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viernes, 31 de julio de 2026

RAVALEAR: LA ODISEA

Cuando Isaki Lacuesta, por los desgraciados motivos que todos conocemos, no pudo seguir rodando presencialmente Segundo premio, el catalán Pol Rodríguez asumió la dirección de un proyecto tan personal a base de comunicaciones a distancia. Ahora, Isaki e Isabel Campos, tándem indisoluble, le devuelven el favor desarrollando para HBO su particular oda al barrio donde creció Rodríguez y de donde su familia, propietaria de una centenaria casa de comidas, fue expulsada por un fondo de inversión.  El Raval, núcleo irradiador de la barcelonidad y campo de pruebas de cada fenómeno sociológico y urbanístico que ha puesto pie en cada gran urbe europea. Cabe suponer, y así lo asume la lista de las treinta y seis lenguas a las que se ha doblado la serie, rodada en catalán,  que la plataforma ha visto universalidad en el asunto. Lo cierto es que el riesgo y la valentía se palpan desde los títulos de crédito, empezando por su misma existencia. La apuesta por un modo de narrar no convencional va más allá de la cámara en movimiento y el techno omnipresente de Eloi Caballé que son determinantes en cómo vamos asimilando el aluvión de sucesos. La escalada imparable de hostilidades en las que la  familia protagonista se ve metida se nos arroja a la cara con una desmedida tensión narrativa que no toca techo y que termina distrayendo del objetivo inicial de crítica y denuncia. Si logramos acostumbrarnos al sobresalto y esquinamos la gran pregunta de si lograrán salvar o no el restaurante, nos queda lo más interesante de la propuesta. Disfrazada de serie coral, es la crónica de la autodestrucción de un individuo que ya venía con cicatrices, a cambio de la salvación de su comunidad.  El antihéroe de la novela moderna. Un héroe improbable al que Enric Auquer Sardá le da alma, corazón y tripas y que habrá de estar en la terna de galardones de la temporada.  El póster promocional a lo Corre, Lola, corre, sintetiza bien la peripecia.

Rodríguez ejecuta su venganza poniendo en la picota a todos los artífices de la degradación incesante del que fue escenario de su infancia y juventud, asumiendo un punto de vista implacable y agresivo que puede compartirse o no, pero es el suyo, legitimado por su propia experiencia. Desde los planos primeros de las calles del barrio con las largas líneas de ropa tendida que colorean las fachadas que nos transportan a Nápoles, otro ejemplo de cómo elevar lo decadente a pintoresco y a recuerdo instagrameable. El círculo degradación-gentrificación- vuelta a la degradación para más gentrificación seguirá dejando marca en nuestras vidas de ciudadano promedio con aspiraciones. 

No es baladí tampoco la presentación del personaje principal. Álex, trabajador en el puerto de Barcelona y no en cualquier otro anodino lugar, que hace turnos en Can Mosques, el restaurante familiar, y sobrevive sin aparentes necesidades básicas como dormir, a la manera de los torturados protagonistas contemporáneos de las series de éxito. Sí mantiene una relación de pareja y es un padre implicado, lo que le aleja del mencionado estereotipo. La armonía entre la familia que ha construido y la que le vino dada es muy de agradecer y pone de manifiesto el componente humano frente a la robótica y psicopática recua de aspirantes a ejecutivo del año. 

Como corresponde a toda fábula contemporánea que tiene muy clara su moraleja, asisten a la irreflexiva espiral de malas decisiones del héroe improbable un conjunto de caracteres que incitan, colaboran o intentan sabotear su misión final, que va desdibujándose progresivamente, desde la inicial salvación del negocio a la utópìca y envenenada del barrio entero. Esencial es Marta, su pareja, abogada en un despacho de arquitectura y que prende la mecha de la obsesión de Álex, que casi se los lleva por delante. María Rodríguez Soto está fantástica en esta tercera colaboración con Enric, con el que le hemos visto en curiosa alternancia, de matrimonio en Mamífera, de hermanos en Casa en llamas, las dos de 2024, y ahora vuelta a la relación sentimental. Sergi López, exprime el tono siniestro que le dio a conocer en la francesa Harry, un amigo que os quiere, y construye un algo arquetípico pero calculadamente ambiguo administrador inmobiliario que parece competir con Álex en quién cae más bajo. Es su labor contrarrestar el idealismo del joven con punzantes dosis de realismo sociológico. Ese recordatorio al líder de la primera tanda de okupas de sus orígenes pijoprogres es antológico y necesario para el espectador de fuera.  Sus padres, los realmente damnificados, son paradójicamente apartados de las decisiones que buscan la solución a su propio drama. Francesc Orella y Llüisa Castel tardan en darse cuenta de que son una reliquia del pasado. Muy dura de ver la secuencia de los turistas estadounidenses. 

A este respecto, no deja de ser peliagudo el reparto de roles según nacionalidades: los profesionales de la ocupación son locales, los ocupas económicos magrebíes o paquistaníes, los narcos, caribeños. A alguien le tenía que tocar la china. 

Alba Guilera, por su parte, carga con el rol más desagradecido. Es el rostro de la maldad de las grandes corporaciones que coaccionan, expulsan, destruyen en aras de la prosperidad y de la innovación. La sororidad de carcasa que surge entre ella y Marta da para un par de sustanciosas conversaciones. Ha logrado aplacar su humanidad para sobresalir entre los muy masculinos depredadores que la rodean, pero su retrato se queda a medias.  

Algunas tareas post visionado: ¿romantizan el lumpen Rodríguez, Lacuesta y Campos? ¿Se idealiza una manera caduca de construir vínculos con el otro ? ¿Es ravalear una suerte de ser en el mundo? ¿Sigue siendo Lavapiés el barrio más cool del mundo según Time Out?


miércoles, 15 de julio de 2026

BOCHORNOS

Es el momento. Una noche bochornosa de calor sofocante, de esas que dicen ahora tropicales. O una noche bochornosa de contemplación de neodebates acerca de si estamos presenciando el catacrok definitivo del planeta y la merecida extinción de sus habitantes. 

Cómo nos gusta (y nos enerva)  una ración de vergüenza ajena. Una lectura comentada de los artículos de M.Rajoy en El debate, una victoria cooperativa de Argentina y el árbitro en el Mundial.  Aquí tienen cincuenta. Una colección de segmentos vitales del más dispar pelaje y delimitados por el momento exacto en el que brota, de la mirada ajena o de la propia, el bochorno, la vergüenza, el oprobio, el sonrojo, el rubor, la turbación y demás equivalentes del tierra trágame, en variadas modalidades: si pestañeas te lo pierdes, sostenido en el tiempo, empeoramiento progresivo, gota malaya y chisporroteo efímero. 


Miniperipecias afines a Poquita feVergüenza o la muy reciente y gozosamente bochornosa The Drama, habitadas por los más variados arquetipos de la fauna humana, si bien ganan en número los pobladores del singular ecosistema denominado "comunidad educativa", en su versión high school (no musical). Sabido es que la etapa escolar adolescente es la peor para todo ser normativo existente y peor aún para los no normativos, cuyas identidades en construcción son curtidas por desabrido profesorado ávido de dejar huella en sus historiales psicológicos.  De esta subvención destaca "Superficialidad", el más extenso de la colección y por ello con más espacio para el perspectivismo. 

La primera grieta por la que se cuela el bochorno puede parecernos que no es para tanto, o sí.  Hablar de uno mismo en tercera persona, como en "Realidad a la carta", el vástago que sale mecánico a la familia de artistas en el relato homónimo, la incomodidad del otro en "Autoayuda". En otras ocasiones, el proceso de abochornaje está sabiamente dosificado, pero nunca explota en estallido, sino que es más bien un brotar leve pero molesto, que puede desvanecerse tal y como ha venido. La vergüenza del hijo que sostiene el matrimonio en "Hambre sagrada", la soberbia intelectual de "La cura", la entrañable vergüenza sentimental de "Angelita", el encontrar defectos a todo en "La turbia". Hay situaciones bochornosas en la esfera pública ("La intensa"), en las amistades turbulentas o decadentes  ("Después de Sonia", "Las distancias"), desdoblamientos poéticos ("La amargada"), recreaciones hipotéticas tipo Los ensayos en "Pan".

En cada comienzo se abre el telón. Son estos inicios modélicos,  esenciales para que un relato corto no descarrile. En cada una de esas cuatro o cinco líneas están plantadas todas las claves de cada historia, que nos remiten eficazmente al momento correspondiente de epifanía del oprobio propio o ajeno, y todo ello hilvanado con una riqueza de vocabulario que no se estila en estos tiempos. Entre lo vintage, lo casual y lo cuartelero.

De todo lo anteriormente descrito y por el equilibrio entre sutileza, tradición y el absurdo costumbrista tan caro a nuestras letras, es inevitable destacar dos relatos: "Diez kilómetros", cuyo destronado protagonista remite inmediatamente a los icónicos perdedores de Los lunes al sol y Full Monty, y el certero y descacharrante "La pata de jamón". 

Bochornos: cincuenta historias bochornosas, de Luis David Álvarez. Ediciones del Genal, 2026. 

sábado, 20 de junio de 2026

CINE: LA LUZ (2026)

 Título original: La luz.

Año: 2026

Duración: 118m.

País: España.

Dirección: Fernando Franco

Guion: Fernando Franco

Reparto: Alberto San Juan, Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Luis Callejo, Ramón Barea, Pablo Gómez-Pando, Nacho Sánchez.

Música: Maite Arrotajauregi. 

Fotografía: Santiago Racaj.


