal rige nuestros comportamientos, aunque la mezcla vaya variando y podamos interferir en su composición. Se dirige a los que ella llama "escépticos de la testosterona desmontando sus tres  premisas principales: La escasa diferencia entre la T en hombres y mujeres, la escasa influencia de T en el desempeño deportivo, y la escasa repercusion de T en el pensar y obrar masculino. Con profusión de ejemplos del mundo animal, incluyendo una impactante introduccion con chimpancés, nos recuerda que el ser humano viene de donde viene a pesar de haber pasado la Ilustración. Eso sí, conservamos la capacidad de corregir los comportamientos reptilianos, y ahí asoma el poder del conocimiento y de la educación. Que a nadie se le ocurra deducir de mis palabras, viene a decir la investigadora, que el ser humano masculino no puede evitar pensar y actuar con dominación y abuso, porque ya sabemos que eso no está bien. 
La testosterona es la responsable de la mayor agresividad e impulsividad que hace de los hombres, añado,  los mayores infractores de tráfico, el mayor número de bajas por balconing,  o las candidaturas más estrambóticas a los premios Darwin, sí, pero no es el catalizador de un destino irremisible a la manera de las tragedias clásicas. Otra muestra más de la necesidad de erradicar una de las falacias más dañinas de nuestros días, la del "por el mero hecho de ser..." en sus múltiples variantes. 
Hoover ahonda en el concepto biológico del intergenerismo, precursor del enfrentamiento actual acerca de lo trans. Recuerda el emblemático caso de Caster Semenya, que desconocerán casi todos los vocingleros actuales, que nos recuerda la diferencia que existe entre lo que se nos da y lo que podemos elegir. Inevitable recordar la estupenda y visionaria Middlesex, de Jeffrey Eugenides. 
Aun la "red flag" que supone para algunos un elogio de Steven Pinker, son estas páginas muy recomendables y, si se prefiere la versión audiovisual, ahí está la cantidad de podcast y youtubers que han requerido a la autora para explicar su versión de los hechos, indiscutible ayer y tan a la contra hoy,

Testosterona, de Carole Hoover. Traducción de Álex Guardia Berdiell. Arpa Editores,2022. 335 páginas. 

sábado, 31 de diciembre de 2022

2022 en El Niño Cabra. Los básicos vistos y leídos en estricto orden alfabético

 EN CINE

- Blonde, de Andrew Dominik. Netflix.

- Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa.

- El hombre del norte, de Robert Eggers.

- El prodigio, de Sebastian Lelio. Netflix.  

- La consagración de la primavera, de Fernando Franco.

- La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal. Netflix. 2021

- La tragedia de Macbeth, de Joel Coen. Apple TV. 2021

- Mantícora, de Carlos Vermut.

- Mass, de Fran Kanz. 2021

- Memoria, de Apichatpong Weerasethakul

- Ninjababy, de Yvngild Sve Flikke 2021

- Sundown, de  Michel Franco.

- Suro, de Mikel Gurrea.

- Un día, una noche, de Isaky Lacuesta. 

EN LIBROS

- Basilisco, de Jon Bilbao. Impedimenta, 2020.

- Cómo guardar ceniza en el pecho, de Miren Agur Meabe.  Bartleby, 2021.

- Decir el mal: la destrucción del nosotros,  de Ana Carrasco-Conde. Galaxia Gutenberg. 2021.

- El hijo del chofer, de Jordi Amat. Planeta, 2020.

- Hamnet, de Maggie O´Farrell. Libros del Asteroide, 2020.

- Lo demás es aire, de Juan Gómez Bárcena. Lumen, 2022.

- Los galgos, los galgos, de Sara Gallardo. Malas tierras, 2021.

- Mundo hormiga, de Charlie Kaufman. Barrett, 2021.

- Nadie nace en un cuerpo equivocado, de José Errasti y Marino Pèrez Álvarez. Debate, 2022.

SERIES

- Esto te va a doler, de Adam Kay. Movistar+

- La asistenta, de Molly Smith Metzler. Netflix.

- La unidad, de Dani de la Torre y Alberto Marini.

- Nasdrovia, de Marc Vigil. Movistar+ 

- No me gusta conducir, de Borja Cobeaga. TNT.

- 800 metros, de Elías León Simiani. Netflix.

