"¡Suspendidos, suspendidos, suspendidos! Miro a mi alrededor y por todas partes veo suspensos. Viejos moralistas, jóvenes lameculos, escritores sin éxito; viejas glorias, jóvenes promesas, negados absolutos; artistas suspendidos, editores suspendidos, académicos y críticos suspendidos; esposos, padres, amantes suspendidos; mentes suspendidas, cuerpos suspendidos, corazones y almas suspendidos. ¡Ninguno de nosotros ha aprobado, todos hemos suspendido!»
cabra
domingo, 17 de noviembre de 2024
CINE: La sustancia de La sustancia (2024)
domingo, 13 de octubre de 2024
ENSAYO: EL MALESTAR DE LAS CIUDADES
La España de las piscinas fue uno de los grandes éxitos editoriales de 2021 en el sector del ensayo asequible, y posicionó a Arpa Editores en primera línea del nicho en el que hasta entonces reinaba cómodamente Capitán Swing. Su autor, periodista multidisciplinar, dio en el clavo poniendo delante de un espejo a ese público de cierto nivel social, económico y cultural que sigue alimentando el mito de la clase media y recordándoles que el urbanismo es ideología. Un tratado a la actualidad pegado, de ritmo ágil y referencias fácilmente comprobables en las redes y en la urbanización más cercana.
A modo de secuela, Jorge Dioni entrega ahora El malestar de las ciudades, con ese eco freudiano y una panorámica paralela y complementaria, más global, acerca de cómo es habitar una urbe occidental en el siglo XXI. Su afán de claridad (dicho esto sin ninguna intención peyorativa) se hace patente tanto en el largo subtítulo como en la estructura tripartita secuenciada en capítulos que van introduciendo los temas de manera directa y punzante. "Privatización, turismo, vivienda, especulación, tráfico...por qué cada vez es más difícil vivir en las ciudades". "Privatización", "turistificación", "gentrificación", "financiarización", "rentismo", "desarrollismo" son los puntos que componen esa maraña de razones. Términos familiares para cualquier residente urbano por mor de los medios de masas, siempre ávidos de comprimir y etiquetar fenómenos y estados de ebullición de la plebe.
La teoría que vertebra la argumentación es sencilla. La ciudad ya no vincula su prosperidad a sus residentes sino a sus visitantes. El movimiento constante como motor económico y la sustitución de la riqueza productiva por el rentismo enraizado en los tejemanejes inmobiliarios. La ciudad como parque de atracciones que cifra su prosperidad en el impacto y en la renovación constantes. Categórica tesis que traduce al lenguaje académico las impresiones cotidianas de cualquier ciudadano medianamente observador. El despiece de lo que se ha dado en llamar neoliberalismo o capitalismo financiero es escrupuloso. Combinando datos, anécdotas, sucesos recogidos en medios y experiencias fácilmente comprobables por el lector interesado, se muestra el auge y caída del concepto ciudad como espacio habitado desde un punto de vista sincrónico en la primera parte, y diacrónico en la segunda. Es esta quizá la más interesante del ensayo, por cuanto se remonta a los orígenes del cambio de paradigma y amplía su alcance como fenómeno global. En tiempos como los actuales, en los que la ignorancia sobre el pasado es un valor y no un demérito, historias siniestras como las incluidas en el capítulo "Propietarios del mundo, uníos", son respuestas valiosas a la pregunta de cómo hemos llegado a esto. Aquí convendría un punto de autocrítica. No son solo los archimalvados fondos de inversión sino el pensamiento incrustado en todo español de bien: tengo un piso, tengo un tesoro. Somos cooperadores necesarios.
No es necesario subrayar el tamiz ideológico sobre el que está construido el texto. Muchas de las conclusiones son tan de sentido común y saltan tanto a la vista, que no hace falta incidir en su posicionamiento a la izquierda. Muchos de los hechos narrados son tan estupefacientes por sí mismos que la prosa del autor consiste solo en contarlos en su introducción, nudo y desenlace. Se repite la máxima histórica de que todo esto ya ha pasado antes en otros sitios. De nuevo tenemos la oportunidad de aprender de los errores de otros. Pero ya se sabe. Que el último capítulo esté dedicado a los años de furia edificadora de centros culturales y deportivos como método para situar a la villa en cuestión en el mapa turístico y a sus promotores en la lista Forbes es de una comicidad triste. La idiosincrasia hispana que hermana a Lázaro de Tormes con Santiago Calatrava. Siempre nos quedará Bilbao.