Si atendemos a los títulos de la aún corta pero muy sustanciosa filmografía como director del sevillano Fernando Franco (1976), podemos pensar que hay dos opciones: la sombría sin remisión, como La herida, su debut en la dirección Goya incluido de 2013, como Morir (2017), y como Subsuelo (2025);  y la optimista con moderación, como La consagración de la primavera (2022), y esta La luz (2026). Hemos sido engañados. El también prestigioso montajista (ocho nominaciones a los Goya) no da tregua a su espectador. Nunca. Sus propuestas hurgan con ahínco en la devastación moral y emocional, y quizá por eso siempre duran lo justo y necesario, menos mal. 

Esta última propuesta aprovecha el presupuesto más generoso que se ha puesto en sus manos y ha logrado también el estreno en las fechas más adecuadas posibles, visita papal mediante. Algunos se quejarán de oportunismo y otros alabarán la pertinencia. Un rato incómodo, en cualquier caso, destinado a propiciar reflexiones y a procurar toda clase de parabienes a su reparto de relumbrón y, de manera inapelable, al cabeza de cartel, un Alberto San Juan que ha ido encadenando los papeles masculinos más jugosos de cine y televisión desde Balenciaga (Disney + 2024).

Es esta una historia de personaje. El padre Manuel aparece en la primera secuencia arrodillado ante su confesor, el padre Alcalá, un Pedro Casablanc casi tan siniestro como en la muy reivindicable El talento (Polo Menárguez, 2025). Se atisba esa luz tan ambigua del título en forma de examen de conciencia. El pecado cometido es evidente, la penitencia también y seguimos la rutina diaria del trabajador eclesial con cierta parsimonia, acumulando pequeños indicios de lo que va a suceder. Parroquia rural del norte, siendo él del sur, inquietante coincidencia entre las políticas de la Iglesia y las del Estado en cuanto al alejamiento de presos. Feligresas entregadas, jóvenes que echan el rato en la trastienda de la iglesia, WhatsApps y quedada informal con un apuesto peruano. Un momento. Entendemos que Manuel quiere dar un giro a su vida, reinventarse, en la jerga civil, y quiere hacerlo bien. Ese es el pilar del personaje, el que está destinado a evitar que se le eche a los leones desde el principio. Nada que objetar ante un lícito deseo de cambio de vida, puesto que el sacerdocio, al contrario que el sacramento del matrimonio cuya administración les está encomendado, tiene puerta de salida. Divinas contradicciones. 

En los días sucesivos, Manuel comprueba que el pasado, como las materias pendientes de los estudiantes rezagados, no se borra. Las conversaciones sucesivas con nuevos y antiguos estremecen, no por las palabras, sino por las miradas. Es esperable, en nuestra época de pantallas hegemónicas, que muchos espectadores se admiren por primera vez de la contundencia interpretativa de habituales de las tablas teatrales como Font García, Pablo Gómez-Pando y Nacho Sánchez. No los vuelvan a perder de vista.

Sobre la hora y cinco de metraje, la película alza el vuelo definitivamente con el giro que transforma esta figura condenada desde el inicio. Las conversaciones post cine que promete la crítica florecerán seguro en torno a la inmolación poco medida de alguien con el ego lo suficientemente robusto como para pensar que va a controlar el tempo de sus actuaciones y las de los secundarios que han ido apareciendo en su particular trama. Not all Priest, parece que nos dice el contrito y hasta ese momento anestesiado Ramón Barea. Pero qué grima los curas cantantes. El que planea tenebrosamente por esta historia, y el real que indudablemente lo inspira. 

lunes, 18 de mayo de 2026

SERIES: EMPATÍA (2025)



 Título original: Empathie

Año: 2025

País: Canadá

Dirección: Guillaume Lonergan

Guion: Florence Longpré

Reparto: Florence Longpré, Thomas Ngijoj, Adrien Bletton, Benoît Briére, Joseé Deschenes.

El endiablado dialecto québécois que pone a prueba a todo estudiante de francés parisino siempre ha tenido sitio en nuestra cartelera. Nombres como Xavier Dolan, dondequiera que esté, Jean Luces Vallée, el primerizo Denis Villeneuve, entre otros, fueron los puntales del desembarco, cristalizado ahora en iniciativas como el Cinequebec de La Rioja. Una región fascinante en pasado y presente, y en la que muchos se miran por su manera de afrontar las divergencias con el Canadá anglófono. 

Al siempre excelente catálogo de series de Movistar y precedida de diversos premios en festivales del gremio, llegó en marzo Empatía, una historia en diez episodios creada y protagonizada por Florence Longpré, conocida por el drama Audrey is revenue

Longpré ha reconocido en entrevistas que no buscaba otro drama sino más bien un procedimental del tan en tendencia true crime, pero que su atención se desvió hacia las tragedias íntimas de las personas con las que se documentaba. 

El título, rotundo, rescata un pilar básico de supervivencia en una sociedad cooperativa, arrumbado en estos tiempos por otros más relucientes como "resiliencia". Arg. Pero no estamos ante un relato ni buenista ni complaciente. La protagonista, criminóloga y psiquiatra, deudora sí del arquetipo de investigador torturado, afronta la vuelta al trabajo tras una tragedia incomprensible que termina de desvelarse en el quinto capítulo. Se incorpora a un nuevo puesto en un tan atrayente como hostil, un hospital psiquiátrico. Recordemos el título, esto no es el nido del cuco. La doctora Suzanne Bien-Aimé, apellido que ella no termina de creerse, acarrea una mochila tan pesada como la de cada paciente que deambula por los pasillos de la institución de Montréal. Su primer día, escatológicamente inolvidable, nos presenta a un personaje que sabe o cree saber compartimentar. Otra constante en las ficciones contemporáneas. Su propósito de reconstruir el trato con los pacientes (menos medicación, más escucha), es recibido evidentemente con un recelo que se va diluyendo. 

La estructura narrativa no busca impactar sino reforzar el relato. Sí que es llamativa la manera de comenzar cada capítulo. En cada uno de ellos, al título le falta una letra, que es sustituida por uno de los personajes, y surge una figura humana. Y en cada uno, es uno de los trabajadores o pacientes que rodean a Suzanne el protagonista, siempre con un doble plano: el de su presente en la institución y el del pasado que le ha llevado allí. La intención de ofrecer una panorámica de toda la tipología de enfermos funciona especialmente con dos pacientes antagónicos, el entrañable pirómano y el sociópata seductor. 

Sin embargo, la principal virtud de la historia es la relación compleja y ambigua que nace entre Suzanne y su agente de seguridad Mortimer, encarnado por el monologuista parisino Thomas Ngijoj (los oídos entrenados notarán el contraste) cuya mera presencia sombra de la doctora impide que olvidemos el contexto humano en el que cualquiera puede entrar en ebullición de un segundo a otro.

Mortimer es el reverso de Suzanne. Parece haber logrado lo que ella no ha podido conseguir, el sobreponerse a los palos de la vida. En varias ocasiones reconocen ser los únicos amigos que tiene cada uno, y es realmente interesante contemplar el desarrollo de una amistad profunda hombre-  mujer, aun con sus dudas en la segunda mitad de la serie. 

Que en algunos momentos peque de inocencia no debiera ser obstáculo para que no reservemos un tiempo de calma para adentrarnos en el Mount-Royal, y recuperar una manera de contar pausada pero fluida, sin artificios ni giros sorprendentes de guion cada dos secuencias para ganar la competición al teléfono móvil.

 

lunes, 6 de abril de 2026

ALTAS CAPACIDADES

 


Todo se fastidió cuando los hijos pasaron a ser "proyectos de vida". Una genialidad tuitera que pasó injustamente desapercibida. Siguiendo el argot, la nueva y más accesible película de Víctor García León, coguionista junto a Borja Cobeaga, reabre varios melones y quiere hacer pupa en asuntos trascendentalmente contemporáneos como las nuevas paternidades y la lucha interior casi unamuniana entre el ansia de ascenso social y los valores supuestamente progresistas de buena parte de la población de bien. 

El título mismo, en combinación con el tono de la historia, es de fácil inserción en los descarnados debates pedagógicos e identitarios que se libran en las redes y en los grupos de WhatsApp de madres. O pamadres. Sin embargo, el objeto de las chanzas no es tanto el mantra de mi hijo es especial/todos somos especiales, sino el que un autodiagnóstico de esos tan comunes y tan balsámicos sirve de catalizador para el medrar de los progenitores. 

Los creadores han contado que todo parte de un luctuoso hecho real acaecido en uno de los colegios privados más exclusivos de Pozuelo de Alarcón, una de las tres poblaciones con mayor renta per cápita de España, y la localidad con menor presencia de la educación pública de todo el país, dentro de la comunidad autónoma que mejor practica la segregación educativa. El asesinato de un narcotraficante a la entrada del colegio de su hijo sirve como punto de partida a la peripecia de Alicia y Gonzalo,  una anodina pareja interpretada impecablemente por Marian Álvarez e Israel Elejalde. Su único hijo es gamberrete y exhibicionista. Carece de las hipotéticas características que debería tener un niño así. ¿Seguro? Los espectadores de la EGB alucinarían leyendo sobre las variadas casuísticas que gozan ahora de tan excelsa etiqueta. 

Ella, trabajadora en una revista de moda. Él, trabajador de banca. Epítome perfecta del obrero wannabe que se autopercibe de socioizquierda pero que se avergüenza en secreto de su sitio en esta sociedad neoestamental que se nos está quedando. El caramelo se lo acerca el jefe de Gonzalo, ese sí banquero. Un excelente Juan Diego Botto, últimamente ubicuo en cine, teatro y televisión, como encantador macho alfa hiperconsciente de la importancia de repartir migajas.  Sirviendo a sus propios intereses de conservación de grupo, les entreabre literal y figuradamente la puerta a una vida nueva. Su rictus de conmiseración es idéntico al de la glacial directora del Pyros, una Pilar Castro que humilla con la mirada. 

A partir de este momento, el tono cómico deviene en amargo y observamos la gincana en la que se embarcan Alicia y Gonzalo, que alternan su entusiasmo por el cambio y se van dejando la dignidad y el sistema ideológico por el camino. 