-  The Good Fight, de Michelle y Robert King. Movistar+





 

 

sábado, 10 de diciembre de 2022

CERBANTES PARK (2022)


 Provocador título el de la primera novela del barcelonés Carlos Robles Lucena (Terrassa, 1977).Provocador para los guardianes ortográficos de marca blanca que siguen pululando por la red y por algunas aulas también. La be larga con la que Don Miguel firmó todo es la misma que aparece en el retrato de Francisco de Quevedo reproducido en serie por los manuales escolares.  La grafía vintage anticipa una historia de fracaso y derroición individual y colectiva desde un punto ciertamente original, que no es poco. El interés inicial de un comisario de exposiciones acerca de los parques de atracciones como catalizadores de la identidad urbana contemporánea, deviene en objeto de tesis doctoral y se materializa en empresa quijotesca con generosa financiación de nobles con inquietudes. El camino desde la intuición hasta el abandono es largo y se nos ofrece implacablemente a modo de via crucis por un narrador testigo clásico, amigo de intensidad intermitente del idealista burgués que da vida a la criatura y la va modificando a medida de sus ideales cambiantes hasta provocar su fin por tedio y edibta negativo. Desde un presente inhóspito, convertido en okupa  de unas instalaciones que se van desmoronando con estruendo, igual que Occidente, anhela dejar su  testimonio para las generaciones futuras. El lector va percibiendo su deterioro cognitivo mientras visualiza los tiempos dorados del parque. Este Robinson Crusoe náufrago por la literatura recuerda su pasado compartido con el Comisario por el barrio obrero que los sueños de grandeza de un intelectual no han conseguido subir de categoría. A la vez, se deleita en describir con detalle el mapa del parque, con sus atracciones y experiencias que ahora llamamos inmersivas para lectores, no visitantes, para los que la palabra escrita ya no es suficiente.  Un superviviente que se aferra a un proyecto abandonado por otros como la razón de su existencia.


Nos tenemos que conformar con esta voz rencorosa para comprender los anhelos del sumo hacedor del asunto, un hijo de la clase media del que no llegamos a conocer su verdadero nombre. La remembranza de tiempos mejores se va alterando con pasajes de la juventud expatriada de El comisario, fragmentos más convencionales de desventuras estudiantiles y cuitas existenciales que todo becario sabrá reconocer.

Sin duda, lo más atrayente de la propuesta es la interacción entre contextos dispares y sus decepcionantes consecuencias. El Comisario, producto del ahora casi fenecido ascensor social, y de honda raíz catalana,  logra materializar su proyecto merced al patrocinio de unos nobles de barrio noble de Madrid que buscan un cierto barniz filantrópico a la par que beneficios pecuniarios y de imagen. El plan megalómano disfrazado de hito de la industria cultural que no revitaliza el barrio pobre en el que se asienta y del que ha detraído ingentes terrenos de usos recreativos, sanitarios, educacionales, dotaciones básicas, más necesarias pero menos vistosas. Esa concepción del urbanismo acaparador de recursos, tan familiar para el español. Ponga un parque de atracciones dentro de su deprimida área residencial, o un recinto deportivo para eventos de élite, o un auditorio sin orquesta, o una ciudad del arte o de la justicia.

Esta propuesta de animación a la lectura radical encantará a los perpetradores de las nuevas leyes educativas, obsesionados con la diversión y el autodescubrimiento. No descartemos nada, que los fondos europeos hay que gastarlos.

Cerbantes Park, de Carlos Robles Lucena. Navona, 2022. 280 págs.

sábado, 19 de noviembre de 2022

COLAPSO O APAGÓN: LATAS Y PILAS

 


¿Por qué no podemos volver simplemente al siglo XVIII? 

Los millones de espectadores que han ido alternando estos meses anillos y dragones saben bien que las civilizaciones han ido naciendo, creciendo y languideciendo mucho antes de que a Edison y a Tesla se les apareciera su momento Eureka. ¿Por qué ese denuedo de los creadores por asociar el final de nuestra decadencia eterna a la caída de la red eléctrica?

Lo cierto es que la idea del Gran Apagón circula periódicamente entre los medios cuando están pobres de visitas, y más cierto es que volvemos a tener una guerra frente a nuestra cara en un país primermundista que, de verdad de la buena, está abocado a sobrevivir sin electricidad en un invierno del este. 