EL MALESTAR DE LAS CIUDADES. Jorge Dioni López. Arpa Editores. 2023. 352 páginas.
miércoles, 11 de septiembre de 2024
SERIES : CÓMO CAZAR A UN MONSTRUO
Cero en metáfora, diez en contundencia para un título que valdría igual para la crónica del juicio que se está celebrando estos días en Avignon, Francia, a una rama de monstruosidad prima hermana. Una larga serie de puñetazos en el rostro del espectador por parte del periodista curtido en redes Carles Tamayo. Una plataforma audiovisual y una productora poderosa que apuestan por los códigos de Youtube para irrumpir en una de las tendencias de entretenimiento más potentes de la actualidad. La serie documental en tres actos de Tamayo (1995) supera el molde estándar de lo que se ha dado en llamar "true crime" vertebrando la narración en en orden cronológico y una voz protagonista que no es la del criminal, y la culmina en veinte infartantes minutos de secuencia a tiempo real para todos los participantes. La omnipresencia del creador se sustenta y se justifica desde los primeros momentos de metraje. Lluis Gros, un antiguo profesor y gestor de un cine de El Masnou, condenado a 23 años por abusos sexuales a menores, contacta con Carles, oriundo de dicha localidad, al que conoce desde adolescente y le propone grabar un reportaje sobre su vida. Contando su verdad, como dirían algunos. Carles le va dando largas y hasta que constata que Gros sigue haciendo su vida de jubilado jovial sin entrar en la cárcel. Ese es el punto de partida del trabajo de Tamayo, que se pregunta directamente a cámara por qué sigue en libertad, y que en todo momento da credibilidad absoluta a los hechos y a la lacerante ristra de víctimas que va localizando. Y es que, aunque hubiera querido hacer de Pepito Grillo, el inefable Gros cercena toda posibilidad de duda, toda, con una serie de estupefacientes actos y declaraciones ante una cámara que sabe y permite que esté encendida. Un delincuente condenado que exhibe sus podridos mecanismos mentales como los entrevistados de la añorada Mindhunter. Ni falta hace el reconocer o el pedir perdón.
Un espectador más hecho a Equipo de investigación y a los trabajos de otro Carles (Porta), perciba quizá menos pulcritud en el montaje y una base menos artesanal, pero a cambio obtiene una transparencia en la secuencia de acontecimientos y una fluidez narratoria altamente adictiva. El recurso de la cámara al hombro, la presentación escalonada de los datos, la crudeza de las entrevistas facilitan el acceso a una realidad tan sórdida como algunos detalles en los que se recrea el pederasta para defender su inocencia.
Se han señalado ya algunos cortes inauditos que pasarían enteramente por ficcionalizados, y de hecho desearíamos que lo fueran. La videollamada entre Gros y unos adolescentes andaluces en los que les introduce alborozado en el Cantar de los Cantares, lo más erótico de la Biblia, como les insiste y ya sabía Fray Luis de León. Las preguntas palpitan pero no son respondidas. ¿Cómo ha conocido a esos chavales? ¿Ha olvidado que hay una cámara grabando la escena? Él no ha hecho nada malo, insiste machaconamente durante las tres horas. La chulería de la que hace gala de manera permanente y la impunidad, nada de sensación sino de certeza, nos lacera. Los colaboradores necesarios que le dan soporte material se muestran a atisbos, sin rellenar interrogantes y, salvo en un caso, sin sorpresas en cuanto a la organización a la que pertenecen.
Tamayo, entre intervención e intervención, recibe regalos del azar, como la interrupción de un almuerzo en el mercado del lugar de residencia de Gros por parte de una de sus víctimas, un hombre maduro que decide en ese momento no darse la vuelta, y que se convierte en cooperador para desentrañar la madeja de abusos no denunciados que va saltando cual malaya al foco de la cámara. Y cómo de valioso puede ser que tu investigado tienda a no colgar las videollamadas. Bendito edadismo.
Siguiendo el camino de migas de pan que le ha venido dado al equipo de detectives periodistas, el título del último capítulo tampoco está puesto con sorna, aunque la tenga. La gran evasión que es el gran engaño. Todo nos va enfilando hacia un final reparador made in Hollywood y los veinte minutos finales nos devuelven a la dura España, o Cataluña, que para este caso es la misma tragicomedia.
jueves, 11 de julio de 2024
CINE: CASA EN LLAMAS
Una trayectoria como la del director y guionista barcelonés Dani de la Orden es digna de mención dentro de la protoindustria cinematográfica española. Despachar con 35 años más de una decena de títulos,estimables éxitos de taquilla y crítica la mayoría de ellos no es tontería ninguna dentro y fuera de nuestras fronteras. Destaca sobre todo Litus (2019), una rareza en tono y tema, de espectro teatral y reparto de campanillas.