El retrato del ecosistema en el que intentan chapotear, no por previsible es menos certero. El poder sobreestimado del lenguaje ("no nos gusta la palabra superdotado", "mi marido es banquero"), los códigos de vestimenta (a más poder más informalidad), el desprecio disfrazado de educación exquisita, las fachadas familiares, el supremacismo de clase, todo tiene una secuencia.

La sátira, si está bien hecha, duele. Al igual que las comedias costumbristas que han pululado por los teatros españoles durante un siglo y medio, la comicidad reside en un juego de espejos. El espectador se enfrenta con sus propias contradicciones y observa cómo de caricaturizable es su modo de vida. Las ansias aspiracionales de una población asaeteada por las dificultades ordinarias y extraordinarias no van a desaparecer. El mismo guionista reconoce que lleva a sus hijos a un colegio de esos, laico, eso sí. 

En todo caso, siempre proponemos una sesión doble con Torrente, presidente para transitar por los variados vericuetos de la comedia y recuperar la sensación de superioridad moral. Y le ha gustado a Carlos Boyero.

 

Título: Altas capacidades

Año: 2026

País: España

Dirección: Víctor García León

Guion: Víctor García León y Borja Cobeaga

Música: Camila Suárez

Fotografía: Eva Díaz

Reparto: Marián Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Bea Segura.

domingo, 22 de marzo de 2026

SE ACABÓ EL RECREO (para todo el mundo, además)

 




La novela de campus en sus variantes seria y satírica en un género transversal en la narrativa contemporánea. Stoner, El guardián entre el centeno, Todas las almas, Indignación, El secreto, La trama nupcial, Nunca me abandones, Queridos miembros de la junta, son títulos imprescindibles para todos los que han tenido contacto más o menos coyuntural con las generalmente frías aulas universitarias. En el audiovisual, la reciente Caza de Brujas, y la recién estrenada Vladimir, siguen la estela. En los peores tiempos posibles para que los componentes de la academia compartan sus cuitas, esperamos hincarle el diente a La chica más lista que conozco, tercera novela de Sara Barquinero, que opta por la gravedad en un retrato oscuro de las desiguales relaciones que se establecen en tan endogámico macrocosmos. 

En esta ocasión, Darío Ferrari nos sumerge en una telenovelesca panorámica de los tejemanejes cotidianos de la antiquísima Universidad de Pisa, tan querida en el recuerdo de tantos estudiantes Erasmus. Pero no sería merecedora del titulo de fenómeno editorial si en eso se hubiera quedado. Dos son los principales alicientes de esta historia. Muchos son los alicientes de esta historia, construida a base de capas de complejidad humana y aderezada con un ritmo agilísimo y un insuperable sardonismo. Mérito en parte de la extraordinaria traducción de Carlos Gumpert, al que el autor regala un cameo en las páginas finales, en un curioso ejercicio metanovelesco. 

En primer lugar, conocemos a Marcello, un estudiante digamos talludito que se lanza al doctorado como medio de seguir trampeando a la vida. Los conocedores o sufridores del proceso en esta nuestra querida patria se sorprenderán o carcajearán, pero es que en Italia, todos los doctorandos cobran un salario. El camino de Marcello desde que toma la decisión hasta que consigue unirse a la tropa de promesas de la filología italiana está lleno de eventos de esos que llevan a la estupefacción desde fuera y a la destrucción de la salud mental si uno está dentro.

En segundo lugar, el retrato del entorno de Marcello, fruto de la universalmente conocida familia italiana. La novela de campus rota aquí hacia la novela de formación de un grupo de amigos de la generación de los dos mil, que ejemplifican a la perfección aquello de que a mi edad, mis padres tenían casa, trabajo indefinido, coche y dos criaturas. 

El tercer nivel es el más interesante. El director de tesis de Marcello (todo doctorando sabe perfectamente todo lo que conlleva ese título cuasi nobiliario), le propone/impone la investigación sobre un hermético autor de los setenta, encarcelado por terrorismo y autor de una única obra desaparecida, La estantigua. El paralelismo de ambas trayectorias vitales es evidente. La tercera parte de la novela, llamada como la obra objeto de la tesis, que Marcello va a buscar a los altos fondos bibliográficos de París, deja casi de lado la sorna y aborda temas de gran calado en cuanto a sistemas ideológicos individuales y su proyección en la Historia nacional. Pero no hay peligro de trascendencia excesiva. Los vaivenes amorosos y desventuras parisinas varias de Marcello rebajan la progresiva seriedad de los acontecimientos que propician el nacimiento, desarrollo y caída de la figura de Tito Sella. 

La desesperación existencial de Marcello es gemela de la de Tito, pero cada cual es hijo de su tiempo, y el nuestro no es el de las revoluciones juveniles. 

Se acabó el recreo (La ricreazione è finita),  de Darío Ferrari y Carlos Gumpert(traducción). 2025. Ediciones del Asteroide, n.337. 400págs.

domingo, 1 de marzo de 2026

PREMIOS GOYA 26. Sí pero.

  El cuadragésimo cumpleaños de los primeros premios del cine español dejaron la mayor cuota de pantalla desde el 2020 a pesar de todas las ausencias, de los minutos rellenos de conversaciones improvisadas, conatos de encuentros que pudieron haber sido chispeantes, y encuentros que no soltaron chispa alguna. 

- Ausencia de Sergi López. Hubiera recibido más indicaciones para deambular por la alfombra roja que con la dirección de actores en el desierto de Los Monegros.

- Ausencia de líneas potentes de guion. Muchos añoramos esos más o menos cáusticos monólogos introductorios, y en las redes otros se preguntaron por la vuelta de los presentadores cómicos.  En los últimos años se ha optado por la sutileza y el trampantojo entre los guionizado y lo improvisado, y el espectador medio, como un adolescente, necesita líneas claras para no perderse. El mejor chiste "empezamos en febrero y ya estamos en marzo"fue fruto del momento. 

-Ausencia de química entre la pareja presentadora. Debían de ser los únicos que no se conocían de antes de todos los que pisaron el escenario. Nadie esperaba que fueran los Robbie/Elordi del Fórum, pero al menos una complicidad mayor a la que se tiene con un señor o señora cualquiera con la que se va a coincidir en el mismo espacio durante tres horas y media. Luis dirige sus chanzas a Rigoberta, y Enric, sorprendido fuera de su butaca, le recuerda a Paula las fiestas en su piso compartido. 

- Ausencia de imágenes o declaraciones de Jafar Panahi, nominado por Un simple accidente, al que imaginamos esquivando cámaras mientras asumía que la geopolítica le había fastidiado su plácido paso por España.

- Ausencia de encuentro público o privado de Susan Sarandon con María Luisa Solá, su actriz de doblaje en castellano. Las invitaciones y menciones en este tipo de eventos no son nada casuales (ver la entrega al mejor actor de reparto), y la cara de la homenajeada actriz al enterarse de la presencia de María Luisa evidenció  alguna idea de guion que se quedó por el camino. Con el que sí le hubiera gustado quedar, sin duda, es con el presidente del Gobierno. Animamos desde aquí a nuestro maltrecho dirigente a hacerse un póster con las palabras que le dedicó Sarandon al inicio. 


- Ausencia de algún gag que obligara a compartir oxígeno a Oliver y a Albert, interesantísimos creadores de sus obras y de sus personajes que han sacado, por este año, al cines español del marasmo del cuánto nos queremos todos aquí. Nos queda ya poco para disfrutar de las reflexiones de Óliver, el 15 de marzo tendría que terminar su periplo por nuestras vidas, y Albert se merece, aunque no quiere, rellenar algo ese vacío. Las declaraciones de ambos dos son un soplo de vida. Oliver afirmó ayer que nunca había visto una gala de los Goya, aun habiendo asistido a la del año de O que arde. Albert escudándose en sus gafas de sol Oackley "normalitas" y arrebatando el premio al mejor documental a la muy contemporáneamente normativa Alba Flores. Qué pareja cómica hemos perdido, qué conversaciones entre el raciocinio y la espiritualidad moderadas por Karla Sofía Gascón. 

- Ausencia de coherencia y cohesión. La coherencia es esencial para la comprensión de un texto, como bien saben los estudiantes de segundo de bachillerato. La selección de fragmentos del pasado, justificada por la fecha redonda, no tenía hilo conductor alguno más allá del propio ejercicio de nostalgia. El momento más criticado, el de la escandalosa desigualdad de trato en los premios a actor y a actriz de reparto, era otra buena idea que tenía que haberse quedado fuera. Los cinco buenísimos actores catalanes el premio a Álvaro Cervantes, uno de los suyos. No solo colega, sino amigo, compañero de penurias actorales. Sonaba espectacular. Pero con la principal favorita al premio equivalente no pasaba eso. Así que quedó como quedó. Y tenían que saberlo. 

- Ausencia de traducción en los discursos en lenguas periféricas. Qué mejor momento para despojarse del rancio centralismo mesetario a la ves que se demuestra que la narrativa del agradecimiento es totalmente intercambiable. 



domingo, 1 de febrero de 2026

CINE DE PREMIOS: SI PUDIERA, TE DARÍA UNA PATADA(2025)

 En 2024, unos pocos elegidos nos estremecimos en las salas con Salve María, de Mar Coll. Una terrorífica historia de maternidad que le valió a su protagonista Laura Weissmahr el Goya a la mejor actriz revelación al año siguiente.

Los paralelismos con la propuesta de Mary Bronstein, también recolectora de premios, son inevitables. El implacable descenso a los infiernos de una mujer asfixiada por su identidad de madre acongoja y puede enervar por igual a escépticos y a convencidos. Lástima que, como aquella, va a pasar desapercibida por las salas. Igual si Rose Byrne, que lo da absolutamente todo en su interpretación, se lleva el Oscar como ya hizo con el Globo de Oro y el Oso de Plata en Berlín, y acompañada por un reparto bien curioso en papeles cortos pero sustanciosos. En ese caso, quizá obtendría buena publicidad gratuita gracias a algún post indignado de algún padre indignado clamando por compartir tesitura y no quejarse tanto. 