¿Y en materia de apocalipsis, preferiremos saber las causas, o ya tendremos bastante con las consecuencias? 



La producción francesa Le colapse, estrenada en Filmin y ahora disponible en Rtve Play, aunque solo en su versión doblada y hasta el 24 de diciembre, tiene su pilar en la más completa de las incertidumbres. No llegamos a saber nunca qué es lo que ha pasado exactamente. La falta de electricidad es solo una consecuencia, y en el capítulo final se alude al generalista concepto de “cambio climático”. El planeta se ha hartado de nosotros, y punto. 

En cambio, la versión no versión de Movistar+ exonera de culpa al ser humano. Es una fenomenal tormenta solar la que nos descabala el chiringuito.

En diez píldoras de entre 15 y 30 minutos, la producción francesa ofrece una panorámica de la desesperación en espacios y colectivos dispares. Unos cuantos cortes entre el antes, que se nos muestra calculadamente en el último capítulo, y el progresivo después: unas horas, unos días, unas semanas, unos meses. La concisión manda, y a un ritmo verdaderamente endiablado (La estación de servicio, el aeródromo), se demanda del espectador una entrega que parecía olvidada ya en estos tiempos de series vistas dormitando  a doble velocidad de reproduccion. No hay respiro ni hueco para la esperanza. Desde las primeras secuencias en un supermercado que se va a abarrotando y en el que ya solo se puede pagar en efectivo, pasando por la inutilidad de las profesiones de cuello blanco cuando de volver a vivir de la tierra se trata, hasta el postrer homenaje a No mires arriba (2021), la ética ilustrada es lo segundo que colapsa. Sin sorpresas. 

La propuesta española El apagón opta por la duración estándar de cincuenta minutos. Seis visiones del derrumbe por parte de seis prestigiosos cineastas patrios, cada cual con sus filias bien marcadas. Estructurada mediante una apertura y cierre que comparten trama pero no equipo creativo, es notablemente irregular en concepto y desarrollo, como era esperable. Cada cual verá qué peripecia y qué personajes le llegan más. En este caso, la apertura de Rodrigo Sorogoyen es atrayente por mostrar la perspectiva muy pocas veces abordada del conjunto humano que debe amortiguar las consecuencias de la inédita situación. Un reducido grupo de individuos altamente cualificados que forman ese núcleo al que el pueblo llano exige soluciones, dirigido por un concentrado Luis Callejo, en el que no faltan los expertos ignorados por los políticos. Original y excelsamente protagonizada por Jesús Carroza es la aportación del sevillano Alberto Rodríguez, que rescata a esa España vaciada de verdad que no nota la falta de electricidad porque nunca la ha tenido, en su choque con la voracidad del urbanita. 



El problema surge con el buenismo y la ingenuidad que impregnan los capìtulos dirigidos por Isa Campos e Isaki Lacuesta. La primera lanza imàgenes impactantes como la pista de pàdel de urbanización tipo devenida en gallinero y retrata de manera previsible y maniquea el terror de sus habitantes ante la invasiòn de sus pisitos por parte de menores no acompañados. En el cierre, las escenas ante el fuego de migrantes que cuentan a su blanca patrona sus terrible viajes a la Europa prometida para que ella y nosotros pensemos eso de que tan mal no estamos está muy cerca de caer en el sonrojo. El capítulo hospitalario de Raúl Arévalo nos recuerda inmisericorde que eso ya lo vivimos hace solo un par de años. 

En este sentido, la moraleja de franceses y españoles es cristalina. Ante una situación terminal, las ciudades son el infierno. Más vale retomar relaciones con los parientes del pueblo o tejer una red de contactos de gente con huerto. 





domingo, 9 de octubre de 2022

BLONDE no es Marilyn no es Norma


 Aquellos heroicos espectadores que aguantan hasta el final de los créditos y los no menos heroicos que sestean viendo pelis de tarde conocen bien aquello de "esta película está basada en hechos reales".