Caeremos en el tópico de afirmar que Casa en llamas (Casa en flames), su última obra llegada hace dos semanas a la cartelera, es su trabajo más personal, más maduro si se quiere, y también el más audaz y atrevido. De tono escurridizo entre la comedia burguesa, el melodrama y los anuncios publicitarios de Estrella Damm, exprime las posibilidades tragicómicas de un reparto francamente excepcional que recrea variados arquetipos humanos en un fin de semana progresivamente tensionado en la propiedad familiar de la estilosa Cadaqués. Un ex matrimonio, sus dos hijos, sus respectivas parejas, dos nietos, más la novia del ex marido de propina inesperada se citan a instancias de la matriarca para tramitar la venta de la estupenda casa, que no del barco, a fin de sufragar la residencia de la abuela, la carrera discográfica del benjamín y lo que el común llama "tapar agujeros". Fácil es caer en la tentación de la comparación fácil con otros productos basados en la contemplación vengativa de las miserias de los ricos,dado que son legión últimamente. En versión vacación vienen a la mente las extremas tramas de The White Lotus, The Triangle of Sadness, los capítulos de ocio+negocio de Succession, y, en nuestras humildes posibilidades, la tan pequeña como recomendable Calladita, de Miguel Faus (2023). Los nobles linajes de Juego de Tronos sobrevivían sin dividir sus días en laborables y festivos, y todos sabemos que Violet Crawley, Condesa Viuda de Grantham, desconocía lo que era un "fin de semana".
A la memoria del espectador atento viene también la reciente y exitosa La casa, aún en cines, de Álex Montoya a partir del cómic de Paco Roca, indudablemente emparentada en cuanto al abordaje de las divergencias familiares en cuanto a qué hacer con el espacio depositario de tantas vivencias y recuerdos de vida y de infancia. Las similitudes acabarían ahí, dado el tono más lineal y melancólico de esta, unido al carácter más estándar de la unidad familiar, en cuanto a caracteres y finanzas.
"La burguesía catalana lo tiene todo en propiedades, poco en cash", ilustra con sorna el yerno ya integrado y resignado (José Pérez-Ocaña) a la incorporación en pruebas y nueva novia del intenso hijo menor y claramente PAS (Macarena García y Enric Auquer en el trabajo que les ha convertido en la pareja de cine de la temporada 23/24). María Rodríguez Soto encarna con crudeza a la hija mayor, otra ave atrapada en una maternidad que se le hace cuesta arriba. Un tema espinoso aún muy enlazado con su otro rol de la temporada en Mamífera, de Liliana Torres, en el que también comparte pantalla con Enric. Muy recomendable.
Otro dato que comparte la burguesía catalana y la inmensísima mayoría de su sociedad, y que en esta película se aprecia transparentemente, es el trasvase lingüístico constante entre sus dos lenguas. Un aporte de guion desmitificador de tantas dantescas situaciones imaginarias. El bilingüismo en el que está rodado el filme cobra todo su ser con los personajes de la mencionada Macarena y un acidísimo Alberto San Juan, el mejor de la función con permiso de la pergeñadora Emma Vilasarau. Ambos componen una pareja en sus estertores sacudida sin cesar por previstos e imprevistos.
Lamentablemente, la acertada senda de la sátira sutil salpicada de escenas descacharrantes que transita la película se desvía hacia un final aturrullado a base de múltiples "y yo más", que no dejan respiro entre descubrimiento traumático y descubrimiento más traumático. La ideóloga de todo esto, punzantemente retratada desde el negrísimo punto de inicio, cae en el tópico de ama de casa insatisfecha y arrepentida de los sacrificios libremente asumidos.
TÍTULO ORIGINAL: Casa en flames AÑO: 2024 DURACIÓN: 105M
PAÍS: España-Italia DIRECCIÓN: Dani de la Orden GUION: Eduard Solá.