El título, traducción literal de If I Had Legs, I´d Kick You, no es clickbait. Sí llamativo y clarificador y muy incorrecto. Aunque el tema de las madres arrepentidas ya no es nuevo, y aunque aún hay portadas luminosas de revista y más luminosas instantáneas en redes sociales, el discurso actual es más realista. 

Linda brega a diario con la discapacidad sobrevenida de su hija, deducible gracias a progresivas pistas. Su peripecia vital está salpicada de trazos de humor, llamémosle así, negrísimo, de esas experiencias devastadoras en el momento pero divertidas de escuchar y de recrear después.  Con un marido ausente que dilapida las conversaciones telefónicas en autocompadecimiento y reproches ante lo que cree poca funcionalidad de su esposa. Sobrellevando el chiste fácil de ser la terapeuta que va a terapia. Aguantando las broncas de la doctora de su hija, que desconoce el concepto de sororidad. Y como en la vida todo puede empeorar, una tarde se le cae el techo encima y comienza el más costumbrista vía crucis de seguros, caseros renuentes y obreros escapistas. 

La hipérbole trágica suele causar el efecto contrario en dramas lacrimógenos y telenovelas antes latinas, ahora turcas. Aquí no ocurre, ya está medido. El alivio cómico sumado a la inclusión del toque onírico o sobrenatural rebaja la presión en los momentos que más se necesita. El tremendo agujero del techo es una metáfora evidente de la demolición estructural que soporta Linda. Los espacios cerrados o nocturnos en los que transcurre la mayor parte del metraje nos traen soledad y angustia. El tono gritón y estupefacto en el que Linda habla puede ponernos en su contra, como están casi todos los personajes que pululan por su drama. Una tribu dispar de secundarios  ayudan a mostrar a Linda en diversas facetas, todas ellas bajo la alteración verbal y mental. Su propio terapeuta y colega de clínica (Conan O´Brian), una de sus pacientes, cuyo padecimiento simétrico al de Linda funciona como caja de resonancia de todas las actitudes condescendientes y paternalistas que la película denuncia. El vecino enrollado del motel cutre en el que vive con su hija mientras arreglan su casa.  El deterioro físico y emocional de Linda, espoleado por un sentimiento de culpa que lo colapsa todo. El verdadero asunto a tratar. 

Los seres humanos masculinos que la rodean, para sorpresa de nadie, no ayudan demasiado. Puede que sea uno de los puntos débiles de la película (ese policía). #NotAllMen, ya saben. 

Título original: If I Had Legs I'd Kick You

Año: 2025

Duración: 113 m

País: EEUU

Dirección y guion: Mary Bronstein

Reparto: Rose Byrne, Delaney Quinn, ASAP Rocky, Conan O´Brien, Danielle MacDonald, Christian Slater.

domingo, 28 de diciembre de 2025

UNA INCOMPLETA LISTA MINIMALISTA DEL MÁS O MENOS RECÓNDITO CINE EN ESPAÑOL DE 2025 POR ESTRICTO ORDEN ALFABÉTICO


De modesto presupuesto, con una excepción, y demostración de que una crítica entusiasta ya no lleva a casi nadie a las salas, con dos excepciones. Casi todas disponibles en alguna de las plataformas habituales.

1.  Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo. El amanecismo vive, la lucha sigue.

2.  El jockey, de Luis Ortega. El cine argentino sobreviviendo a la motosierra.

3. El talento, de Polo Menárguez. La música no amansa a las fieras.

4. La furia, de Gemma Blasco. El teatro como búsqueda infructuosa de la sanación.

5. La niña de la cabra, de Ana Asensio. Por parentesco, la favorita de este blog.

6. Madrid, ext, de Juan Cavestany. La meca de la libertad es ya solo carcasa.

7. Miocardio, de José Manuel Carrasco. Las segundas oportunidades se pueden ensayar.

8. Muy lejos (Molt lluny), de Gèrard Oms. Qué frío hace en Holanda.

9. Polvo serán, de Carlos Marques-Marcet. Que ni la muerte nos separe.

10. Sirat, de Oliver Laxe. De cuando Almodóvar nos regaló al Pensador Cineasta Definitivo.

11 Subsuelo, de Fernando Franco. Las relaciones fraternas son turbias desde la Biblia.

12. Una ballena, de Pablo Hernando. Todos tenemos una en nuestro interior.

13. Una quinta portuguesa, de Avelina Prat.  Medicina para la vista y para el alma.

14. Votemos, de Santiago Requejo. Qué modernos nos autopercibimos hasta que. 


domingo, 30 de noviembre de 2025

LA SUERTE: UNA SERIE DE CASUALIDADES

 Escondida en la pléyade de plataformas le espera la mejor serie española de comedia que no está viendo. Sí la ha visto, por lo que parece, el jurado de los Feroz, que la ha nominado en tres categorías.


La suerte: una serie de casualidades
, disponible en Disney+, es una apuesta atípica, arriesgada y formalmente escurridiza de Paco Plaza, Borja González Santaolalla, Pablo Guerrero y Diana Rojo. Atípica en su premisa, porque pocos pocos se han atrevido a ficcionar sobre uno de los pilares de esa España, la tauromaquia. Tan pocas muestras como una sola, que el protagonista mismo recomienda en uno de sus abundantes momentos conversacionales. Googleen si son demasiado jóvenes. Pero que nadie se asuste, ni salive. Escurridiza, porque nadie se va a hacer abonado de San Isidro después de verla, idéntico no fenómeno con Tardes de soledad, la polémica Concha de Oro de Albert Serra que cayó muy pronto en una inmerecida indiferencia.  En una dimensión paralela por intención y tono, comparte suspicacias con la película de la temporada. Por más que les pese a ciertos sectores, Los domingos no será el Espíritu Santo para ninguna adolescente que no esté viviendo ya en ese ecosistema.

La suerte se zambulle en el hermético código del toreo y lo utiliza para construir una de esas buddie movies de buen corazón que nos enseñan que el roce hace el cariño, sin caer en sentimentalismos ni lugares comunes. El título es polisémico. Por un lado, el encuentro casual entre el joven David, opositor a abogado del Estado y conductor nocturno del taxi paterno en la simpar Talavera de la Reina, y el Maestro, de nombre desconocido hasta el último capítulo. David se ve engullido por la cohorte del diestro, contratado como chófer para la temporada de ferias y remunerado en primera instancia con una magdalena. Por otro, el chorro de atávicas supersticiones que hacen del noble arte de Cossío un blanco fácil para la sátira y difícil para el análisis racional.

Muchas cosas resultarán curiosas para el neófito que se acerque a la serie, que esquiva exitosamente el enfoque costumbrista o incluso documental para adentrarse en el choque de antagónicos que terminan confluyendo. El retrato del Maestro, encarnado con milimétrica exactitud por Óscar Jaenada, al que se ha nombrado el intérprete con más cara de torero, concentra todos los trazos de uno de los dos arquetipos toreros reales que se pasean por los medios, el del torero ilustrado. El rictus perenne, la introspección, la filosofía de bar (carcajeante subtramas de las servilletas), el desdén por el saber enciclopédico (da lo mismo procurador que abogado del Estado), la reiteración de gestos, la autoconciencia de estar uno o dos escalones por encima del pueblo que le reverencia y le saca a hombros tras el triunfo sobre la bestia. La familia sanguínea con protagonismo de su mano derecha y hermano, encarnado por un torero de verdad, Óscar Higares y la fugaz aparición de Almudena Cid como la esposa, menos sufrida de lo que cabría esperar. lY la cuadrilla, galería de pintoresquismos que al principio caen gordos pero terminan cautivando por su llaneza y su resignación cristiana a los vaivenes de la suerte. 


El intruso David, o José Antonio,  un Ricardo Gómez que sigue labrándose una más que interesante trayectoria actoral en los tres medios, aporta la mirada inicial de incredulidad y rechazo que se espera de sus coetáneos, salvo los del sector económico-geográfico-social que todos conocemos, aunque en estos cachorros predomine más el postureo que la afición genuina. Que se lo digan a Los Verdaderos Aficionados del Tendido 7 de Las Ventas.  Los cómicos intentos de David por desasirse de su destino van mutando en un deseo de ser partícipe de juergas y preparativos. El onírico toro de Benidorm es el primer punto de inflexión. La merienda en el McDonalds con las amigas animalistas, el segundo. El tercero, en el último episodio, ese sí, un poco moñas. Un final abierto y menos incierto, por suerte, que el que esperaban los colegas de Rafael antes del descubrimiento, también casual, del doctor Fleming, hecho estatua, por cierto, en el mencionado coso madrileño.  

martes, 18 de noviembre de 2025

SUBSUELO: LOS LAZOS DEL AMOR FRATERNO AHOGAN.


 SUBSUELO

Título original: Subsuelo

Año: 2025

Dirección: Fernando Franco

Guion: Begoña Arostegui, Fernando Franco, basado en la novela de Marcelo Luján.

Reparto: Julia Martínez, Diego Garisa, Sonia Almarcha, Itzan Escamilla, Nacho Sánchez, Gerardo de Pablos.

Música: Maite Arroitajauregui

Fotografía: Santiago Racaj


Para los cinéfilos patrios que navegan la cartelera buscando algo más que la nueva comedia española y el cine de género, las propuestas de Fernando Franco son siempre un desafío moral  solo apto para estómagos fuertes. Sus historias (La herida, de 2013-, Morir, de 2017) transitan la oscuridad del ser humano, por más que La consagración de la primavera (2022), aportara algún de luz, amén de salpimentar  brevemente las redes con  un espinosísimo debate. En esta su última obra adapta junto con Begoña Arostegui la novela homónima del argentino Marcelo Luján, que dan ganas de leer inmediatamente después de salir de la sala, a ver si alcanza el mismo nivel de turbiedad. 