Esta semana se ha hecho menos viral de lo  que merecía, quizá debido a la feroz competencia, la reclamación de ciertos pagadores de una entrada para el regreso a los cines de Avatar porque pensaban que era Avatar 2. No caeremos en la falacia tuitera que empieza por "los mismos que..." pero tentador es un rato. La aproximación de Andrew Dominik a la novela de Joyce Carol Oates se está saldando con fenomenales y furibundas reacciones que le vienen muy bien en cuanto a audiencias y muy mal en cuanto a futuribles premios. Esta rubia no es mi Marilyn, exclama el octogenario Paul Schrader, dando voz a los indignados. Vaya visión machista, cuánta miseria emocional ante nuestros ojos. Tras el amable recordatorio de su identidad de versión cinematográfica de una novela, el ojo de Mordor se ha dirigido a la escritora, no una biógrafa aspirante a polemista sino toda una eterna candidata al Nobel. En un giro desopilante y más humorístico que el que le cayó en su momento a Margaret Atwood, se le ha llegado a reprochar a Oates que, en siendo fea, se atreva a escribir sobre una mujer guapa. Cero unidades de sorpresa en cuanto al nivel argumentativo de esta década del siglo XXI. 

Así pues, comenzamos recordando que esta película es una libre versión de una novela que es una libre versión de los claroscuros de la biografía  de una de las poquísimas personas para las que se creó el término "mito". No es aconsejable por ello, ir consultando Wikipedia durante las dos horas y cuarenta y siete minutos de metraje, igual que estan haciendo ustedes con las dos series de moda y sus árboles genealógicos.   A pesar de eso, no hay revista ni magazine de entretenimiento que no haya publicado su correspondiente artículo enmendando la plana al director y guionista.

Pasemos a lo que importa. Blonde es una obra artística de calidad. Sorprendente en su apariencia de pesadilla desenfocada, una muestra excelente de lo que supone el punto de vista en una narración cinematográfica. La cámara no enfoca a Marilyn sino que se inserta dentro de lo más profundo de su ser y deja vía libre a la expresión, al sufrimiento, a la alucinación. Este planteamiento lógicamente molesta a quien esperaba un biopic de los que se llevan los óscares y los globos de oro y los brit awards. Dicen los entendidos que Ana de Armas muy injustamente no olerá ninguno. Los que dan los premios sabrán. Su encarnación de la diosa abarca todos los matices y expresividades. Sale ganando incluso en personal confrontación con los planos reales rescatados de la misma Monroe en estrenos y promociones. Más leña a la confusión entre vida, verdad, cine y literatura para los apóstoles de lo literal.  


Formalmente,decimos, es una cinta ambiciosa, de una calculada ambigüedad traducida en el uso alterno del color y del blanco y negro, más allá de la simbología evidente en cuanto a representación de felicidad/angustia. De hecho, es lo contrario,como demuestran la narración de uno de los pocos momentos de equilibrio vital en su relación con Charles Chaplin jr y Edward G. Robinson jr. (Qué mentirosos Dominik y Oates, solo fueron tres amigos. Lo dice Esquire)

Quizá lo que moleste sea la imposibilidad de resignificar a Norma/Marilyn como improbable icono feminista, al estilo de Frida Kalho. Norma Jean y todas las Normas que poblaron el mundo occidental en esas décadas previas a la primavera sesentera, únicamente jugaron las cartas que la naturaleza les dio para salir adelante. Una naturaleza que se cobró en sangre el precio. Dos violaciones y tres abortos aparecen en el metraje. 

Quizá lo que moleste sea el retrato de una Marilyn que nunca supo dejar  de ser Norma Jean, pivotando su existencia privada en torno a un padre ausente, muchacha ingenua que llama daddy a sus parejas y que acaba engañada y burlada por sus únicos amigos. La estrella que osa decir que lee a los rusos y aspira a hacer teatro porque en el cine los personajes le parecen hechos a trozos se choca con las miradas, las risotadas y los aplausos de recurrentes figuras masculinas siempre encorbatadas. La chica huérfana que se divorcia del astro del deporte por no dejarla ser Marilyn y que implora al dramaturgo que no la obligue a ser esa de nuevo. La despoblada de afectos que fantasea con sus hijos nonatos y se pregunta a sí misma "no me harás eso de nuevo", antes del segundo aborto. ¿El destrozo moral ante tanta pérdida transmite un mensaje antiabortista? Y si así fuera,¿ sería un demérito artístico?


domingo, 19 de junio de 2022

NINJABABY (2021)

 NINJABABY(2021)

País: Noruega 

Duración: 103 minutos.