REPARTO: Emma Vilasarau, Alberto San Juan, Clara Segura, Enric Auquer, Macarena García, María Rodríguez Soto, José Pérez-Ocaña.
domingo, 26 de mayo de 2024
CINE DE 2022 EN 2024: LA MESITA DEL COMEDOR
lunes, 22 de abril de 2024
HOTEL ROYAL VS HOTEL COOLGARDIE

Presentada en San Sebastián 2023 y ganadora del premio Otra mirada de RTVE, Hotel Royal es la segunda película de la australiana Kitty Greene y concitó elogios por su visión fresca, audaz y ecléctica de la relación opresor-víctima. Lo que vemos en el largometraje es en ocasiones tan estupefaciente que cuesta creer que su punto de partida sea un documental que sigue a personajes escrupulosamente reales en un contexto sociocultural más cercano a las cavernas que al siglo XXI en una nación del primerísimo mundo como el pais natal de la realizadora. Curiosamente, apenas alguna crítica menciona esta primera producción, ideada y dirigida por un hombre, australiano también pero más civilizado, Pete Gleeson. Hotel Royal, la ficción, ha pasado muy de puntillas por la cartelera, pero Hotel Coolgardie, el documental, está disponible en Prime Video, catalogado como "terror". Y no se equivocan. La tentación comparativista es inevitable.
¿De qué van ambas producciones? En una primera instancia, de las desventuras de dos muchachas foráneas mochileras de larga estancia a las que roban documentación y dinero y como única forma de proseguir viaje (porque lo de regresar a casa no se contempla) se apuntan al programa Work and Holiday del gobierno oceánico. Una muy buena idea si la parte laboral se desarrolla en una granja o en una escuela infantil, pero que pierde gracia cuando el lugar de trabajo y alojamiento es un bar infecto a seis horas de Melbourne, en pleno y desoladísimo centro del país. Si bien las nacionalidades de las chicas cambian (Finlandia en la realidad y Canadá en la ficción), el análisis que se nos brinda acerca de las aristas del sí, y de los escorzos del consentimiento es sencillamente sobrecogedor. Múltiples interrogantes surgen a cada paso que dan las protagonistas. El primero es, claro, por qué aceptan tras las explicaciones detalladas y cautelosas de la entrevistadora. No será para tanto, piensan. El segundo, por qué no salen huyendo el segundo día. Desde fuera, desde la comodidad del sofá o de la butaca de cine, el espectador asiste a un primer acto que homenajea a Freaks y a un documental de cebras y leones a partes iguales. Vemos una galería de personajes, exagerados lo justo en la propuesta de Green, interpretados (ojalá) por lugareños reales, que dan un nuevo sentido al ya para siempre estigmatizado término "manada". A la caterva de parroquianos a una cerveza amarrados solo les falta babear. La retahíla de expresiones denigrantes se suceden con la nueva remesa de "carne fresca". Las muestras de jolgorio de las chicas que han terminado su estancia son insoportables. Imposible no pensar en alguna variante del síndrome de Estocolmo. Extrema adaptación al medio que asume el personaje de Liv (Jessica Henwick) y ante la que se rebela Hanna (Julia Garner). En el segundo acto, acreditada ya la situación de las chicas y sus espacios privados como mera posesión masculina, las tornas van cambiando hacia un terror clásico.
¿Hay hombres buenos en ese agujero negro que conforman dos tercios de Australia? Los mineros embrutecidos que retratan tanto Greene como Gleeson asumen su posición en el mundo como una desdicha y la renovación trimestral de las camareras de su bar, el único sitio a donde ir fuera del trabajo y de su casa es el premio al aguante de una rutina que se antoja insoportable. Los apriorismos no funcionan aquí. El que parecía más amable se desvela como un incel de manual que masculla "matarlas" cuando le preguntan qué hará ante el enésimo rechazo. El obsequio del equivalente ficcional de este sujeto a su dama escogida sencillamente espeluzna, pero es lo que tenía más a mano. Los que optan por el colegueo al inicio llegan a las manos al grito de "son mías". Todos son depredadores compitiendo por las mismas presas. Lo que en el largometraje se antoja hiperbólico, en el documental, cámara al hombro y sin apenas intervención guionística, se constata espontáneo, casi sin maldad. Son así y no hay nada malo en ello. El realizador así parece indicarlo mediante recursos como la banda sonora. Que escuchen el célebre hit de Leann Rimes de Bar Coyote (2000) es un toque de humor ciertamente balsámico.
La conclusión de este experimento social debiera ser si lo que aquí se narra es extrapolable. En la ficción, como corresponde, hay esperanza. La materializa la aguerrida esposa indígena del dueño del bar, un derrotado Hugo Weaving, que agarra a su marido casi de los pelos para largarse los dos de ese antro animalizante. La materializa esa pareja, presente asimismo en el documental, que cumple treinta años de casados y asiste con resignación al espectáculo de la pirámide alimenticia. Y la materializa el joven pariente de la dueña, proveedor del local, no contaminado aún por la abulia y el primitivismo. Y la materializa, por último, el gesto gallardo y purificador final de la "rubia borde". Para el documental, consultar Wikipedia.