La ambigua naturaleza en las relaciones entre gemelos y mellizos está bien presente en la literatura y en las mitologías. Imposible no recordar con nostalgia a los Lannister, por ejemplo, aun cuando en ellos todo es bastante explícito desde los primeros compases. Eva y Fabián, encarnados por los debutantes tampoco gozan de una relación de más o menos iguales. El juego de poder a tres que ya se intuye desde la primera secuencia encuentra ganador merced a un accidente en el que desaparece la pieza sobrante. Transcurre soterrado socavando la cotidianeidad burguesa  y muta en completa asimetría con una pieza cada vez más débil que ve cercenado cualquier intento de tomar aire. La evolución física de Eva, su expresión facial que navega todos los estadios del sufrimiento, es pura congoja para el espectador. A su lado, sin dejar un milímetro libre, su hermano y dueño y señor, que saca oro de su propia tragedia.  La antítesis más absoluta del personaje que le valió a Telmo Irureta el Goya a actor revelación, y un ejemplo más de podredumbre  escondida bajo un rostro angelical. Estructurada en tres actos con ánimo de ofrecer distintas perspectivas, lo perverso está en la necesidad de ocultar cierta información trascendental al resto para seguir manteniendo la pantomima, y a la vez ignorar que esa información ya se conoce, o eso se sugiere en el último segmento, dedicado a Mabel, la madre. Esta progenitora estándar de clase media alta tambièn representa su propia comedia. Otro análisis merecería la comparación entre esta pareja que asume con tanta asepsia la consecuencia del accidente, y la siniestra figura paterna de la película que se va a llevar todos los premios de la temporada. Los domingos, claro está. 

La honda disección de emociones cristaliza a base de primeros planos de rostros y conversaciones de mensajería instantánea de contemplación progresivamente incómoda. Incluso un artefacto tan positivamente connotado en el modo de vida occidental como es una piscina se transforma en un catalizador de situaciones sórdidas. El duelo fraterno se vuelve más violento y más sordo con la aparición de otro tercero en discordia, que tampoco es un desconocido. En el conjunto de secundarios que apenas aportan briznas a la trama, Nacho Sánchez llena la pantalla con sus ojos, como es habitual, aunque hubiera merecido más vuelo. Igual que el desenlace. 


martes, 21 de octubre de 2025

POQUITA FE. La vida es eso que pasa.



Desde la irrupción de las plataformas audiovisuales, parece que ya no es relevante algo tan aparentemente tan básico para la subsistencia de una serie de televisión como es el número de espectadores. El hermetismo de las grandes provoca que no se entiendan cancelaciones o renovaciones. De cuando en cuando, y siguiendo su muy peculiar método de conteo, nos regalan migajas de información, siempre favorable a sus intereses. No tan oscurantista es la empresa que probablemente disponga del mejor catálogo del audiovisual español en producción propia, aunque los números de productos que merecieron el calificativo de icónicos (La mesías, Los años nuevos), no alcanzan los seis dígitos siquiera. Les importa otra cosa, cabe pensar. Y que les siga importando, añadimos. 

En esta tesitura, una propuesta como la de Montero y Maidagán solo puede tener hueco en un contexto tan favorable a la experimentación y a la flexibilidad de audiencia. Por más que evangelicemos al prójimo, o está suscrito a Movistar o no entenderá el fervor con el que su colega de despacho le habla, a a no ser que el colega logre hallar alguna comparación sí alojada en las retinas de una mayoría. Camera Café sería la más evidente, y no solo porque comparte a la fenomenal Esperanza Pedreño. Su estructura de cortometraje en el que cada plano y cada diálogo invita a la risa nerviosa, y la ruptura de la cuarta pared (The Office y Modern Family para los millenials preNetflix), la hacen reconocible y accesible. 

Ciertamente no es un humor intergeneracional. Un adolescente se quedará solo con el patetismo de sus protagonistas y jurará no terminar así. Es el espectador adulto que sonríe y se avergüenza a la par con los cada vez menos de nicho Pantomima Full y los premiados podcasters de La Ruina. Historias mínimas con la duración exacta para transmitir una sensación persistente de que eso tan intrascendente que nos acontece a diario es oro.

¿Por qué nos hace tanta gracia la liviana cotidianeidad del segurata José Ramón y la maestra de infantil Berta? Su ser tan meticulosamente anodino delega las excentricidades en los estupefacientes secundarios, que podría firmar el inmortal Azcona. Apenas unos rasgos los sustentan. El gag es una chispa, un suspiro en los que las rutina mínimas muta en esperpento diario, el humilde reverso de Instagram. Los doce meses en la vida de nuestros antihéroes que componían la primera temporada se compactan en los seis de la segunda, a modo de cuenta atrás muy turbia hacia la consecución de la empresa más ambiciosa de nuestro tiempo, conseguir piso. La épica de la búsqueda sustituye al mosaico costumbrista y los dos van surfeando como pueden las tempestades que cuartean su ordenada existencia.

Todas las instantáneas de nuestro rutinario devenir son poquitafeables. Hagan la prueba.  

Poquita fe, en Movistar +.

Dirección y guion: Pepón Montero y Juan Maidagán.

Reparto: Raúl Cimas, Esperanza Pedreño, Chani Martín, Julia de Castro, María Jesús Hoyos, Juan Lombardero, Marta Fernández-Muro, Pilar Gómez, Enrique Martín.  

martes, 30 de septiembre de 2025

LECTURA PARA COMENZAR EL OTOÑO: VISIÓN NOCTURNA, DE MARIANA ALESSANDRI


El pasado mes de julio, un curso de verano congregó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a unas decenas de valientes, más a otros doscientos en línea para hablar sobre "emociones oscuras". Capitaneados por el adalid antipositividad vacía Edgar Cabanas, los asistentes abrieron la caja de Pandora y dejaron salir ira, depresión, angustia, dolor, duelo y ansiedad. Una de las ponentes más esperadas fue la filósofa estadounidense de origen chileno Mariana Alessandri, que oportunamente pudo su este último libro en los escaparates durante al menos esas dos semanas. Una manera como otra cualquiera de combatir el calor estival que ya empezamos a olvidar, como corresponde a cada inicio de otoño. Es este un ensayo amigable, transparente, fuertemente enraizado en la tradición contemporánea de combinar el a veces árido pensamiento abstracto con un tono confesional en el que la autora enhebra el discurso a través de anécdotas de su biografía cotidiana. Nada que objetar. Esta corriente de ensayo más o menos ligero triunfa en nuestro mercado de la mano de editoriales especializadas y portadas y títulos que en ocasiones son parientes del clickbait. En este caso, el texto se mantiene en un nivel académico no retador pero muy aceptable, y los títulos, tanto el original en inglés como la traducción, pueden sugerir incluso reminiscencias del cómic de superhéroes, del género existencialmente torturado. 

Totalmente en la línea del curso, Alessandri ataca fieramente la narrativa social que nos invade obligándonos a la felicidad perenne y perpetua. Durante la lectura, es inevitable preguntarse qué pensaría Mariana del universo Mr. Wonderful, que parece haber emprendido una lenta pero esperemos imparable decadencia asediado por las copias), y fantasear con que hubiera sido obsequiada con una frase inspiradora serigrafiada en taza de desayuno.  

Mediante claros epígrafes, se desgrana el análisis de las distintas emociones oscuras y se desmonta lo que la autora llama Light Metaphore, o metáfora de la luz, por la cual, desde la Ilustración, se asocia el pensamiento a la luz y esta a la felicidad. La luz es mejor que la oscuridad, la alegría que la tristeza, el sosiego a la ira, y el optimismo al pesimismo. La autora se confiesa existencialista y asume que la oscuridad habita dentro de nosotros. Nos herimos, sangramos, morimos, afirma.

El marco temporal de escritura refuerza esta propuesta. La profesora Alessandri estaba confinada en su casa de Texas impartiendo docencia en línea (el horror, el horror, que diría Kurtz en El corazón de las tinieblas), y conviviendo con un marido que sí salía a la calle y dos niños a los que supervisar académicamente y seguir criando. Ciertamente ya nos hubiera gustado ver a Sartre o Cioran en esa tesitura. Cuando va llegando lo que se llamó "nueva normalidad", la autora se espanta ante el lamentable estado anímico de sus estudiantes, carcomidos por la ansiedad y el miedo. Hasta ahora. 

Quizá la aportación más valiosa de la obra para un público no experto es la vertiente teórica, vertebrada principalmente por filósofas norteamericanas contemporáneas que escrutan la relación entre estas emociones y su género. Nombres como Gloria Andalzúa, Audre Lorde y Maria Lugones suponen todo un descubrimiento. Junto a ellas, los imprescindibles y familiares Miguel de Unamuno y Soren Kierkegaard, grandes analistas del dolor del alma a los que les faltó la experiencia pandémica.  

 

 Mariana Alessandri: Visión nocturna. Un viaje filosófico a las emociones oscuras. 2025. 304 págs. 

 

 

 

 


miércoles, 3 de septiembre de 2025

MATERIALISTAS (2025)

 MATERIALISTAS

Título original: Materialists

Año: 2025

Duración: 109m

País: EEUU

Dirección y guion: Celine Song

Música: Daniel Pemberton

Fotografía: Shabier Kichner

Reparto: Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal, Marin Ireland, Zoe Winters, Louisa Jacobson.

La comedia romántica del año no es ni comedia ni romántica. Un síntoma más de la liquidez o liquidación de los géneros en el arte, consolidada ya con el caso de The Bear y su encuadre en la categoría de mejor comedia. 