Dirección: Yngvild Sve Flikke

Guion: Johan Fasting, Yngvild Sve Flikke, Inga Sætre

Música: Kare Vestrheim

Fotografía: Marianne Bakke

Reparto:Kristine Kujath Thorp, Arthur Berning, Nader Khademi, Tora Christine Dietrichson Silya Nymoen 

 

La proclamada mejor comedia en los Premios de Cine Europeo 2021 tiene como principal virtud una combinación ejemplar y valiente entre risa y drama. Valiente por escoger la opción difícil, la del drama al final (sin desvelar nada). Ya desde el titulo se percibe el tono gamberro con el que la directora ha querido impregnar esta historia de embarazo no deseado, tema proclive donde los haya a los dramas tremebundos. La chispeante protagonista se inscribe en la muy contemporánea tendencia a visibilizar un tipo de mujer joven aparentemente atolondrada pero que se precia de llevar las riendas, mayormente sentimentales-sexuales de su vida. Fuertemente emparentada con La peor persona del mundo, de Joachim Trier, la otra gran sensación noruega de esta temporada, aún en cartelera, y con la que conforma un sugerente programa doble. En literatura, es inevitable la relación con las novelas de Sally Rooney progresivamente llevadas al formato serie. Y qué decir de Juno (2007), de Jason Reitman. Una comparación entre ambas que resulta esclarecedora para entender la deriva existencial en la está sumida la juventud de Occidente. Por decir algo, Juno, aún en el instituto, muestra una madurez inalcanzable para Rakel, 23 años, diseñadora gráfica que vive en un apabullante desorden físico y afectivo pero es muy libre. Esta libertad que no ejerce ni reivindica en otros planos, es contrarrestada por la malvada biología, que se impone a todas las barreras contraceptivas en su noche loca con un profesor de aikido que huele a mantequilla y más aún, le niega toda pista sobre su estado hasta nada menos los seis meses de embarazo, haciendo inviable un aborto. 

Con estos mimbres, la negación dejando paso al procesamiento de los hechos, Rakel tiene muy claro en seguida que no quiere ser madre, y emprende la peripecia de encontrar a los progenitores perfectos para la criatura. Las situaciones se suceden siempre con entreverados toques de amargura, si bien plenamente instaladas en la comicidad y en cierta crítica atinada a la idealizadísima sociedad nórdica. 

Ahora bien, como en toda comedia, los acompañantes del protagonista determinan el éxito o el fracaso de la propuesta. Formalmente, uno de los pilares es sin duda la inclusión del propio nonato como comentarista de las idas y venidas del "recipiente sagrado" como diría Juno, que le ha tocado en suerte. La imaginación calenturienta y hormonada de la joven diseñadora modela un bebecillo esbozado con cuatro líneas que se le aparece, le habla y le lleva la contraria, proporciando escenas muy bien resueltas técnicamente, con mucha ironía y mala baba. Por eso, el desenlace se vuelve un pelín más dramático de lo deseable para evitar el desequilibrio de la mezcla. En este sentido, es de alabar la inteligencia del guion, que juega a la ambigüedad inicial con la presentación de los arquetipos masculinos para luego desmontarlos. Desde luego, el padre de la criatura, reducida cruelmente de su identidad como ser humano a uno solo de sus atributos merced al apelativo "dickJesus", en el original, no puede ser más peterpanesco. Le salva que, al ser nórdico, no tiene a una madre que le lave la ropa y le llene la nevera todos los domingos. En contraposición, el profesor de aikido, ejemplar en su acompañamiento a Rakel a pesar de ser descartado como contribuyente genético nada más empezar. Como decimos, es muy de agradecer que se hayan trascendido los tópicos, no diremos cómo. 


Vemos a Rakel perdiendo el autobús para su cita en la clínica, siendo abroncada por su feto por guardar bajo la cama restos de bocadillo de salchicha,  y lidiando con la adultez sobrevenida, en definitiva, me viene a la memoria una de frase profética de esa película lapidaria sobre el paso del tiempo llamada Entrevista con el vampiro (1994). El ahora diríamos depresivo Louis de Ponte comenta a Lestat, sobre la juventud frivolona que está conociendo por aquellos años, que ellos no lo entenderían, pero que él a los 24 años ya era dueño de una plantación, marido y padre de dos hijos.