HOTEL ROYAL (2023). Australia/Reino Unido. Dirección: Kitty Green. Guion: Kitty Green y Oscar Redding. 90 m.
HOTEL COOLGARDIE (2016). Australia. Dirección: Pete Gleeson. 83 m.
martes, 26 de marzo de 2024
UN MANICOMIO EN El FIN DEL MUNDO
En la casi inabarcable lista de gestas humanas, las expediciones polares ocupan un lugar estelar por su misma esencia de aventura radical, experimentación con los límites geográficos y de resistencia física y mental. El colectivo es a la vez fuerza y fragilidad, y normalmente la gloria y el honor de nombrar estrechos y bahías se la lleva solo uno. El oprobio también. Esta primera obra del periodista especializado en viajes Julian Sancton es valiosa no porque lleve el marchamo, muy cuestionado últimamente, de recomendado por el NYT, sino por descubrirnos la posiblemente más documentada travesía de esta índole. Mucho más que las célebres de Franklin y Shackelton, anteriores en el tiempo y convenientemente aludidas en estas páginas. La aventura del Bélgica en los hielos antárticos se emparenta con la segunda en el final moderadamente satisfactorio y en el tortuosísimo proceso de liberación que resulta solo por una carambola del destino, o del deshielo.
El manual de instrucciones de la crónica periodística de nuestros días aconseja cierta dosis de biografismo autoral. Algún excursos acerca del cómo se hizo, cómo llegó el cronista a saber del asunto. En este caso, pandemia mediante, Sancton aprovecha una renovada versión del “manuscrito encontrado” en forma de profusos diarios de a bordo escritos por gran parte de la tripulación del barco. Un hallazgo inaudito también por la expresividad y contundente realismo de sus páginas, que conforman una visión realmente caleidoscópica de los infortunios que padecieron. A los que escribimos en la moderada placidez de nuestras vidas pequeñoburguesas nos asombra la capacidad de esos seres sufrientes de encontrar las palabras adecuadas para describir lo que les acontece bajo la completa incertidumbre de si servirá de algo.
Dado que el final ya se conoce/ puede ser consultado en Wikipedia, el toque de suspense es ofrecido desde el inicio, con una misteriosa reunión entre un médico de pasado aventurero encarcelado por fraude y cierto noruego célebre con el que rememora la expedición en la que ambos coinciden.
La historia es, desde luego, sugestiva de por sí. Un cóctel multivitamínico que nace del empeño de Adrien de Gerlache por llevar el nombre de su país y el de su noble familia hasta los confines del mundo. Con el narcisismo imprescindible para meterse en estos berenjenales, el joven Adrien sufre desde el principio para conseguir patrocinadores y el favor de su rey, el infausto Leopoldo II, más interesado como sabemos en exprimir su porción de África.
La utilización expresa del término “manicomio”(madhouse en el original) puede resultar poco inclusiva para cierto tipo de lector pero por completo adecuada. No solo por las variopintas y estragadas personalidades que conviven en el barco, más de un año confinadas entre los hielos, sino por los efectos de dicha reclusión en un contexto hostil en extremo. Efectos sobre la mente y el cuerpo que son diseccionados al detalle y en riguroso directo por el médico con el que empezamos la historia, el doctor Cook. La noche polar está de vuelta a las pantallas gracias a la nueva entrega de True Detective, y su opuesto el día eterno destruía el raciocinio de Al Pacino en Insomnia. A bordo del Bélgica, abandonado su proyecto de llegar al Polo Sur magnético, la luz solar se torna en obsesión y pócima curativa para todo. Las alucinaciones y los desbarres de la marinería, agravados por la dieta enlatada y su amigo el escorbuto son prolijamente descritos y hacen múltiples prisioneros. Menos uno, el noruego anteriormente mencionado, un tal Roald Admunsen, debutante en estas lides. Los divergentes caracteres del capitán belga y su némesis nórdica proporcionan entretenidos duelos dialécticos en persona y por correspondencia. Las escenas de caza nos salpican de sangre y se siente el sabor de la carne cruda de pingüino que la tripulación consume obligada por Cook para curar el escorbuto. Si bien parece que la comida nunca falta, a tenor de los banquetes que se celebran periódicamente, y el frío pasa desapercibido aun con las calderas del barco apagadas. Al fin y al cabo no son Los Andes. Bien provistos en lo material, carentes de esa tan elogiada hermandad que conserva la cordura a treinta grados bajo cero.
Un manicomio en el fin del mundo: el viaje del Bélgica a la larga noche antártica. Julián Sancton. Traducido por David Muñoz Mateos. Capitán Swing, 2023. 384 páginas.