El segundo trabajo de Celine Song, que ha tardado bien poco en materializarse, valga la chanza, avalado por el éxito sorpresa de su debut, Vidas pasadas, es una propuesta no tan atrevida, no tan escandalosa como algunos creen. Como en esta página somos muy fans de las sesiones dobles, o incluso triples,  hay que recomendar el visionado conjunto de este Materialistas con Los Rose,la nueva y muy británica versión de la mítica comedia ochentera de Danny de Vito, y, si quedan ganas, con Locamente, taquillazo italiano del verano y, esta sí, reivindicación apasionada del sentimiento amoroso.

La obra de Song es arisca y escurridiza. A partir del clásico triángulo amoroso en el que la chica ha de escoger y salir perdiendo,  se ofrece una panorámica incluso documental de la puesta en marcha y funcionamiento de una relación sentimental en el muy escogido sector blanco hetero neoyorkino. Los WASP de toda la vida. Un material que Woody Allen moldeó y patentò, al que se añaden los ingredientes típicos del ultracapitalismo tecnológico que tanto escuecen en los admiradores de Meg Ryan. 

La directora afirma haber rodado una denuncia contra los parámetros sociales que nos despojan de nuestra humanidad y nos convierten en meros productos que compiten en el despiadado libre mercado. La empresa que emplea a Lucy, la matchmaker, sin embargo, se precia de aplicar a sus clientes el factor humano del que carecen las aplicaciones que todos conocemos. Ese factor humano es Lucy, que mima a sus clientas y cuida al extremo el lazo afectivo que ella ha sembrado. Tan al extremo como en la crisis preboda de los primeros compases de la película. 

El título desde luego no engaña. La puesta en escena, los espacios, la narrativa sembrada de alusiones a las finanzas, a los salarios ideales (ese tabú en nuestra cultura), las razones que llevan a los pudientes a emparejarse. El concepto de "lujo silencioso" popularizado por los exégetas de Succession. El espacio vacío del millonario frente a la masificación doméstica del pobre. Pero el discurso de Lucy sí engaña. Salpicado de frases sentenciosas tipo"el amor es más fácil porque no se planifica". Se declara materialista, se autopercibe como producto de no muy alto valor, con su desazón correspondiente, y la coherencia con sus decisiones vitales es mejorable. No podemos tampoco estar de acuerdo con su visión de "mercado generalista" frente a "mercado de nicho". Los especímenes que han subcontratado su proceso de selección de alma gemela a la empresa de Lucy pertenecen a un ecosistema muy concreto. El mercado generalista ha de seguir acudiendo a las aplicaciones o a los bares. Los mantras a partir de los que construye su personaje comienzan a resquebrajarse en ambos frentes laboral y personal, y en ese desequilibrio encontramos la verdadera complejidad del personaje. 

Con todo, es el omnipresente Pedro Pascal el que compone el rol más atrayente, desde el punto de vista sociológico. Su ecuación vital es mucho más certera, un héroe del pragmatismo. El compungido John de Chris Evans da mucha lástima pero, al menos  para el público español no será especial motivo de impacto el que comparta un amplio piso con 37 años. (Sí la mención a que Lucy, ganando 80000 dólares al año, haya realquilado su casa para monetizar sus vacaciones). En el caso de John, el infierno son los otros.

 

jueves, 10 de julio de 2025

SESIÓN DOBLE DE CHINA CONTEMPORÁNEA: Breve historia de una familia /Black Dog



Una extraordinaria alineación de astros cinéfilos nos ha traído un triplete de cine chino contemporáneo   la sufrida cartelera madrileña estival.  Al menos durante estas dos próximas semanas. 

A la deriva, de Jia Zhangke, a su vez actor en Black Dog, de Gou Zhen, y por último, el debut de Jianjie Ling con Breve historia de una familia. Estas últimas, además, conforman un muy sugerente retrato del anverso y del reverso de la China contemporánea. Dos punzantes estudios de lo urbano y de lo rural acerca de cómo las políticas gubernamentales y sus vaivenes condicionan las decisiones vitales de los individuos, que se insertan en el molde propuesto con mansedumbre y optimismo, o bien se convierten en rebeldes, molestas piedrecitas en el camino marcado.  Las dos con el pertinente visto bueno del organismo gubernamental correspondiente, como se informa al inicio de la proyección, como el león de la Metro antes de ser engullido por Amazon. 

Breve historia de una familia es el sugestivo debut en la dirección de Jianjie Ling. Logra sobreponerse a la facilona comparación con la coreana Parásitos (2019) y a un hilo argumental que podía despeñarse fácilmente hacia los dominios de @PeliDeTarde.  Y lo hace gracias a la contención emotiva oriental y  a una cámara audaz que narra mediante la imagen. Lo que viene siendo el lenguaje cinematográfico, en extinción desde que triunfa la multitarea durante el consumo audiovisual y todo está confeccionado para ser escuchado más que visto. 

Esto se traduce en el uso del desenfocado, del plano cenital, en la cantidad de veces que los personajes aparecen de espaldas, en la minuciosidad descriptiva, además de una evidente intención simbólica en el uso de imágenes al microscopio. Todo sirve para describir la infiltración paulatina que experimenta una familia de la pujante clase media alta urbana por parte de un desclasado adolescente, al que asumen primero como amigo de su hijo, y después como su sustituto. Primero un sitio en la mesa, luego la ropa, luego el afecto de una madre a la que sabe acompañar en su monotonía (fantástica la escena de las fotos)La abolición de la política de hijo único, pilla demasiado mayor, o eso creen, al matrimonio formado por un excelso biólogo y su esposa, antigua azafata. La llegada a sus vidas de un joven con todas las cualidades que añoran en su propio hijo provoca una revolución en el ordenado tablero de sus vidas. Ellos, su piso, su entorno, son la China del éxito, la nación que ha sabido exprimir el ultracapitalismo y compite por producir a los mejores individuos. Los que, como el pobre Wei, solo alcanzan a ser corrientes, se topan con progenitores frustrados. "Pensé que China era el futuro", le reprocha Wei a su padre,que insiste en mandarlo al extranjero. "No para ti", le responde este.

En un universo paralelo transcurre la tragicómica peripecia de un ex convicto en Black Dog, premiada en Cannes y presentada como un western. Aquí no hay personajes exitosos ni supermercados relucientes. La premisa es implacable y se reitera a lo largo de la película: faltan 50 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2008 y todo lo que no se pueda exhibir al planeta ha de ser eliminado. Eso incluye la demolición de pueblos poco fotogénicos y la recogida (y el exterminio) de los perros callejeros y no callejeros sin identificación. En esas está ahora mismo Marruecos a cuenta del próximo Mundial.  Nunca ha dado buena imagen la proliferación de manadas asilvestradas, por más que sea una seña de identidad de no pocos lugares como Grecia,Turquía o Hungría.  De allí recordamos precisamente una historia prima hermana, White God (2014). Los habitantes del lugar tienen completamente asimilado el discurso del progreso y colaboran con manso optimismo, a la vez que son premiados con el caramelo de un eclipse solar cuyo advenimiento y disfrute se convierte en un objetivo vital.  El ex convicto Lang, lacónico como un Clint Eastwood del desierto de Gobi, regresa a su pueblo tras diez años entre rejas y comprueba su decadencia lacerante. Le enrolan en la patrulla canina municipal (así se hacen llamar) y cruza su destino con el perro negro del título, condenado por ser supuestamente rabioso. Un ejemplar de elegantes andares y con enorme margen de independencia que cae simpático incluso al espectador que asiste con perplejidad en su vida diaria a la transformación de mascotas en pseudohijos a los que hay que esquivar en los pasillos del Decahtlon. Lang es el elemento legitimado para la distorsión, y termina siendo el líder espiritual de una panda de desheredados, caracteres pintorescos como un criador de víboras y los componentes de un circo. Los paisajes desérticos. las vías del tren, los códigos de honor desteñidos, forman parte de esa China opacada pero sobreviviente. 

 

 BREVE HISTORIA DE UNA FAMILIA (2024)

Título original: Jia ting Jian shi

Año: 2024.

Duración: 99m

Dirección: Jianjie Ling

Guion: Jianjie Ling

Reparto: Zu Feng. Ke-Yu Gut, Xilun Sun, Muran Lin

Música: Toke Bronson Odin

Fotografía: Jiajao Zhang

País: China (coproducción China-Dinamarca)

Premio del Público Berlín 2024. Premio del Jurado Sundance 2024

 

BLACK DOG (2024)

Título original: Gou Zhen

Año: 2024

Duración: 110m

Dirección: Guan Hu

Guion: Rui Ge, Guan Hu

Reparto: Eddie Peng, Tong Liya,  Jia Zhangke,  Zhang Yi, Hong Yuan.

Música: Breton Vivian

Fotografía: Weizhe Gao

País: China 

2024: Festival de Cannes: Un Certain Regard: Mejor película. 
2024: Premios Independent Spirit Awards: Nominada a Mejor película extranjera. 
2024: Festival de Valladolid - Seminci: 2 premios. 3 nominaciones
2024: Premios Gotham: Nominada a Mejor dirección. 

2025: Asian Film Awards: 5 nominaciones 



martes, 17 de junio de 2025

SIRAT: insolación o epifanía


Título original: Sirât

Dirección: Oliver Laxe

Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol.

Año: 2025

Duración: 114m

Producción: España-Francia

Música: Kangding Ray

Fotografía: Mauro Herce

El estreno en salas de lo nuevo de Oliver Laxe está siendo un cursillo acelerado de mercadotecnia audiovisual. Prometiendo ser la obra "más accesible" del director, al igual que lo era La favorita en el curriculum de Yorgos Lanthimos, y bajo el robusto paraguas de Movistar + y El Deseo, añádase la muy agraciada omnipresencia mediática del autor en prensa, radio, podcast y televisión (aunque en La Revuelta prefirió ver a su actor principal desde el tendido). Es sin duda el precio a pagar por la ampliación de tu público objetivo, y, en este caso, un precio arriesgado por la apuesta total  a la fusión entre autor y obra. Así, hemos sabido que Oliver lleva deprimido desde los seis años, de su privilegiado y no negado contexto socioeconómico, de su admiración por el Islam, de su recónditas exploraciones, además de verle con progresiva soltura en clases magistrales acerca de las costuras de su película. Ya lo hizo J. Bayona con La sociedad de la nieve, a riesgo de cercenar  el lícito espacio de interpretación personal al que cada espectador tiene derecho. Esta sobreexposición habrá seducido a un público de más amplio espectro, y más de uno ha salido escaldado de la experiencia. Es la tesis del interesantísimo artículo de Miquel Echarri en El País: https://elpais.com/icon/2025-06-13/ver-una-pelicula-para-pasarlo-mal-el-fenomeno-de-sirat-y-el-exito-del-cine-de-la-crueldad.html

Así pues, en el improbable caso de no haberse cruzado con Oliver ni en un reel de Instagram, aquí van algunas claves de Sirât, sin el ominoso subtítulo del cartel español. 

La trama, típica y sencilla, apenas una mera excusa para poner en marcha el cotarro.  Unas líneas acerca del sentido del título, unas manos colocan altavoces gigantescos en la arena del desierto. Sergi López como único actor profesional da vida a Luis,un padre con nombre de padre que busca a su hija desaparecida en las raves de Marruecos. Le acompaña su hijo Esteban, un niño con nombre y alma de viejo, el único punto de luz entre la marabunta de almas errantes. La buscan a la antigua, foto en mano, y los conocemos in medias res.  Desconocemos su contexto y sus coordenadas espaciotemporales, porque no importan. Se internan en la fiesta, deambulan entre los cuerpos en perpetuo movimiento, mecidos en una semiinconsciencia que, aparentemente, es su forma de estar en el mundo. Secuencias magnéticas y música hipnótica en las que el espectador se subsume. El tiempo pasa y se detiene a la vez. Cuatro integrantes del evento se separan para tomar el sol en una colina, y son abordados por Luis, sin éxito. En el culmen del rito, o quizá ya en su decadencia, irrumpe el ejército para desalojar el lugar, una guerra se avecina. La evasión romántica interrumpida. Todos acatan menos los cuatro de antes, que salen de la caravana en busca de la siguiente fiesta. A ellos se les acoplan Luis y su hijo, y comienza una persecución a lo desconocido en la que la cadencia de los desplazamientos, las luchas entre los neumáticos y la arena, el rugido de los motores, la omnipresencia de la música electrónica, las desgarbadas y mutiladas apariencias físicas, la escasez de agua, son de estirpe madmaxiana. Sin el glamour postpunk y con una construcción gélida de personajes, que no se esfuerzan nada por explicar su particular concepto de ciudadanía. Levemente inquietos por las noticias del exterior, apagan la radio y punto.

Este grupo improbable de fugitivos experimenta un esperable acercamiento tentativo toda vez que van al mismo sitio. El niño Esteban haciendo labor de zapa para agujerear los muros de ambos lados. un angustioso periplo por las cordilleras del Atlas y el previo de Los Monegros (Oliver lo cuenta muy bien) y....la bofetada más nítida que se recuerda en el último cine español. Excesivo o no, innecesario o pertinente, lo es desde luego para que Luis emprenda su propio trayecto por ese puente que une el paraíso y el infierno. Sumando otra capa a la trama de contrastes, los mismos ojos que eran incapaz de dejar de mirar en la primera hora de metraje se apartan con cada paso de los desnortados fiesteros. Transición modélica de lo costumbrista hacia lo onírico.  Qué es real, desde cuándo puede no serlo. A Boyero le ha gustado. En pantalla grande. 


miércoles, 4 de junio de 2025

UNA NOVELA PARA LA FERIA:La península de las siete casas vacías, de David Uclés.

 

 


Quien acuda en fin de semana a la recién inaugurada edición de la Feria del Libro de Madrid y no coincida con David Uclés es que se ha equivocado y ha ido en martes. La sorpresa literaria del año 2024, compitiendo en resonancia y extensión con Los escorpiones de Sara Barquinero, es la novela que al aún joven autor de 33 años se le apareció a los 19 y que tardó 15 en cristalizar. La intrahistoria (también somos hinchas de Unamuno) de esta por medios y autor nombrada “novela total” es tan pedregosa y maratoniana como la obra en sí. La trayectoria vital de David desde sus conciertos callejeros en París y Santiago de Compostela y del tibio Odisto en su odiseico periplo de vuelta a casa son parejas. Si el atribulado padre de familia numerosa menguante consigue retornar a su pueblo gracias a la generosidad de muy diversos seres por mar y tierra, el autor de sus días fue dando forma a su idea junto con su multidisciplinar trayectoria artística y aprovechó bien sendas becas de creación para ir más allá de la consabida documentación y confeccionar su sensorial propuesta. 

 Siendo rigurosos, es de justicia reconocer que esta ambiciosa empresa literaria es un puente robusto entre el best-seller orgánico y la narrativa con pretensiones.No se esconde,no inventa nada pero todo en sus páginas tiene una pátina de novedad, de propuesta estilística semienterrada en el siglo pasado, que cala en un público de ese segmento de edad que ya empezó a sufrir el desdén escolar por los clásicos.   Respecto a la cuestión del realismo mágico, causa cierta estupefacción el hecho de haber dejado la lectura de Cien años de soledad en la página 30 "para no contaminarse", una vez decidió que quería hacer eso mismo pero con la historia contemporánea española. Según esas mismas declaraciones, curiosamente a un medio extranjero, nuestro bohemio autor la retomó una vez finiquitada su obra. Nada dice de algún tipo de seguimiento a Isabel Allende, aunque fuera del jaez de cierta miss noventera con el recién fenecido Vargas Llosa. Jándula es Macondo pero es más Mágina, de su paisano Muñoz Molina.  Y Saramago y su balsa de piedra, reimplantada con grapas. Es una suerte de nivola 2.0 con doble tirabuzón y mortal atrás que pone al mismo nivel  (ya se sabe, el de Dios)y casi en las mismas escenas, a don Miguel con el narrador-autor omnipresente e insidioso que ha dado tanto que hablar. Otra resurrección afortunada. Un narrador todopoderoso que no esconde sus impulsos y apetencias, que exprime su inmenso margen de maniobra, que se deleita en recordarnos cada poco quién es el chef ejecutivo de este larguísimo menú degustación, que dinamita la separación canónica en la que insiste todo docente de Literatura. Lo tomas, o lo dejas. 

 Que no es una novela histórica es evidente. De nuevo el autor ha salido a la palestra para reconocer, en un inédito afán de transparencia, que apenas sabía del periodo sobre el que fabula. Una "captatio benevolentiae " de manual, tan exitosa como las de los entrañables clérigos poetas del Medievo.  La minuciosidad puntillista con la que cada suceso histórico se engarza con la correspondiente imagen mágico/onírica eleva y sorprende, pero también agota y distrae. Muy consciente es, por ello, la inclusión al principio de cada capítulo de tenebrosas citas o declaraciones reales que atenúan la hipérbole y el cromatismo en los que vive instalado el relato. En un ejercicio muy logrado de ¿Qué hubiera pasado si...?, abundan los cameos de personajes históricos, algunos simpáticos, otros recurrentes, otros con escasa justificación. Afortunados son los intercambios dialécticos entre el narrador-autor de la novela y el autor/narrador hegemónico de la contienda bélica,ya saben quién. Ojalá Iberia.

David Uclés: La península de las casas vacías. 2024.Siruela. 700 páginas. 

miércoles, 30 de abril de 2025

Cine español de temporada: MUY LEJOS (2025)

 


Título original: Molt Lluny

Año: 2025

País: España

Duración: 100 m

Dirección y guion: Gerard Oms 

Reparto: Mario Casas, David Verdaguer, Ilyas El Ouahdani, Raúl Prieto, Nausicaá Bonin, Jethy Maturin, Hanneke van der Paart

Música: Silvia Pérez Cruz

Fotografía: Edu Canet

 

 Un lunes de abril, una espectadora de edad indeterminada quiere una entrada para "No mucho". La taquillera dice que por ese nombre no le viene nada, y la espectadora responde que es la de Mario Casas. El recurso al  portadismo propio de los que piden un ejemplar del premio Planeta así, en general, en la sección de libros de El Corte Inglés, que debe entenderse como todo un honor para un intérprete al que hay que reconocer el éxito en su reconversión de galán juvenil (entregando el testigo a su hermano Óscar) a actor de prestigio. Mejoría en la vocalización y premio Goya mediante, el bueno de Mario se está llevando los papeles masculinos más jugosos desde hace tiempo. Esta temporada nos ha entregado a su discordante N en la sardónica y muy política Escape (2024), de Rodrigo Cortés, y a este sosias del primerizo director Gerard Oms, que no tuvo que esforzarse mucho para conseguir a su protagonista dado su labor como coach de actores, Mario entre ellos. 

La premisa, al igual que en Escape,  es de lo más original. Casi inverosímil de no ser porque parte de la propia vivencia del director. En los primeros años dos mil, un joven hincha del Espanyol asiste en Utrech al partido entre el equipo local y el suyo. Ataviado con chándal y anorak reglamentario, sufre el empate junto con su hermano y su padre. Pero su actitud doliente no es achacable solo al tibio resultado, y, en un impulso, tira su documentación a una papelera y pasa por el paripé de fingir pérdida por despiste en el aeropuerto, y ha de quedarse en la ciudad ante la inquietud de familia y amigos.

Así, sin motivo aparente, asistimos a la construcción de una vida nueva desde cero. La lengua, las lenguas, será fundamental desde que, aún balbuceante la decisión tomada, escucha hablar español a los operarios de una mudanza.  Como recuerdo permanente de las raíces, es curioso símbolo el perenne atuendo deportivo con el que el recién llegado pasa los meses.

Del cine social europeo se destila en demasiadas ocasiones un mensaje demasiado evidente. Aquí Oms juega con su peripecia equilibrando el realismo de la adaptación al medio con suaves dosis de positividad siempre sustentada en unos secundarios potentes, en una red social que se va tejiendo casi inevitablemente, por el mero hecho de estar. El bofetón de realidad del pertinente y futbolero “yo soy español, español, español” diluido por completo en un entorno en el que el único rasgo identitario es ser del sur, y el idioma compartido, aunque no sea el materno.

En cualquier caso, la raíz del conflicto de Sergio es otra. La huida de uno mismo no suele funcionar, y, en este caso, la incapacidad por reconocerse pone en peligro los lazos frágiles que le mantienen lúcido. Aquí destacan cuatro básicos, con un rol distintivo para cada uno. La mujer extranjera que le da cobijo y que termina siendo, algo tópicamente, una suerte de madre. El barcelonés mustio interpretado por David Verdaguer en un registro no muy lejano al de Saben aquell (David Trueba,2023); el marroquí que le proporciona dos trabajos, no uno, y es derrotado por las falsas expectativas. El hosco holandés  que con sus privados deleites puerta con puerta será, sin él saberlo el inicio de ese proceso de reconocimiento y asunción del ser uno mismo. En curiosa coincidencia con La televisiva Los años nuevos (2024), la catarsis se da por el techno. Caminos más inescrutables nos da la Providencia.

La luz cetrina de Utrech no pone fácil el amanecer con ilusión, tampoco.

lunes, 31 de marzo de 2025

Adolescencia es para tanto.


De unos asombrosos  66,3 millones de visualizaciones en dos semanas se deduce que millones de padres y madres de todo el mundo civilizado han descubierto que quizá visten y alimentan a un monstruo en casa. Gracias, Netflix. Ese era quizá el principal propósito de la nueva mejor serie de la década, y, desde luego, es la única manera de justificar el cuarto y último episodio (perdón, plano secuencia). 

De la puesta en escena y del foco elegido por el muy preciso guion de Stephen Graham y Jack Thorne se deduce también que ningún profesional docente fue consultado acerca del estado de la cuestión. Aunque  en caso contrario, quizá el viscoso protagonismo del centro educativo  del capítulo 2 habría mostrado aún más tintes de pesadilla. Así las cosas, mientras esos millones de progenitores acarrean ahora insidiosas sensaciones de inquietud y desconfianza, otros tantos profesionales de la adolescencia que hasta ahora han sido profetas en el desierto, aguantan la tentación del "ya os lo dije".  Mientras que otros tantos usuarios de redes se afanan en la disección de cada detalle esencial que ha pasado desapercibido para todos menos para ellos, añorando los tiempos en los que hasta los diarios deportivos glosaban la masacre semanal de Juego de Tronos. 

Cabe preguntarse entonces si las cuatro horas necesarias para el visionado de Adolescencia son un gasto o una inversión, sea estética o ética. 

El audiovisual británico hace mucho que ofrece visiones amargas de la vida entre los trece y los dieciocho años. La misma Thirteen, de Larry Clark, Fish Tank, Little Britain en televisión, conforman un combo de audacia formal y sufrimiento existencial anterior al advenimiento de ese llamado Internet 3.0, el de las interacciones, las barbaridades lapidarias y la derrota de la lógica. Pero todo puede empeorar, y la validación virtual obligatoria para sentirse entre iguales se nos ha ido ya de las manos.  La monetización de contenidos, mayor cuanto más escandalosos, lleva a algunos homínidos a grabar y grabarse en actitudes incompatibles con los derechos humanos.  En Inglaterra y en Santander. Entre los aciertos de la producción que nos ocupa, la constatación de otro sentir general docente, e incomprendido en general : la peor edad son los trece, y el peor curso, tercero de eso o equivalente. El debutante Owen Cooper, de esa edad, ha agotado los sinónimos de excelencia interpretativa. De él se ha filtrado incluso el casting. El ya celebérrimo capítulo tres da miedo, mucho, a la vez que es una muestra perfecta de cómo equilibrar cambios de tono y de cómo obtener del espectador la reacción deseada. Los famosos planos secuencia que ha propiciado cierto interés por el lenguaje audiovisual por parte del pueblo llano impactan porque nos agarran del pescuezo y nos obligan a salir y entrar de casas y comisarías, a subir y bajar escaleras de colegios, a atravesar puertas de seguridad, a marcar códigos y a permanecer sentados en una sala de entrevistas esperando el estallido de ira definitivo. La entrevista de Jamie con la psicóloga de rictus imperturbable y con la procesión carcomiéndola por dentro, está salpicada de recordatorios de que este agresor es un niño. "El ¿Te caigo bien"?,  la dulce petición de otro chocolate caliente tras haber arrojado al suelo el anterior, el empecinarse en el "yo no hice nada". Ya en el inicio, más allá de la precisión documental del asalto al hogar y el proceso de detención, es interesante la elección de adulto responsable que hace el chico, reflejo de su búsqueda de referentes masculinos, contrapuesta a la figura de la madre, en proceso de negación y encargada de recordarles y recordarnos que solo es un niño. 

Tan fundamentales en la construcción del relato como los planos secuencia son las elipsis. Cada capítulo retoma desde un determinado y creciente tiempo posterior (un día, unas semanas, unos meses, unos años). El espectador acostumbrado a que se lo cuenten todo, tiene aquí la oportunidad de rellenar los huecos con mayor o menor carga dramática, dependiendo de su estado de confirmación o de incredulidad. Inevitable recomendar la estupenda Mass (2021)para entender mejor la transición al último capítulo.

Y tan fundamentales también son algunos personajes que aparecen brevemente para subrayar la existencia latente de esa bomba ideológica, ajena hasta ese momento a la apaciblemente estresada vida adulto. Ha de estremecer la risotada insensible del compañero de clase al enterarse de la culpabilidad de Jamie. Igual que el acoso sordo al que someten al hijo del inspector, personaje ridiculizado por su ignorancia supina respecto a lo que pasa en su entorno y en su propia casa. Igual que el emocionado apoyo del dependiente de la ferretería. Igual que las menciones a la imperfección de la víctima en cuanto a víctima, en Inglaterra y en Barcelona. 

El choque entre un cerebro aún no completamente formado y el bombardeo ideológico que ataca a través del móvil podría ser uno de los temas transversales de esta historia que, a pesar de su crudeza, es indecisa respecto a lo que quiere contar. Pero le ha gustado a Boyero, y eso es digno de placa honorífica.


domingo, 16 de marzo de 2025

A REAL PAIN

 


Un leve aleteo de esos que aún quedan como chispa de lucidez en esa red social de la que usted me habla alertaba de una extraordinaria circunstancia: los verdaderos protagonistas de dos de las películas oscarizables en 2025 iban a ganar sendas estatuillas al mejor actor/actriz de reparto. Y así se cumplió. Zoe Saldaña, núcleo irradiador de Emilia Pérez, y Kieran Culkin, razón de ser de A Real Pain, segundo largometraje de Jessie Eisenberg, recordado sosias de Mark Zuckerberg en La red social de David Fincher.

Esta ha sido una temporada cinematográfica en la que ha primado (extrañamente) el afán de trascendencia. El ya épico primer plano de The Brutalist y el cóctel al límite de lo digerible de Emilia Pérez satisficieron las ansias de estética de los paladares finos. En una posición intermedia entre el fondo y la forma podríamos ubicar a la desdichada Anora y a sus tres secuestradores rusos que no llegan a ponerle una mano encima, y el lujoso envoltorio que guardaba las intrigas vaticanas de Cónclave.

Y, fuera de competición, A Real Pain, que apuesta por la narración lineal de una trama sencilla y balsámica pero con aristas y capas de las que se va despojando según avanza el viaje geográfico y vital de esos dos primos judíos en busca de sus raíces en Polonia. Se agradece verdaderamente. 

Tal y como ha hecho notar la temporada de premios, el Benji de Kieran Culkin es la columna vertebral de esta reflexión sobre la pertenencia, una radiografía del duelo y un manual acerca del noble arte de la máscara. Alrededor de este treinteañero melancólico pero socarrón revolotea una serie de secundarios dibujados con los trazos precisos para que sus interacciones con Benji perfeccionen su retrato. El director y guionista muestra una generosidad notable al reservarse el papel de David, el primo algo nerd que organiza el viaje y pergeña la coartada del homenaje a su recién fallecida abuela. Dos personalidades opuestas y complementarias, como mandan los cánones. 

El peligro de la lágrima acechante se conjura cada cierto tiempo. La locuacidad y la extroversión de Benji como obvios mecanismos de defensa, y sus diferencias con el paciente guía (Will Sharpe), proporcionan sinceros momentos de comicidad durante el Holocaust Tour, y eso es difícil de hacer. El resto del grupo, inteligentemente heterogéneo y con la exquisita educación que se le supone a ese perfil de viajeros, acoge a los primos y construye una pequeña familia a lo largo de esa semana. Al ritmo frenético de Chopin, y con la cantidad de equipaje justo para correr de un monumento a otro, o salir del tren en la estación equivocada y que los demás puedan acarrearlo a meta, la escasa hora y media de metraje (otra vez, gracias) desemboca en un tramo final de palpitante derrumbe. A la altura misma de la ya célebre secuencia final de Anora. 

Título original:A Real Pain

2024. 82m EEUU

Dirección y guion: Jesse Eisenberg

Reparto: Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Jennifer Grey, Kurt Egyawan.

Fotografía: Michal Dymek